Vientos de cambio en América Latina

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Pilar Pino Acevedo


En fechas recientes en América Latina se han vivido una serie de protestas antisistemicas, producto de un descontento social producto de los procesos de democratización, reformas estructurales, crecimiento económico de inicios de siglo hasta el 2013. Hoy,, en Colombia, Brasil, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina, una nueva ciudadanía toma las calles y las plazas para hacer valer sus demandas y exigencias de dignidad y respeto a sus derechos. La mayor parte de estas protestas es por las llamadas políticas económicas neoliberales -libre mercado, caracterizado por la reducción del gasto público y menor intervención del estado- que han caracterizado por la desigualdad, marginación y estancamiento económico en esos países.

Recientemente se han presentado elecciones en Argentina, donde gana un candidato nacionalista (el nacionalismo busca recuperar los sectores estratégicos para el Estado), en Chile se han presentado escenarios de reclamo social que ha llevado a desestabilizar la economía y Ecuador perviven  protestas en el mismo sentido. El expresidente nacionalista Lula sale de la cárcel en Brasil y en Bolivia se efectúo un golpe de estado. 

Las causas del descontento no son las mismas, sin embargo tienen en común que son productos del modelo económico neoliberal. Podemos decir que se ha polarizado el continente entre neoliberales (conservadores) y nacionalistas. 

Las condiciones sociales en estos países, tienen en común que implementaron políticas económicas que sacaron a la gente de la pobreza pero no hubo políticas de redistribución de la pobreza. Por ejemplo, Chile es el país de PIB per cápita más alto en Latinoamérica; pero el segundo con mayor desigualdad.

Roberto Soto, docente investigador de la Unidad Académica de Estudios del Desarrollo de la UAZ, señaló al respecto: “América Latina está viviendo una serie de cambio políticos y económicos que han convulsionado la región. Existe un debate entre las posiciones ideológicas de política económica como de economía política”. Es decir, en el actuar del Estado, gasto público y política monetaria, y la vinculación de las relaciones sociales con el modo de producción capitalista.

Lo anterior puede explicarse por el colapso de los precios de las materias primas, la desaceleración de la economía mundial, la inacción contra los monopolios y oligopolios, es decir, por las reformas que si bien sacaron a miles de la pobreza dejaron intactos los privilegios de las élites. Algo que llama la atención es que el descontento no es hacia una ideología en específico, sino contra quienes detentan el poder, sean neoliberales o neopopulistas, aunado al descontento social a nivel mundial, que se vive luego de la crisis financiera y económica de 2008 contra las élites y las oligarquías.

Asimismo, se observa que las democracias latinoamericanas se han volcado, de igual forma, por populismos de izquierda y de derecha; con la esperanza de que se resuelvan problemas el nacionalismo y el neoliberalismo -según sea el caso- no pudieron responder. 

Lo grave es que se acentúa en contextos sociales de desigualdad y corrupción, resultando en una desilusión de la democracia, como el mejor sistema para gobernar.

En este sentido, Roberto Soto precisó que esta situación no es privativa de América Latina, en  Europa el fortalecimiento de la derecha y ultraderecha -el último caso es en España, con el crecimiento de VOX-; en Asia, Rusia y China consolidadas como potencias que rompen la hegemonía de los Estados Unidos, para volverse un mundo multipolar. 

Asimismo, los casos específicos de Corea del Sur, Vietnam y Singapur, mostrando crecimientos económicos sostenidos y a largo plazo (superior al 3% promedio, en los últimos 10 años), acompañado con un nivel de desarrollo equitativo envidiable.  

Para el caso de la región latinoamericana Argentina Brasil, Ecuador, Bolivia, Chile y Uruguay impulsaron políticas nacionalistas y de desarrollo igualitario. Pese a ello, la dependencia económica de las materias prima, la escasa industrialización y corrupción, fueron factores para el fracaso del modelo que adoptaron. Luego, se volcaron a gobiernos conservadores, donde nuevamente se impulsó un proceso de desestatalización de las empresas nacionales e incremento en la dependencia de la inversión extranjera; aunado a menor efectividad de las políticas sociales en Argentina, Brásil, Chile y Ecuador).

Panorama  en México

México se ha salvado de esas protestas porque ganó la izquierda en 2018, es decir, que en la población aún permanece la esperanza de un cambio. La 4T está implementando políticas redistributivas para  aliviar el profundo problema de la pobreza; esperemos que a la postre implemente políticas que atiendan el problema de la desigualdad, como una reforma de la política de recaudación fiscal.

El escenario es un nuevo gobierno, de corte nacionalista, pero sin dar la espalda al apoyo de la inversión extranje y privada nacional, por ejemplo, la firma del programa de infraestructura nacional que se firmará el 26 de noviembre de 2019 y la entrada continua de IED. 

La política económica que impulsa el nuevo gobierno tiene diversas características: apoyo a los sectores que durante décadas han sido olvidados, mediante proyectos productivos (sembrado vida) y jóvenes construyendo el futuro. Estos dos programas buscan crear e impulsar el mercado interno, la economía local; principalmente en la zona sur del país, donde vive el grueso de la población pobre y en pobreza extrema, señaló el especialista. 

Soto Esquivel añadió que otros elementos importantes es el rescate del sector energético, lo cual ha permitido en un primer momento estabilizar los precios de la gasolina, luz y gas, fundamental para la estabilidad de las familias más pobres. En términos macroeconómicos existe estabilidad en tipo de cambio (relación peso-dólar), tasa de interés, inflación (papel de BANXICO), flujos de capital, Bolsa de Valores, es decir, lo que piden los inversionistas y empresarios, el crear certidumbre; aunque es importante reconocer que una variable no ha sido controlada, la violencia, que es el principal desafío que tiene el actual gobierno. 

A la par de lo anterior, un grupo de la oligarquía financiera y empresarial -las élites país- no está conforme con la política realizada por el gobierno en turno, de hecho, sin importar el tipo de medidas que tomen, estarán en contra de todo, sucede en México, sucede en América Latina, y el resto del mundo.

Para el docente investigador no existe un modelo único, la prioridad debe ser consolidar el mercado interno, generar empleos dignos bien remunerados, impulsar paulatinamente el uso de energías renovables y fortalecer a la industria nacional. Lo que resultará en un incremento del Producto Interno Bruto (PIB), es decir, en un verdadero desarrollo sustentable que irá acompañado de una distribución de la riqueza, así como el combate a la corrupción.

Este último debe ser un referente para el resto de países de América Latina. En este sentido, México tiene una oportunidad  de aprender de los errores de los gobiernos nacionalistas que primarizaron sus economías (centraron sus ingresos y por tanto el gasto público en la producción de materias primas) e implementar políticas fiscales sustantivas para encarar el problema de la concentración de la riqueza.

Según datos de la CEPAL el índice de Gini, un a medida económica que sirve para calcular la desigualdad de ingresos que existe entre los ciudadanos de un territorio, coloca a México como el país más desigual de la región, siguiéndole Chile.

Aunado a lo anterior, para evitar seguir indicaciones de organismos internacionales que obedecen a intereses de las grandes corporaciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), la Organización de Estados Americanos (OEA). Pascual García Macías en su libro Migración y desarrollo; Reproducción ampliada y complejidad mencionó que el neoliberalismo institucional es el lugar donde mediante organizaciones internacionales los poderes económicos dictan la hoja de ruta para los países desarrollados y la consecución de esas metas, por lo cual los límites de acción siempre están acotados por el sistema.