Reforma Educativa ¿derogarla o mejorarla?

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Por Norma Galarza

Hay un logro indiscutible a 5 años de promulgada la Reforma Educativa de Enrique Peña Nieto: la disolución de la mafia unificada del magisterio nacional, poderoso durante sexenios, para colocar otra: la adicta a los reflectores encabezada por Aurelio Nuño.

 El encarcelamiento de Elba Esther, dejó clara, no la vocación de Torquemada del gobierno peñista sino las ansias de destruir el poder de facto que poseía el magisterio, aliado durante sexenios de los gobiernos en turno.

 La promulgación de la Reforma Educativa- o laboral, en términos reales para de los trabajadores de la educación- inauguró una serie de modificaciones legales en las que las maestras y maestros perdieron derechos deleznables como el patrimonialismo de las plazas de trabajo, pero también otros derechos acumulados y justos resultados de la lucha magisterial durante décadas.

El principal problema de la Reforma Educativa es que la práctica no logró mover un ápice en la manera en que se imparten las clases en la mayoría de los centros escolares del país y esa es la percepción ciudadana.

 Si bien es cierto que la promesa en el spot con el que fuimos bombardeados en los medios de comunicación fue mejorar la educación (de ahí que Aurelio Nuño intentara colonizar a la población con esa idea por medio de la inyección de más de mil millones de pesos en Comunicación Social), el objetivo supuesto estuvo  lejos de cumplirse.

Con el antecedente de que en la práctica, la tinta vertida en la legislación impactó de forma insignificante en las aulas porque la inversión para que las escuelas fueran de tiempo completo, dignificar los espacios, incluir el inglés como idioma adicional en los salones de clase, entre otras, quedó corta.

 Lo aplicado, generó un abismo entre la realidad y la retórica, lo que ocasionó que pese a que en sus últimos estertores, el gobierno priista la defienda como la panacea, la verdad es que no cuenta con el respaldo popular para que siga en pie.

 Las madres y padres de familia de las clases medias y bajas -los principales usuarios de la educación pública-vieron aumentadas sus obligaciones con el nuevo modelo educativo, sin palpar resultados que garantizaran una educación de calidad para sus hijos.

La gente no hizo suya una reforma cuyos resultados solo se veían del lado del televisor o la radio, pero nunca en la cotidianeidad.

 Para los padres de familia la evaluación hizo que quedaran sin trabajo docentes con vocación de servicio y experiencia frente a grupo, porque no lograron pasar un examen, el cual  nunca se adaptó a las diferentes regiones del país, teniendo en cuenta que se le quiso dar un enfoque práctico.

Con esos antecedentes Morena y aliados, buscan derogar lo más pronto posible la Reforma Educativa. Sin embargo tampoco sería positiva una vuelta al pasado de los privilegios de una élite magisterial, hace falta una modificación, derogarla es radicalismo. Alfredo Femat, diputado del PT ya levantó la mano para señalar que su bancada presentará próximamente una iniciativa en ese sentido.

El tema principal del que ha hablado Femat Bañuelos es el de cancelar la evaluación docente, porque, arguye  se lastimaron los derechos de profesores.

Pues por lo pronto, solo nos resta esperar a que se presente la propuesta de ley en el Pleno de la LXIV Legislatura.

En unas semanas veremos si el partido de AMLO y satélites, tienen verdaderas intenciones de reformar y derogar lo que no sirve en pro de la educación, no vaya a ser que la premura por meterle mano a la RE, sea una simple estrategia para restaurar el poder de Elva Esther. Ojalá que no.