Resultados diferentes

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Citlaly Aguilar Sánchez

Es una realidad innegable que la violencia social en México no se ha resuelto, y por lo visto, no se resolvería, con más violencia. Si al fuego se le aplica fuego, obviamente el resultado sería un fuego mayor: más grande, más fuerte y más extenso.

Muchos pueden pensar que, dado el terrible ambiente que se respira en nuestro país desde hace años, quienes optamos por propuestas pacifistas solo lo hacemos en un afán de defender al presidente de la República.

No obstante, más allá de lo que Andrés Manuel López Obrador plantee en sus conferencias y demás perorata, algo resulta muy evidente: la estrategia de ir tras aquellos que propician enfrentamientos armados y luchas sangrientas no ha funcionado desde 2006.

Ya lo había dicho Rita Mae Brown : “Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”. Si durante doce años se llevó a cabo esa manera de hacer las cosas y las consecuencias han sido desfavorables, es necesario cambiar la estrategia.

Muchos detractores, y con justificada razón, lo que cuestionan es que no haya una estrategia real para combatir la inseguridad en la que se pervive en este territorio. No obstante, sí la hay, pero no es una que se pueda explicar sobre sí misma en una relación causa-efecto simplista.

Siempre se ha creído, o nos han hecho creer, que las estrategias solo se explican en un plan por pasos y que cada uno está íntimamente ligado a la causa que se persigue. Sin embargo, son más las veces que para llegar a una meta se tienen que cruzar otras fronteras.

En el actual gobierno parece que el proceso que se lleva a cabo para ir disminuyendo la violencia, a primera vista, no tiene mucho que ver con la violencia: becas, trabajo, apoyo a las personas mayores, estabilidad de precios… y demás programas sociales están enfocados en propiciar en la población las condiciones para que, poco a poco, y de manera estructural, dejen de tener la necesidad de enlistarse en grupos delictivos. La Guardia Nacional solo estaría para proteger a la gente, no para ir en busca de delincuentes como erróneamente se intentó hacer hace algunas semanas.

    Y esa es toda la estrategia. 

    ¿Funcionará? Tiene posibilidades de hacerlo, puesto que, como se sabe, el crimen organizado es el caldo de cultivo de todos aquellos olvidados por el sistema, de toda esa gente que no ha tenido la oportunidad de acceder a la universidad o que si lo hizo, no obtuvo los resultados económicos esperados… Y vaya que son muchos los que están en esta condición.

    Ayudar a que la asimetría salarial y el reparto de la riqueza en México sean más justos es una meta real que garantizaría resultados contundentes no solamente en cuanto a la pacificación del país, sino en muchas otras áreas.

    El problema (por así decirlo) con esto es que se llevará tiempo. Quizá más de un sexenio, y la gente, harta (con justa razón) del sangriento contexto en el que nos desenvolvemos, quisiera sentir que ya vive en un ambiente saludable; por eso votaron por la Cutroté, por eso tuvieron esperanza.

    ¿Qué se podría recomendar? ¿Tener paciencia? ¿Abrazos, no balazos? Nadie está obligado a esperar tranquilamente con los brazos cruzados a que el fuego cese, nadie tiene que tolerar vivir en estas condiciones, pero fomentar la violencia apoyando el uso de la fuerza armada solamente incrementará la barbarie.

Por el contrario, me parece que se puede contribuir a acelerar el proceso de pacificación fomentando los valores, la crítica, el diálogo y, desde luego, apurando al Ejecutivo para que los programas sociales se repartan de manera equitativa y sin corrupción. Nuestra manera de acelerar los resultados esperados es no esperando, es actuando con justicia y exigiendo lo mismo de los que están en el poder.