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Por Gabriel Rodríguez 

Si algo debemos agradecer al recién ingresado titular del Poder Ejecutivo en Zacatecas, David Monreal, es su excesiva honestidad, su preclaridad y objetividad para hablar con la verdad.

En mi vida pocas veces he escuchado a un jefe de Estado pedir auxilio con toda sinceridad a sus gobernados e indicarles con toda verdad: No tenemos dinero para llegar a la próxima quincena. 

Pero David lo hizo y, en ese sentido, sin prometer un jardín de rosas a los ciudadanos, procedió, de inmediato a instrumentar acciones para tratar de sacar a Zacatecas del marasmo en que se encuentra, casi casi revivir el estado respiración boca a boca.

A nadie se puede ocultar que vivimos un momento de intensa crisis social, económica y política, capaz de crispar los ánimos de cualquier individuo con un mínimo de comprensión.

Sometidos, en lo inmediato a la mayor crisis de inseguridad, con políticas que provocaron probada ineficacia por doquier, los ciudadanos de la entidad, antaño una de las más tranquilas y pacíficas para vivir, han visto trastocada su experiencia de remanso, en una pesadillla de la que ya quisieran despertar.

Financieramente hablando, lo que se tiene es un estado en desfalco pleno, con más de 22 mil millones de pesos que hacen agua por todos lados; la Universidad, quebrada, las obras públicas refrenadas.

Antaño, podemos imaginar, como en el Himno a la Alegría de Beethoven, habría dinero en suficiencia para que todos los desempleados del estado encontraran trabajo en la construcción de carreteras, caminos, puentes, obras viales, escolares, casas y avenidas, con el fin de reactivar la economía y que en todos los hogares hubiera dinero, comida, sustento. Dicen que el hubiera no existe y el Himno a la Alegría es sólo una canción.

Hoy, presenciamos consternados cómo, en esta virtual vuelta a clases, muchos niños y jóvenes se han contagiado por Covid en lo que va de estos últimos 15 días; tan sólo nuestra Máxima Casa de Estudios reporta 120 contagiados, entre maestros, trabajadores y alumnos, y eso que todavía no hay clases presenciales.

Seguimos siendo enteramente dependientes de los ingresos que nos quiere hacer llegar el Gobierno federal pero sabemos, además que, aquí, el gobierno de Tello, que llegó pidiendo ayuda y se fue lamentando de lo que no hizo, no tuvo el personal, el empeño y la capacidad suficientes para presentar un proyecto de presupuesto de egresos, dirigido a nuestras arcas, que pudiera reponernos de la actual crisis.

Muchos pequeños y medianos negocios cerraron sus puertas, quebraron, despidieron a decenas de trabajadores, con lo que eso significa de ingreso a las filas medias y altas de la delincuencia.

Los productores frijoleros del norte atravesaron hace poco por la invasión de plagas a consecuencia del exceso de lluvias de hace un par de meses. Nadie los oyó.

El turismo dejó de fluir y la cultura se vio supeditada al ámbito de la digitalidad que a nadie le interesa en ese aspecto; las familias han vivido ámbitos de angustia y violencia en sus hogares, sobre todo niños y mujeres.

El gobernador lo sabe y lo sabe bien, pues todos esos hechos violentan el ámbito de las responsabilidades públicas y pasan, en gran medida a ser, por todos esos contenidos, también responsabilidad del Estado y los gobiernos.

El gobernador lo dijo. 

Pero, señor, me parece perfecto no conducir mirando todo el tiempo por el retrovisor. Además, usted pidió la colaboración de todos, lo que no deja de ser correcto. Pero, en estricto sentido, señor gobernador, hay también algo que se llama legalidad, se trata de un botoncito que tiene ahí debajo de algo que se llama auxilio.