Se acabó el tiempo del Fuchi y Guácala en el tema de la seguridad

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Miguel Ángel Vázquez

Tras el lamentable suceso ocurrido en Culiacán y  el penoso caso de la detención y luego liberación de Ovidio Guzmán,  que trascendió con más pena que gloria, para la actual administración, queda claro  que el tema de seguridad sigue siendo  un reto muy grande, no de ahora, sino de hace ya muchos sexenios donde los gobiernos se han visto sumisos y opacados por situaciones como la mencionada.

Lo ocurrido el pasado jueves en México se colocó rápido como escándalo a nivel internacional y  la noticia corría como agua, mientras la oposición cumplía la deleznable labor de hacer leña del árbol caído. En ese aspecto,  son cuestionables  las posturas de panistas, priistas que en su momento muchos de ellos gobernaron sin dar resultados, llevando a México a un cementerio.

. Es cierto que la postura del Presidente se está haciendo efectiva ante el dicho de no querer apagar el fuego con más fuego, como sociedad tenemos que revalorar la dura decisión del por qué se optó por  liberar al hijo de uno de los capos más grandes de la historia de México.

Estamos seguros que fue una decisión muy dura y con un costo político muy elevado, pero ante la sociedad se ve como una postura de carácter humano, anteponiendo principalmente la vida.

Imagínese que los días subsecuentes al hecho, usted leyera en los diarios y que los noticieros dieran la cruenta narrativa de luto en   Culiacán, con más de 500 muertos a causa de la captura del hijo del Chapo.

Bajo esa circunstancia se puede decir que la decisión fue la correcta, pero, lamentablemente en política queda el antecedente.

Lo que bien es cierto, es que el Secretario de Seguridad debe de renunciar por el pésimo operativo instrumentado en contra de uno de los capos más buscados y que el resultado fue, a fin de cuentas la humillación  de las fuerzas armadas y del estado mexicano.

El Presidente Andrés Manuel a estas alturas ya entendió que la herencia y la guerra de Calderón y de Peña Nieto ahora está en sus manos, que no va a cesar y  que ni los fuchilas, ni los guacalas y ni sus mamacitas ayudarán. Ya se acabó para él el tiempo de ver el asunto de la violencia como algo que se combate de forma demagógica. La campaña ya hace más de un año que acabó, ahora le toca con seriedad enfrentar el reto que más dificultades ha ocasionado a las últimas administraciones. Esperemos que esté a la altura.