Miscelánea

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Columna invitada

Por Francisco Javier Contreras Díaz*

Komo en los yiempos qye corren la ortograkía poco importa, ya asta en las monedas gonmemorativas que mandö acuñar el mil veces ache Congreso las fallas reclamaron su sitio y los ágrafos acemos fiesta y lansamos cuetes al cielo. “¡Ágrafos de todas las kurules uníos!”. Por fin se nos ace justicia. La ReAl academia gustifica algunos herrores que se puedan generar en eso que se llama matrimonio entre aventar rollo y escribir correctamente nuestro ydioma. Lo que no saben es que con esos herrores las monedaz de edizión especial, como son únicas, su valor numismático premia la ignorancia. Quienes recibieron huna de ellas estará de plácemes porque le distinguieron con hun tesoro. ¿Cuándo recibimos la nuestra o no pertenecenoos a la alcurnia? ¡Biba Makondo!. (Inserzión pagada con un vono de nómina cecreta).

Nuestros mesías, tan aferrados a la mitología de que son, unos durante tres otros por seis años, quienes alinean el universo que llegan a creérsela. Por raro que parezca, ellos tienen a ciudadanos al sol y sin derecho a audiencia en la Plaza de lo Indigno, la que se ubica frente a un portón en cenizas que simboliza –intensamente real- lo que en cubículos y sala de plenos acontece. Afuera, ciudadanos indóciles y dentro, el frenesí de la recuperación de memoria y las risas ortográficas. Afuera la terquedad y la utopía posible y adentro la normalidad anímica del desdén hacia quienes les han dado demostrado de que no sólo se mueve a las personas con recompensas.

Días que se vuelven semanas y posteriormente horas esperando que los límites se rompan. A eso apuestan -con carcajadas como aderezo- nuestros empresarios  de la boyante rama legislativa y abnegados adherentes a la fantasía de la representación popular, como diría José Alfredo Jiménez “…el Congreso de tu vida donde las capacidades cognitivas no valen nada…” y donde se corrobora, la hipótesis irreverente de Frued, cuando se refiere a la Duma, definiéndola como el sitio donde “las infinitas e insaciables tendencias fornicatorias ideológicas se consuman.” Donde lo anímico se sobrepone al juicio y se festina que el progreso y la madurez democrática se materialicen en nóminas oscuras a las que se les denomina como Progreso.

Si hubo pecado en la construcción y entrega generosa de bonos míseros a esforzados y abnegados funcionarios, éstos (los pecados), por gracia declarativa de los virginales receptores se convierten en virtud y el himen colectivo se mantiene intocado. La teología del hurto de acuerdo a San Agustín no es otra cosa que “el premio para los justos no puede ser de otra manera que pasar una noche en motel de jabón Rosa Venus (pudiendo ser California) entre funcionario y nómina oculta. Es lo más sublime del pecado monetario y quienes acceden a él en la tierra, ya en el cielo basta esperar la burocratización celestial del asunto para que habite el archivo muerto.”

Si la masa pone grito en el cielo por unos sucios pesos ocultos en unas diáfanas nóminas clandestinas, se deberá ir a enclaustrar al sanitario de por vida porque si se entera que una empresa futbolera (“el futbol es el opio de los pueblos”) recibió cincuenta millones de pesos de la hacienda pública, caerá inevitablemente en crisis emocional, confusión sentimental, indefinición afectiva o, por lo menos, en una profunda incertidumbre sobre referentes emotivos concretos. Los jodidos lo somos por no contar con amistades respetables con poder de decisión sobre los recursos públicos, que en estricto sentido, son de ellos mismos. Las multitudes que atestan el monumental estadio es justificación suficiente para obsequiar toneladas de dinero a quienes les brindan sano entretenimiento. El espejismo de contar con una ‘representación’ futbolera es reencontrarse con la alcurnia y qué importan cincuenta millones si, como dijo el general Jesús González Ortega, “si con algo nos castigó Dios fue con sombreros ajenos”.

El entorno nos da luz: por eso la soberbia mostrada por diputados hacia la protesta ciudadana. Ellos sólo escuchan la voz del amo y no cuentan con que el repudio es desde el portón del millón de cenizas hacia adentro.

La última y nos vamos. No se requiere estudio multidisciplinario antropológico, psicológico o genético para demostrar que el día de la mercantilización de la proeza de convertirse en madre también es oportunidad para desechar esa idea confusa sobre lo que significa la maternidad. Es festejo del derroche aunque los hijos estén famélicos o sean analfabetas; exhiban su pobreza alimentaria y afectiva. Aunque sean deseados maravillosos accidentes biológicos. No es tiempo de lamentos; son tiempos de la industria electoral de futuro y para eso estarán acá Edith Márquez y Ana Barbara. Aprovecharán tan significativa fecha para rifar ilusiones y promesas a entregar cuando le regalen espacio senatorial.

* Economista, docente de la Unidad Académica de Economía de la UAZ