Para que el violador no seas tú

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Citlaly Aguilar Sánchez

Un amigo de muchos años me dijo el otro día que le parece muy fuerte el canto de las feministas calificando a todos los hombres de violadores. Me dijo que no puede evitar sentir agresivo el performance, que incluso ha llegado a sentir molestia y a decir: “¡Yo no!”, luego confiesa que este cántico, al igual que los movimientos #MeToo lo han hecho cuestionarse qué ha hecho con las mujeres de su vida.

Todos hemos traído seguramente en la cabeza el coro de “El violador eres tú” en los últimos días, todos la hemos entonado aunque sea involuntariamente, y de igual manera, todos nos sentimos aludidos en cierta medida, unos por padecer esa violencia, otros por ejercerla.

No obstante, también es cierto que, pese a la renuencia de muchos a entender que las mujeres están buscando mejores condiciones de vida y de convivencia, los cambios se empiezan a notar aunque sea a cuentagotas.

Son muchos los hombres que actualmente me preguntan cómo se deben acercar a una mujer, porque ahora todo parece estar mal; se dicen confundidos, dicen no entender qué nos molesta ni cómo tratarnos. Siempre que algún amigo, familiar o conocido me dice algo así, suele resplicar: “qué bueno, de eso se trata, de que te replantees la manera en que tratas a las mujeres y busques nuevas formas de hacerlo”.

Por otra parte, también están los hombres que, lejos de cuestionarse por qué les incomoda o molesta las denuncias de las mujeres, simplemente reaccionan con desaprobación, con burlas y con ira hacia estos movimientos, pues cuando alguien se siente aludido, lo que ha sido común en la conducta humana es rechazar ese sentimiento negándolo y eliminando lo que lo hace surgir.

De esta manera, uno puede leer comentarios desafortunados de mucha gente, entre la que no faltan mujeres, burlándose de aquellas que bailan con los ojos vendados, de las que gritan en la calle reclamando el derecho al aborto seguro, o de las que luchan diariamente contra la violencia sistemática en la que se vive. Se les tacha de “ridículas”, y es lo menos ofensivo… 

¿De qué manera se puede lograr que se entienda que la resistencia ante el machismo no puede ser pacífica, aunque eso es lo que se quisiera? Desafortunadamente es utópica una lucha social con arcoiris y burbujas. Todos lo quisiéramos así, pero justo ese sistema que se niega a morir o a cambiar al defenderse ataca, y de igual manera lo hace lastimando, ejerciendo poder. Ante eso no es posible mantenerse en un estado estático.

Todas quisiéramos que nos tomáramos de la mano para caminar hacia una sociedad más justa y más segura, pero no es posible cuando nos señalan, nos ofenden, nos violentan. No es posible que, dentro del machismo, seamos del todo aliados; sería lo ideal, pero no es posible.

Le he dicho a mi amigo que para que el violador no sea él, es necesario que toda ese incomodidad que siente al escuchar los cánticos feministas la convierta en un autoestudio y en una nueva visión del mundo, en un adoctrinamiento de su comportamiento y el de los demás hombres respecto de las mujeres. Él me dijo que le cuesta trabajo, que no es fácil, que el machismo hace que los hombres se muestren ante los hombres como superiores sobre las mujeres…

Le dije que es necesario romper con eso, que es imperativo soltar ese temor a la virilidad de antaño y optar por una convivencia más equitativa. No sé si lo hará, no sé si algún día todos logremos vernos con respeto y dignidad, pero mientras eso no suceda, hay que seguir luchando.