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Citlaly Aguilar Sánchez

Dentro de los sucesos que han cubierto a toda Latinoamérica durante los últimos meses, es difícil entender varias cosas. Se requieren varias nociones de geopolítica y de relaciones exteriores para emitir opiniones objetivas respecto de golpes de Estado, sublevaciones y asilos.

Lo que sí es un hecho es que grandes cosas están sucediendo de este lado del continente, que la Historia está tomando rumbos que no se esperaban, al menos, en este año, o no de estas maneras.

Enrique Dussel ha expuesto en varias de sus conferencias respecto de la descentralización cultural que se requiere en América Latina. Siempre ha sido un crítico de la narrativa histórica en la que se han explicado diversos eventos en estas tierras, puesto que el énfasis ha estado puesto en los símbolos occidentales.

Boaventura Do Santos de igual manera siempre se ha proclamado por la importancia de descolonizar el saber, y ha destacado las epistemologías del sur como puntos centrales de sus tesis.

No obstante, cual si se tratara de un meme académico, estos investigadores no han sido tomados tan en serio porque sus ideas resultan muy chairas en el contexto neoliberal que aún impera en gran parte del mundo.

Pensar en Latinoamérica como un territorio en el que el acento esté sobre las costumbres prehispánicas, resulta una suerte de ocurrencia sin sentido, una forma de volver en el tiempo en el mal sentido, es decir, como si se tratara de una involución.

Las vestiduras autóctonas, las construcciones artesanales, los peinados trenzados y, peor aún, las pieles morenas han sido vistos en nuestra geografía como elementos que remiten a elementos ¿vergonzosos?, ¿tercermundistas?, ¿de poca valía?

Desde luego que todo esto tiene explicación justamente en el proceso de colonización que se desarrolló en estas latitudes algunos siglos atrás y que en la actualidad no se ha logrado combatir porque realmente casi nadie cree requerirlo. 

¿En realidad es importante volver los ojos hacia nuestro pasado y desenterrar todos aquellos milenarios saberes respecto del estar en el mundo? Aunque muchos opinen que no vale la pena, que hay que pensar en el mestizaje presente y asumirlo siempre teniendo en mente el progreso y la modernidad, vale cuestionar si la manera en que nos estamos “desarrollando” realmente es la correcta.

Más allá de la evidente necesidad de repensar una filosofía ética del cuidado ambiental prehispánica, sería importante replantear la idea de nuestros sistemas de relaciones sociales, en los que, aunque intentan emular lo que actual y ambiguamente se entiende por democracia, porque en realidad son más dictatoriales que los utilizados en las antiguas civilizaciones precolombinas.

Estos sistemas en los que para que se llevan a cabo requieren de la aprobación de la élite mundial, de su apoyo y de su confianza, son en realidad sistemas tiránicos, en los que la violencia está siempre al acecho, puesto que para complacer a las élites requieren siempre de medidas que están hechas a medidas de países con economías muy distintas a las latinoamericanas, y por lo tanto atentan contra sus principios. 

Si uno echa un vistazo a los diversos gobiernos en esta parte del continente, de México hacia abajo, los países que mayores logros han obtenido a nivel desarrollo humano han sido los que tienen tendencias progresistas, es decir, de izquierdas, con cierto (no todo) respeto hacia las culturas originales y con una visión que en ciertos momentos llega a ser resistencia ante el neoliberalismo; Uruguay es un gran ejemplo, y Bolivia lo fue hasta hace algunos días.

Lo que se avizora hasta este momento es que mientras los latinoamericanos sigamos entregándonos culturalmente a las visiones occidentales, otras formas de ser y estar serán imposibles y, por tanto, el proceso de colonización cada vez se radicalizará más, hasta acabar con nosotros por completo, tal como lo hicieron los ingleses con los nativos al llegar el territorio de América del Norte.