Tres autores con quienes hablar de la muerte

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Citlaly Aguilar Sánchez

En la cultura mexicana, hablar de la muerte, de los muertos y demás tópicos relacionados siempre ha sido parte fundamental; y en la actualidad, cuando como sociedad atravesamos por una época funesta, en la que las muertes de miles de personas a diario son el pan de cada día, tocar ese tema se torna en algo sensible.

No obstante, el arte siempre ha tenido sus propios métodos y lenguajes para exponer aquello que es parte de la condición humana. La acción de morir, y sus consecuencias, siempre está ligada a otros procesos, de los cuales la literatura se ha encargado de explorar todas las orillas posibles.

En México, hay tres escritores que particularmente manejan este tema de manera magistral y que vale revisar siempre, pero con pretexto de estas fechas en que recordamos a nuestros fieles difuntos se hacen especialmente recomendables:

Pedro Páramo

Juan Rulfo solamente escribió esta novela y una colección de cuentos, pero no necesitó más; con esta obra se consolidó como el gran escritor de la literatura mexicana. En Pedro Páramo encontramos una comunidad fantasmagórica, como las hay tantas en nuestro país, en la que conviven, valga la redundancia, vivos y muertos, porque los límites entre una y otra dimensión nunca están claros.

Para muchos, esta novela es la obra cumbre de toda la literatura en México, y probablemente lo sea en tanto reúne en sus confines los grandes temas universales: el amor, la muerte y la soledad. En ese sentido, es un libro en el que nos encontramos con temas que nos causan temor y angustia. Al terminar la última página es imposible no sentir que algo muy adentro de nosotros ha sido derrumbado.

La noche

Francisco Peláez nació en España, sin embargo, se nacionalizó desde muy pequeño como mexicano. Mucho tiempo se dedicó al fútbol, fue portero del Club Asturias, pero cuando decidió dedicarse de lleno a la escritura, se rapó y cambió su nombre a Francisco Tario.

Se dice que, Octavio Paz y Elena Garro lo conocieron muy de cerca, puesto que eran vecinos, y refirieron en varias ocasiones que, por las noches, en la casa de los Tario se escuchaban sonidos extraños, como de ultratumba; luego se reirían al saber que los ruidos se debían a que este hombre hacía obras de teatro con sus hijos.

Tario tiene pocos libros y todos son de cuentos de literatura fantástica, que, según Tzvetan Todorov, es en la que se expone una realidad fracturada por una circunstancia ominosa. El compendio La noche es uno de los más extraordinarios, pues en este encontramos a diversos personajes, como un traje o un féretro, cobrar vida y llevar a cabo una serie de aventuras dignas de una película de Tim Burton.

El huésped

Amparo Dávila, mujer zacatecana, es una fabulosa narradora, lo cual lo atestiguan sus cuentos, particularmente los incluidos en El huésped y otros relatos siniestros, que, como se indica desde el título, llevan al lector por senderos de los que difícilmente podrá salir sin quedar trastocado.

El relato que da nombre al libro, “El huésped”, es uno de sus más emblemáticos; en este, un extraño ser, o ente, amenaza a la narradora de una manera tan abrumadora, que nos hace suponer que no solamente se trata de un monstruo indescriptible, sino de algo más: el machismo, quizá.

La muerte, como uno de los temas que más terror causan en cualquier persona, siempre será difícil de tratar o de enfrentar, y estos escritores nos demuestran que, al ser también un tema inasible, se tiene que experimentar por medio del amor, de la risa o del miedo. Cualesquiera que sea el caso, uno nunca sale ileso de un libro, pero sí con otras perspectivas para afrontar una realidad que cada vez es más terrible.