Zacatecas ¿un lugar yermo donde no crece la justicia para las mujeres?

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Norma Galarza

 

Con todos los reflectores puestos en el Coronavirus, en los últimos meses la violencia contra las mujeres se había minimizado, sin embargo, tras el telón mediático del covid-19, sigue operando con vergonzosa impunidad.

El asesinato de Elida y la violación de una niña de 14 años nos han  vuelto a golpes a la  realidad. México sigue siendo un lugar peligroso para las mujeres que lo habitamos.

Lo que es peor en ese contexto, es que nuestro país, es evidentemente genuflexible a una cultura misógina que provoca que sus ciudadanos resignados, acepten todos los tipos de violencia contra las mujeres, niñas y niños como si fuese una maldición imposible de exorcizar.

En el caso de la menor ultrajada,  me parece repugnante la frivolidad con la que la Fiscalía General del Estado de Zacatecas (FGEZ)  presuntamente manipuló pruebas a favor de un violador de 16 años captado en flagrancia en aras facilitarle el camino para que burle la justicia.

Empero, es entendible que al ser menor, la ley marca trato especial a la hora de fincarle responsabilidades, aún así, es impensable que por eso no sea acreedor a sanción alguna.

Y es que, la abulia, la apatía, la parcialidad con la que operan las instituciones de justicia nos hacen pensar en que la figura institucional del Estado adoptó la masculinidad mal entendida como doctrina.  Parece que las autoridades normalizaron  la idea de que cualquier  hombre puede hacer uso del cuerpo de la mujer como le plazca, como si fuese una extensión del propio.

Con esa actitud de indolencia hacia la víctima, una niña de 14 años, la Fiscalía que encabeza Francisco Murillo Ruiseco, cava la tumba de las esperanzas de miles de niñas y mujeres que aspiran lograr que Zacatecas garantice un entorno más seguro para ellas.

 Entorpecer la ley como lo denunció en conferencia la activista Mara Muñoz, con el objetivo de beneficiar a una de las partes, es la práctica más ominosa en una entidad en la que de acuerdo a datos del Banevim, en 2019 once mujeres perdieron la vida a manos de hombres con los que tenían algún vínculo sentimental o familiar.

Y la mata sigue dando sangre al amparo de una autoridad que minimiza la violencia intrafamiliar y justifica la violación como en el caso ocurrido el mes de abril en el que la autoridad estatal pese a haber detenido al imputado en el lugar de llevar conforme a la ley los procesos,  mancha a propósito las investigaciones como lo señalan colectivas feministas.

 Pero no sólo la autoridad es el único ente que alimenta al monstruo de  la impunidad cuando de delitos contra mujeres se trata, la misma sociedad los justifica.

En ese sentido, me resulta totalmente inconcebible que en redes sociales, masas opinantes culpen a la víctima porque se subió por voluntad al vehículo de su agresor.

Resulta vomitivo el hecho de que se diga que la joven se buscó su desgracia como si los machos de la especie humana fuesen seres irracionales que sólo responden a sus bajos instintos.

¿O acaso los hombres son simples entelequias no pensantes incapaces que usar el sentido común?

¿Son vulgares animales bípedos? Para pensarse.  Sería lamentable que a pesar que la evolución humana  tardó millones de años, al final resulte que al masculino del homo sapiens, lo mueve la libido y la furia lo obnubila  cuando sienten que su presa, una mujer, desea romper los vínculos.

 Esa es otra arista de la cultura de pensar al  cuerpo femenino como objeto. El asesinato de Elida ocurrido el pasado 25 de agosto, da cuenta de que en la colectividad machista  pervive la idea de que las relaciones sentimentales llevan implícito un acuerdo de apropiación.

Elida, una mujer de Pinos, Zacatecas, ya no quería seguir en la dinámica de una relación violenta y tóxica y aspirar una leve bocanada de libertad le costó la vida.

El energúmeno que a fuerza de puñaladas le apagó la existencia está preso, pero mujeres que integran colectivos como Nantzin temen que por el contexto de indiferencia en el que se mueven quienes llevan los casos de feminicidio en la FGEZ, también sea liberado.

 Y tal vez tengan justificada razón para sospechar ese escenario como dice el dicho, la mula no era arisca la hicieron. Y la hicieron  a fuerza de normalizar el valemadrismo de  autoridad competente cuando de cualquier tipo de violencia contra las mujeres se trata. ¡Ya basta! ¿No?