Sobre la “independencia” de México

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Citlaly Aguilar Sánchez

 

En estas fechas de festejos patrios, necesariamente se evoca la conquista de México y el proceso en el que se implantó en los indígenas no sólo un modelo económico, sino todo un sistema nuevo de creencias y comportamientos, mismos que ha fascinado a teóricos de diversas áreas, como Samuel Ramos, Ezequiel A. Chávez, Emilio Uranga, Roger Bartra y desde luego Octavio Paz, mismos que han tratado de explicar que, debido a esta violenta imposición cultural de los españoles sobre los indios mexicas, los mexicanos padecen diversas características psíquicas y sociales, que han tenido consecuencias de todo tipo en el transcurso de la historia.

En este sentido, se podría decir que, desde la Conquista, México ha sido un país sometido a un sistema imperialista, que no ha logrado una autonomía de tipo ideológica desde el siglo XVI. Por eso, se tendría que hablar de una “independencia” en un sentido parcial. Sin embargo, este proceso se ha ido transformando con el transcurso de los años. Según se puede leer en las cartas de relación de Hernán Cortés a los reyes de España, los españoles no sólo vieron en México un gran acervo de metales y piedras preciosas, sino también recursos naturales, dentro de los cuales se podría contemplar a los indios mismos.

Y es que, a diferencia de, por ejemplo los ingleses conquistadores de Estados Unidos, quienes al llegar a esos territorios americanos asesinaron a la gran mayoría de nativos, formando una nueva nación desde la médula, los españoles tuvieron a bien apiadarse de los mexicas, a quienes prefirieron conservar como esclavos, condición que, por cierto, no ha sido superada. Aunque la historia mexicana tiene heroicos pasajes donde los indígenas se rebelan contra el dominio español, como es el caso de la guerra de Independencia, en realidad la comunidad de nativos prehispánicos siempre regresa a una posición social inferior respecto a la mestiza u otras.

Aunado a esto, la evangelización católica ha jugado un papel fundamental en la idiosincrasia mexicana, pues el catolicismo, en gran medida, ha propiciado la idea de “ganarse la vida honradamente” (que equivaldría a llevar un modo de vida capitalista), la sumisión ante las autoridades, la tolerancia ante los abusos y la redención etérea póstuma, ideas que se utilizaron durante la conquista para alienar a los indios en las creencias occidentales y someterlos ante la Corona Española, es decir, se convenció al nativo mexicano de que existe un ser supremo que todo lo ve y todo lo juzga, y que castiga cuando no se hace lo “correcto”, inculcando en los creyentes la idea de culpa y castigo que es perceptible en la sociedad mexicana en muchas escalas, pero con mayor rigor en aquellos en quienes prima la ignorancia acerca de la historia cristiana y el colonialismo.

Es comprobable que a los indígenas se les impuso no sólo un nuevo sistema religioso y social, sino también económico e incluso en cuanto a la alimentación, el vestido, los hábitos de limpieza y hasta en temas sexuales, pues, según relatan las cartas de algunos frailes franciscanos, observaban que las prácticas de los indios mexicas no soslayaban en cuanto a la sodomía y algunas otras actividades. Además, el lenguaje también fue área de reestructuración en dicho proceso, y hasta la fecha son pocas las oportunidades que se tienen para hablar y recuperar las lenguas prehispánicas. En literatura, son pocos los poemas y textos prehispánicos que se tradujeron al español, no sin antes pasar por un filtro, por ejemplo, las traducciones de Ángel María Garibay son interpretaciones de la cultura indígena desde una óptica occidental, puesto que no hay una comprensión totalitaria del México prehispánico; y hasta la fecha, quien desea entenderlo, se topa con un sinfín de trabas, pues son pocos los especialistas en el tema. Esto desde luego llama la atención, pues en comparación con los estudiosos de las lenguas modernas, y particularmente de las anglosajonas, los idiomas que anteceden a las conquistas aparecen como algo desconocido, o parte ya de lo denominado “mexican curious”. La literatura prehispánica aún es un misterio para los mexicanos, lo mismo que su historia y muchas de las tradiciones.

Así, es evidente que el proceso de imperialismo cultural al que se sometió al pueblo mexica durante la conquista española no ha sido al único, pues es perceptible cómo desde el siglo XX se intensificó la conquista cultural de Estados Unidos sobre México, desde la década de 1950, con el “american dream”, cuando los mexicanos comenzaron a experimentar una fuerte fascinación por el modo de vida estadunidense. Y no sólo eso, sino que en la actualidad el idioma español también sufre de un desplazo a nivel social, pues es cada vez más imprescindible el uso del inglés en las ofertas educativas y laborales, lo cual habla de una fase avanzada de imperialismo estadunidense.

Ante este panorama, ¿se podría proponer una nueva “independencia” o simplemente debemos acatar esta mezcla de circunstancias ad nauseam?