Pin Parental en la sociedad que no llama a los genitales por su nombre

63 legislatura busca garantizar operación de Escuelas de Tiempo Completo en Zacatecas
06/10/2020
Inauguran Lienzo Charro en Las palomas Villanueva
07/10/2020

Norma Galarza

 

Este 2020 ha sido un año atípico. Además de una pandemia que llegó para quedarse,  mentes pequeñas fraguan sin pizca de remordimiento  cosas peores. La iniciativa de Pin parental propuesta  por el diputado  panista zacatecano  José Guadalupe Correa, ejemplifica porque la tierra parece decidida a exterminarnos amparada por nefandos virus.

En ese tenor, una peste ideológica pulula entre los pasillos del Congreso del Estado, con la amenaza latente de regresarnos a la Edad Media

  La iniciativa en cuestión formulada por  el emisario del Yunque y reencarnación del papa Nicolás V, gira en torno a “establecer desde la constitución el derecho y la obligación de los padres de familia de elegir el tipo de educación para sus hijos”.

Basándonos en propuestas similares promovidas en otras entidades de la República de médula mocha como Nuevo León, asumimos que la propuesta tiene su vértebra fundamental en evitar que las y los niños zacatecanos reciban educación sexual y de género en las escuelas.

Más bien, según el diputado, los padres son quienes deben ‘educar’ a sus descendientes  en asignaturas de esa naturaleza. ¿No es esa idea más que la percepción ampliada de que los hijos son extensiones nuestras y no personas con derecho humanos? Además ¿de verdad los padres tienen la capacidad?   ¿Cómo pueden educar sobre sexualidad  y temas relativos a ella quienes además de cargar una pesada loza de prejuicios, en su mayoría no se graduaron de Secundaria?

 ¿Quién enseñará a los padres para que tengan la capacidad de impartir la materia sin sesgar la información? Eso no se lo preguntó el santo emisario de la iglesia en el Poder Legislativo, quien sin duda, al rato propondrá la imposición del cinturón de castidad

Y es que  hablar de la educación sexual en pleno siglo XXI y sobre todo en sociedades oscurantista como la nuestra sigue siendo un tema espinoso de tratar.

En primera instancia porque muchos padres no están preparados para hablarles de esa materia a sus hijos.  Imagínese, con qué fundamentos “educarán quienes han promovido de generación en generación que a los niños los trae la cigüeña. Así nos agarró el cambio tecnológico, ignorantes y prejuiciosos mientras los niños aprendían, incluso a través del porno de sexualidad. Los tiempos han cambiado y con el acceso al internet los niños se confunden porque además entraron sin instructivo a una generación donde no sólo lo visual y lo auditivo se hipersexualiza.

 Entretanto, muchos padres siguen con la idea  de explicar la reproducción por ejemplo, con el cuento de la abejita y la semillita del zángano.

Pensemos ¿Cómo les hablarán de sexualidad a sus hijos, generaciones que nunca aprendieron a llamar a los órganos sexuales por su nombre?  Nuestra cultura habla de  “pajaritos”, “pitos”, “conchas” y la respectiva imagen mental de  los primeros años nada tiene que ver con penes o vaginas.

Asentados en la realidad, en la convivencia diaria entre las familias inmersas en una dinámica  de producción capitalista, más preocupadas por conseguir dinero que por educar en ese importante rubro a los hijos, esa propuesta resulta, regresiva y hasta peligrosa.

Peligrosa en el sentido de que al dejar a los padres la tarea de educar en esa materia, dada la carga de fundamentalismos religiosos, se arriesga a las y los pequeños  al abuso sexual de terceros a través de la confusión.

La pretensión de José Guadalupe Correa de quitarles a los infantes zacatecanos el derecho a la educación consagrado en el artículo tercero de la constitución, atenta contra su derecho a obtener información con bases científicas y  no sustentada en  creencias.  Con su iniciativa, el diputado pretende tratar a los infantes y adolescentes como seres incapaces de tomar decisiones instruidas, vulnerando sus derechos sexuales y reproductivos.

El panista no habla desde una perspectiva apegada a la realidad que viven miles de niñas y niños zacatecanos que cada día aprenden sobre sexo  de la peor manera. La idea de matrimonio convencional y perfecto en el que padre y madre estén atentos a la educación de sus vástagos, realmente es un idealismo.

En la actualidad, niñas y niños  perviven en circunstancias muy diferentes al concepto “tradicional” de familia cuya imagen mental se ancla en la idea de dos personas amorosas y comprensivas que explicarán de la mejor manera los temas torales.

 La realidad es más cruda, no es casual que Zacatecas ocupe el tercer lugar en embarazo adolescente según la Tasa de Fecundidad Adolescente (15 a 19 años), con datos del Consejo Nacional de Población (CONAPO, 2019). Y el antecedente de ese problema no es la información sino la desinformación, el tabú y el prejuicio.

En ese sentido, cientos de jóvenes en nuestra entidad se embarazaron en su primera experiencia al no tener la información precisa en cuanto a métodos de anticoncepción o por la creencia de que la primera vez, no pasa nada. Y eso pongámoslo en la juventud, pero ¿cuantos abusos sexuales infantiles se podrían prever si a las y  los pequeños se les alerta sobre comportamientos inadecuados  perpetrados  por adultos?

No podemos soslayar que los impulsos sexuales son inherentes al ser humano desde el nacimiento, de ahí que la educación en ese aspecto deba ser libre de morbo y lo más simplista y entendible. Por desgracia en la familia, la mayoría de los padres no están capacitados o les da vergüenza  y por tanto postergan explicaciones sobre el cuerpo de sus hijos que deben ser tratadas desde que el menor empieza con inquietudes.

 La secrecía a través de la cual se les inculca que todo lo que tenga que ver con la parte reproductiva  es sucio y pecaminoso y por ende debe cancelarse, esconderse y no hablar de ello,  no ha sido la mejor manera de evitar problemas como los abortos clandestinos, los abusos sexuales a menores  – tema en el que por cierto, nuestro país ocupa el primer lugar-, entre otros obstáculos para el pleno desarrollo humano de nuestras niñas, niños y adolescentes. ¿O usted qué opina?