¿Y ahora son de Morena?

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Norma Galarza

Si algo podemos aplaudirle al monrealismo es, que logró a través de los años que lleva de trayectoria al amparo de transacciones en el mercado de los favores, formar alrededor suyo una especie de cadena mística en el que su máximo Tlatoani, Ricardo Monreal, es venerado bajo una aureola de milagros imaginarios.

El ex gobernador logró construir para sí mismo y para su numeroso clan, una horda de alfiles incondicionales que le prodigan reverencia y una defensa apasionada con la particularidad intrínseca de los entendidos  de acuerdos con beneficios bilaterales.

Sin embargo más allá de la relación de trueque, es difícil encontrar entre los seguidores  del monrealismo argumentaciones en pro de la marca  basadas en atributos apegados a la congruencia de sus líderes o a una carrera política en la que no hicieron nido taras como el enriquecimiento incomprensible, el nepotismo y demás cánceres de la vida política nacional.

Con ese antecedente, la familia fresnillense logró colarse a nivel nacional  y local como parte toral del Movimiento de Regeneración Nacional.

La llegada de los herederos de ese apellido a Morena en Zacatecas posee, además,  la  peculiaridad pretenciosa de que opera exhibiendo sin sonrojo, pulsiones como la exacerbada lascivia por el poder.

Se engañan quienes atribuyen congruencia con los postulados de ese neo partido que aspira ser movimiento (viceversa, pero en este país, es más fácil llegar a ser partido que consolidar un movimiento transexenal),  a varios personajes que ahora lo integran y de quienes poco se duda la ambición desmedida que lo lacera y lo divide actualmente.

Se engañan y quieren engañar a los pocos militantes congruentes que ha logrado conservar la llamada “Esperanza de México”, cuando pretenden atribuirle al monrealismo amor por Morena.

La familia se ha distinguido por brindar su apoyo temporal al instituto político que responda a sus intereses y aspiraciones de poder ¿O acaso ya olvidaron cuando los oriundos de Puebla del Palmar,  encabezaron campaña tras bambalinas contra el registro de Morena en 2015?

En aquel entonces, David Monreal quien ahora quiere ser candidato a la gubernatura de Zacatecas con el arropo del emblema guinda que todavía dirige a nivel nacional Yeidckol Polevsky, buscaba ser candidato de una alianza entre PT, PRD, en la que hasta el PAN entraría a la fiesta.

Además en ese mismo 2015, Saúl Monreal encabezó la candidatura de la alianza PT-PRD, por la diputación federal del distrito 1,  en lugar de apoyar a Mirna Maldonado, quien compitió bajo las siglas de  Morena por ese mismo puesto. En ese tiempo,  la tendencia veletera del monrealismo de apoyar políticamente de acuerdo a la conveniencia,   se registró en varios municipios del Estado.

La lealtad a la bandera que ahora ondean varios de forma demagógica se debe a que ahora ostentan el poder y empezó apenas con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador el año pasado.

Ante ese panorama, sobradas razones tienen quienes defienden los postulados del Presidente al rebelarse contra el embate monrealista en varios puestos ganados en Zacatecas el pasado proceso electoral.

De ahí, que pugnas como la que encabezan regidores y la síndica Calderón Babún en la capital no tengan otro destino que el despeñadero.

El conjunto de esas actitudes demuestra lo endeble que en realidad se percibe la marca a sí misma. Omitió, en los más de 20 años que tiene afianzada del erario y brincando de un partido a otro, trabajar con las bases  más allá de prometerles dádivas, el discurso de: “Ricardo fue un buen gobernador”, comienza a volverse obsoleto. Su error consiste en  ignorar que a  los ciudadanos también se les puede convencer a través de la congruencia.

Con ese antecedente, tanto David Monreal como Catalina Monreal labran el terreno social para llegar a la gubernatura de Zacatecas, con los mismos instrumentos que usó en sus mejores tiempos el priismo recalcitrante.

Minimizan el postulado de que las prebendas, la compra de conciencias a través de la dádiva, o el condicionamiento de programas públicos, son los males a vencer en el supuesto retórico del nuevo “Movimiento.” Ésos, son  los vicios impresentables que dicen, se deben combatir  para fundar bajo una dinámica política totalmente renovada,  la Cuarta Transformación ¿O no?