¿Que renuncie Peña Nieto? ¿Para qué?

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Por Norma Galarza Flores

 

Ante los hechos que han contribuido a enrarecer el clima político de nuestro México, diversas voces han incluso, exigido la renuncia de Enrique Peña Nieto. Pero ¿es así de sencillo? ¿Creen que por obra y gracia del espíritu santo con la renuncia de Peña se van a solucionar los problemas que arrastramos históricamente? Si pensamos fríamente la situación de México, sabremos que  no se soluciona con la salida  del presidente ¿por qué?

Peña Nieto es la cara de un problema sociocultural muy arraigado en nuestro país, Y si renuncia ¿Quién entra en su lugar? Otro igual ¿no? ¿Cuántos presidentes más, en el futuro se tendrían que ir? Debemos comprender que nuestro problema es estructural. Para que México cambie no se requiere quitar a tal o cual presidente se requiere que nuestro país sacuda sus raíces ¿y quiénes son sus raíces? Tu, yo, todos.

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Sí, nosotros,  los que tal vez vivimos culpando a los políticos de corruptos, de ladrones y mentirosos y somos incapaces de hacer nuestra labor de buenos ciudadanos por ejemplo  ¿Diste el paso a un peatón hoy cuando ibas en tu carro a toda prisa? ¿Respetaste el uno a uno? ¿Evitaste estacionarte donde no debías? La pregunta aquí es que estamos haciendo como individuos para mejorar este México, que no dudo que amamos, pero nuestra exigencia común es que el vecino cambie, que otros hagan lo que nos corresponde, porque es la forma más cómoda de evadir nuestra responsabilidad.

¿De qué sirve que se vaya el presidente si llegará otro en su lugar con los mismos vicios? ¿Nunca se han preguntado cómo le hacen países que tienen sociedades exitosas como Suecia o Noruega? Fácil,  tienen pueblos cultos, informados e interesados en lo que pasa en su entorno. No solo critican, se involucran activamente como parte de una maquinaria que funciona a la perfección

Ciertamente a nadie le gusta reconocer sus errores, pero no olvidemos que los políticos corruptos son la imagen del pueblo mexicano cuyos principios se han quedado guardados en el baúl de los buenos deseos. En nuestra forma cómoda de ver la vida y juzgar ligeramente lo que nos rodea,  nos hemos acostumbrado a ponerle cara a los problemas que no son exclusivos de una persona sino de toda una sociedad.

Estamos acostumbrados a caer en los lugares comunes, a seguir estereotipos que nos marcan incluso como y que pensar, quien está bien, quien está mal, apoyamos criterios que no son propios siempre y cuando no sacudan nuestra zona de confort.

Las prácticas tan arraigadas en una sociedad como la corrupción, no se cambian en un abrir y cerrar de ojos, tendrían que pasar generaciones. El primer paso tendría que ser educarnos y luego educar a nuestros hijos a ser mejores ciudadanos y así tal vez los nietos de éstos lleguen a vivir en el México que queremos todos. Recuerde que, como dijo Marie Curie ““Usted no puede esperar construir un mundo mejor sin mejorar a las personas. Cada uno de nosotros debe trabajar para su propia mejora”