Terminó el segundo periodo ordinario de sesiones de la LXIV Legislatura ¿Y?

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Norma Galarza

Sociedades apáticas son cómplices de políticos que suelen hacer gala de su incompetencia, abulia e incapacidad.

El caos que impera en la LXIV legislatura no tiene referente en la historia reciente de ese poder. A eso abona la dejadez de los partidos políticos reacios a pedir cuentas del desempeño de las personas que los representan en el legislativo.

Ayer, los 30 integrantes de la LXIV clausuraron su segundo periodo ordinario de sesiones.

Nada novedoso respecto al primero, en el que dominaron las discusiones subterráneas de grupos de poder, que hasta hoy no han entendido el privilegio de ser el rostro de la LXIV legislatura.

Antes, se han empeñado en convertir la tribuna pública en el escenario del más vergonzante show cómico del que se tenga memoria.

Cierto, no se le pueden pedir peras a consagrados olmos de la frivolidad y el desinterés por los problemas públicos.

Ni a Shakespeare, se le hubiera ocurrido la tragedia de convertir al Poder Legislativo en campo de batalla de una lucha rupestre por intereses económicos y políticos del más vulgar calado.

 Esclavos de las más bajas pasiones y las más primitivas ambiciones de su titiritera,  los que representan al bloque oficial, han convertido al Poder en botín que debe despedirse de su aspiración histórica de autonomía.

 La LXIV, cuyos protagonistas se aferran a una deleznable posición de servilismo, está próxima a cumplir su primer año de funciones, sin funcionar.  Hoy como nunca, gracias a sus actuales ocupantes, el Congreso del Estado,  difumina la vocación consagrada en nuestra carta magna de  ser contrapeso del Ejecutivo.

Si  bien desde la instalación de la actual legislatura, sobresalían nombres de los que se esperaba un trabajo al menos decente, al pasar de los meses, han demostrado que lo que los mueve son intereses políticos y económicos individualistas.  

Del bloque oficial, Ernesto González Romo, Violeta Cerrillo y Armando Delgadillo,  se desgañitaron en tribuna con proclamas moralinas, que muy rápido se revelaron por su falsedad.  Desde que llegaron al legislativo, se han encargado, como si en ello les fuera la vida, de ocuparse de intrascendencias equiparables a la inmortalidad del cangrejo como distractor para evitar el más nimio roce al cuestionable desempeño de David Monreal o cualquiera de los integrantes del gabinete.

En la obstrucción de llamados a comparecer a funcionarios del Gobierno estatal, que le han quedado a deber a los zacatecanos, se les ha ido casi su primer año.

El encargo de censurar cualquier  intento de atención por más objetivo que sea,  es enfermizo y contribuye a la hemiplejía de legislativo.

Por otra parte, Enrique Laviada Cirerol, desde su fuga de Morena, ha intentado llevar el más notable papel antagónico en la LXIV legislatura. Su cruzada, claro está, es únicamente contra el avasallamiento de Carmen Díaz, ya que no niega que la cruz de su parroquia tiene una enorme M, de Monreal.  El periodista recién estrenado legislador local, también nada en la superficie, al colocarse como el más visible cuestionador de Davidismo-Veroniquismo,  ya que su intención es evitar daños profundos al monrealismo, al sirve.

Peor papel han realizado los actores de la oposición como  José Guadalupe Correa, Karla Dejanira Valdés y el actualmente gris, perredista  Juan Mendoza Maldonado que son la prueba clara de que la reelección en los puestos públicos acentúa vicios.

Quienes suman en septiembre 4 años de cobrar y llevarse mañosamente recursos públicos por otros conceptos en el puesto, como se exhibió en la “Estafa Legislativa”, han demostrado que los billetes mueven sus conciencias.  Prestos a “acordar” y callar en aras de beneficios particulares, también se encuentran ex luchadores sociales como José Luis Figueroa Rangel, quien ya había ocupado una curul anteriormente, pero esa experiencia le sirvió para olvidarse de la retórica de trabajar por el pueblo de Zacatecas.

De quien poco se esperaba pero al  menos logró consenso para la aprobación de la iniciativa de ley que avala en el estado, los matrimonios igualitarios, es de la cuota de Geovanna Bañuelos en el legislativo local, Xerardo Ramírez.

Hay quienes tuvieron entrada de caballo bueno como Gabriela Basurto y María del Refugio Ávalos, pero poco a poco se han dejado absorber por la inercial costumbre de simular para que todo siga igual.

Es predecible que quienes pasarán a la historia como protagonistas de la legislatura que descaró las más bajas prácticas entre poderes, continuarán con puestas en escena que no resolverán nada de fondo,  los próximos dos años. Mientras no se les exija que cumplan, o si no, que llamen a sus suplentes, todo seguirá la misma ruta. Por nuestra parte, los ciudadanos no debemos olvidar que en la presión social se gestan los cambios. Una vía es la democrática. Al votante le corresponderá diezmar a quienes en los puestos le han fallado. Ya veremos.