Morena y el peligro de la autodestrucción

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Norma Galarza

Siempre he creído que la violencia es propia de seres humanos primitivos cuya capacidad craneana les impide controlar pulsiones básicas como el enojo.

Eso viene a colación ante el verecundo episodio que vivió Morena el día de ayer en lo que serían las asambleas  de los distritos I de Fresnillo, II de Jerez, III de Zacatecas y IV de Guadalupe, en las cuales se designarían  los consejeros estatales que definirán quien será el próximo dirigente del Movimiento en la entidad.

 Para no perder la tradición, como ocurrió en 2016, y como era de esperarse ante la evidencia de que a varios políticos los obnubila el poder, la dinámica en los 4 distritos electorales fue similar. La exhibición magistral de las rancias costumbres que el partido de AMLO decía despreciar, se hizo presente.

No faltó el acarreo, la compra de votos, los empujones, las sonoras “rayadas de madre”, aquello,  más que un evento político, parecía un enfrentamiento de luchadores de la Triple AAA.

Y a la hora de repartir culpas, una papa caliente, todos los grupos se deslindaron endilgándose la responsabilidad unos a otros.

En Guadalupe elegir como sede de la asamblea un lugar pequeño, el salón Hacienda San Ramón,  fue el preludio al desastre. Más de 3 mil personas abarrotaron el lugar ocasionando el caos.

 Las desavenencias entre militantes y acarreados de las distintas corrientes que sobreviven al interior de Morena provocaron que la asamblea fuera pospuesta.

 En Fresnillo no faltaron las acusaciones directas de intromisión por parte de funcionarios municipales, lo mismo que en Guadalupe y Zacatecas, territorios guinda.

En Jerez, también saltaron las acusaciones de acarreos, infiltrados y todos los ingredientes de cualquier Thriller hollywoodense de acción y suspenso.

Lamentable lo que se vivió del día de ayer, no obstante, en el recuento de los daños, no son los más lastimados ni los monrealistas, narristas o históricos;  el más lastimado es el partido cuya aspiración retórica era sentar precedentes para una vida democrática plena en el país. Pero tal aspiración, parece se quedará solo en eso.

El Movimiento de Regeneración Nacional da muestras de que sigue siendo un puberto al que la madurez política para lograr consensos internos, no le llegará al menos en este sexenio.

La líbido dominandi encandila a quienes aspiran a ser sus dirigentes porque ese puesto delinea aspiraciones futuras de personajes y grupos.

Morena, se autodestruye vertiginosamente,  y quienes desoyen la exigencia social de construir un partido político que marque la diferencia, olvidan que la lealtad del pueblo no es eterna.

Si el partido de AMLO sigue la dinámica de la división interna y  la encarnizada lucha por el poder, más temprano que tarde, los millones de mexicanos que lo llevaron a los puestos públicos en 2018, le darán la espalda. Al tiempo.