Pandemia, pobreza, inseguridad y elecciones

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Norma Galarza

Mientras nuestros políticos afinan motores para entretenernos con promesas electorales, la pandemia merma cada día más  el poder adquisitivo de los mexicanos.

A la inseguridad naturalizada y una pandemia que ya suma más de 200 mil víctimas según el INGI, se le suma un proceso electoral con el objetivo de renovar 21,383 cargos públicos.

En ese aspecto, se proyecta que en septiembre de este año se permuten regidurías, ayuntamientos, congresos locales,  Cámara de Diputados y 15 gubernaturas en el país.

Para eso, el INE proyecta gastar este año un monto aproximado de 19 mil 593 millones 797 mil 958 pesos, de acuerdo al ajuste presupuestal que ordenó la Cámara de Diputados.

Zacatecas renovará 694 puestos entre los que destaca el cambio en el Poder Ejecutivo y pese a que la entrada oficial de las campañas es hasta el próximo 4 de abril desde hoy vemos la personificación de verdaderas danzas de simulación.

Políticos carentes de méritos  pugnan por quedarse otros tres años en sus puestos como al frente de ayuntamientos y curules en el Poder Legislativo.

  Personajes que fungen como contenedores de promesas vacías, que siguen la inercia de propuestas formuladas a bote pronto sin prestar atención a las quejas de los zacatecanos, preparan a sus huestes para lanzarse a la búsqueda del voto popular.

Ante la ceguera colectiva del grupúsculo que aspira al poder ya que solo proyectan sus propios intereses, a nuestro estado lo azotan problemas agravados por la enfermedad de Covid-19.

La pobreza se acentúa y se hace más evidente conforme pasan los días.  No hay optimismo entre las amas de casa que por más que intentan estirar el ingreso familiar, ya no les alcanza.

Mientras cancelan puestos de trabajo, las micro, pequeñas y medianas empresas, se debaten entre los cierres obligados por la pandemia y el cobro de derecho de piso  de la delincuencia que parece no dar tregua.

Basta con platicar con la gente. Salir de la burbuja para caer en la cuenta que nuestra tierra enfrenta graves problemas y que quienes más los recienten ya no creen en ningún partido político aunque les ofrezca las perlas de la virgen.  Ayer caminé por el centro de Guadalupe, ciudad en la que vivo desde hace más de 10 años.  Me di cuenta que la estrategia implementada desde la federación,  que intenta parar los contagios de coronavirus, es por decirlo suave, deficiente, mal planeada y se pensó tomando como referencia una realidad social homogénea. Los cierres de actividades no esenciales impactan de manera negativa en las cadenas de producción.

 En ese contexto nada alentador,  se planea dilapidar dinero que al día de hoy sería crucial para el rescate del incipiente  emprendedurismo, en la impresión de miles de fotos de políticos a los que les falta altura de miras porque sólo pueden ver por sus intereses.

Aspirantes a puestos de elección incapaces de reinventarse sin depender de la ubre del erario, se promueven como los salvadores.

Y como en términos electorales no se esperan grandes sorpresas desde hoy se augura que la alcaldía quedará entre las dos coaliciones más fuertes, que son las que encabeza por una parte el PRI y por la otra su hijo menor el partido Morena.

Lo peor, es que en el horizonte de los guadalupenses no hay nada novedoso ya que la Presidencia quedará entre Osvaldo Ávila Tiscareño o Julio César Chávez.

El primero  tiene años ordeñando la vaca del presupuesto bajo la bandera del activismo político a la cabeza de la franquicia de Antorcha Campesina y este 2021  quiere cumplir el objetivo que persigue desde hace ya algunos años: ser alcalde de Guadalupe.

Presume números de agremiados, se toma fotos con la gente, se siente superman.  Por el otro lado, la opción no es mejor, por eso los habitantes del municipio más poblado de la entidad están entre la espada y la pared, porque es posible que Morena les intente recetar otros 3 años con Julio César Chávez Padilla como su munícipe.

De ahí que no se vea emoción entre el electorado al que tampoco le darán según se prevé, mejores opciones a nivel estatal o en las otras 57 alcaldías.

No obstante, el teatro de la democracia, se volvió más importante que garantizar la sobrevivencia de la gente.

Pese a la pandemia viene el dispendio, el reciclaje electoral, las mismas caras para diferentes puestos y de fondo, la población, agobiada por la enfermedad, la incertidumbre y la inseguridad crónica.