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Santa Clara del Cobre, un ejemplo de unión social

Por Norma Galarza

 

En el Estado de Michoacán, existe una localidad que pertenece al municipio de Salvador Escalante, llamado Santa Clara del Cobre. Un pueblo con menos de 50 mil  habitantes en su mayoría de la etnia purhépecha, del que el resto de los mexicanos tenemos mucho que aprender ¿Por qué?

Ese pequeño poblado dio una muestra de cohesión social, que por desgracia pasó desapercibida, porque sólo los que viven cerca de esa región dedicada al turismo, y a la explotación y transformación de cobre, pueden contar.

Resulta,  que cuando estalló la llamada guerra contra el narcotráfico impulsada,  como todos sabemos,  por  Felipe Calderón (michoacano por cierto), que significó el reacomodo territorial de los grupos delincuenciales, los habitantes de ese poblado armados de palos, y herramientas de labranza bloquearon la carretera en señal de que, sin importar que la vida les fuera en ello, no dejarían instalarse entre ellos a ninguno de los pertenecientes al crimen organizado. Sin temor a que aquello resultara una masacre los vecinos se unieron a pesar de que los invasores siempre estuvieron fuertemente armados.

Así, los habitantes de ese poblado nos dieron una lección muy valiosa pero que, como sociedad nos resistimos a entender: No hay nada más fuerte que una sociedad unida, una sociedad que sea capaz de solidarizarse cuando uno de sus vecinos esta en problemas, que no sea permisiva, que entienda que la organización social, puede vencer cualquier obstáculo.

Pero, sin duda, carecemos lastimosamente de unión social y no sólo en temas que involucran la seguridad de todos, en la mayoría de los problemas que ahora enfrentamos. Y sin ir más lejos ¿Qué pasó en nuestro Estado en cuestiones de seguridad?

Zacatecas dejó de ser ese paraíso pacifico en el que podíamos salir a cualquier hora, porque nosotros dejamos infiltrarse al crimen, nosotros les dimos permiso, sin duda nuestra dispersión ha sido el caldo de cultivo para las taras sociales de las que somos víctimas. La corrupción con la que operan nuestros gobiernos, vive al amparo de nuestro apático cobijo, la injusticia es un cuento común y sin embargo, no movemos un dedo.

La necesidad de unidad, es una lección que no hemos entendido, seguimos siendo esa división de reinos que encontró Hernán Cortés al llegar a estas tierras, siempre en pugna, siempre pisándonos unos a otros para llegar a la cima, una cima a la que nunca llegaremos solos.

Hoy, el futuro de los mexicanos no se ve muy positivo, el gobierno tiene urgencia de entregar la riqueza de nuestro país a los grandes capitales, “modernizar” sin importar sobre qué población haya que pasar.

Ese ejemplo de cohesión social, me recordó a lo que está pasando en el Estado de México, donde una filial de la empresa Higa, despoja de sus casas y sus lugares sagrados a los otomíes, ayudados por el Estado. ¿Para eso pagamos impuestos?

Los otomíes están solos, como todas las demás etnias, como la gente que carece de recursos para pagar quien los defienda. Sin cohesión social, callamos ante la injusticia, todo está bien mientras no se toquen nuestros intereses, pero ¿somos inmunes? No.  Santa Clara del Cobre, debe ser muestro punto de referencia de que unidos, construimos muros, entre los que ciertos males que nos aquejan, difícilmente podrían pasar. ¿Algún día abriremos los ojos?