Mil máscaras

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“Los hombres están en continua pugna de honores y dignidad y a ello se debe que entre éstos surjan la envidia y el odio, y finalmente la guerra”.

Por Flavio Vidales/La Cueva del Lobo

Vueltas y revueltas. El jinete y sus camellos trotan en las nubes. Otea en el horizonte. Su mirada de satélite rastrea milimétricamente el acontecer: no hay nada nuevo bajo el sol. Altura de miras. Cumple con la profecía. Desde su natal Durango hasta la parsimonia del paisaje de El Chique, el compañero insistía en la entrega de unas líneas ágata. El destellar del cursor traduce los bytes para compartir la comunicación o la divulgación del acontecer.
Aquí estamos. En estas páginas que le dieron vida a ese ímpetu propio de quien buscaba interpretar los designios del señor. Indescifrables, por cierto, pero que ha sido un afán del humano que desde sus tiempos de la gesticulación, las señales, hasta las letras de Gutenberg o la virtualidad de microsoft.
Van las primeras previsiones del tiempo. Desvelar los misterios del nuevo orden que se busca en el universo, una vez comprobada la teoría de la relatividad y la existencia de Dios o las ondas gravitacionales provocadas por los agujeros negros. Einstein determinaba que el desplazamiento y deformación de los objetos es producido por perturbaciones en la trama del espacio-tiempo. Hoy se comprueba.
Las señales u ondas que captaron los científicos son en realidad una señal que ha viajado por el universo durante 1.300 millones de años y fue resultado de una violenta colisión entre dos agujeros negros con una masa entre 29 y 36 veces la masa del Sol.
Veamos la complicación de la existencia y la paciencia del hombre para la comprobación de las teorías.
La impaciencia del corazón lleva a los actores actuales a la interpretación de las más-caras y se van con Rafael, el de San Francisco, a medirse, a probarse las miles de oportunidades que tienen engañar, para fintar con el grito: todo por Zacatecas.
No hay interés ni asomo de ambición, de esas que trastornan las mentalidades, dislocan las realidades y la acomodan a su deseo.
Eso es lo que ha provocado actividad febril de las mentes en los últimos seis meses hasta llegar a los idos de marzo, que son trágicos como los griegos y que orillan a cometer acciones como la de quitarle la vida al César.
El oficio hace al maestro. Dominar la rutina hace al artista. Zapatero a tu zapato. Las profesiones son un arte, oficio y requiere preparación. Más en un tiempo que el mundo no encuentra los líderes. Los guías y ante el miedo provocado por el vació de la cosificación de la mercancía. Alienados caen con quien difunde los miedos, provocan la violencia y discriminan. Adolfo arrastró a la conflagración mundial. Donald agita a los sajones y olvidan que en su ADN está la migración, la esclavitud y la xenofobia.
Aquí, en la aldea ahí están los iluminados por el Mesías de Las Margaritas –como dijo su guía como un peje pero sin lagarto-. Ahí están las más-caras. Multicolores y sin sabores. Con el apetito de un hambriento. Sedientes en la senda del poder. De la vida fácil. Expoliando, explotado, engañando.
Sin profesión, sin oficio, sin mística, sin doctrina. Provocan estropicios y postergan el futuro de la raza de bronce que no se resigna: ni sicario ni migrante. Aunque tenga la concesión graciosa de votar desde el extranjero.
Iluminados del marketing endulzan los oídos. Los estrellan en los orales juicios, sin el debido proceso. Chocan con los muros de la ignorancia. Criollos que luchan por la independencia sin quitarle una perla a la Corona. Piden la benevolencia de sus majestades y reniegan del padre del federalismo: que decida el centro la vida futura de esta agreste geografía.
La voluntad, tu voluntad queda a merced de los designios del señor. El invento de la dignidad que entra al tianguis en busca del mejor postor. Olvidan el honor, el valor supremo, en el cesto de la historia.
La divina trinidad. 3 de 3 como purificación y absolución de los pecados. Entrad al río revuelto y saldrás purificado. Ahí están los más ricos del mundo, entre ellos los de esta patria, cuyas fortunas florecieron al amparo del Estado y el tráfico de influencias.
Salvaos los unos a los otros. Arenga desde su dromedario el hijo del alacrán.
Mil máscaras, en su remembranza recoge el slogan: la corrupción somos todos.
Aquí estamos en la virtualidad de la Cueva del compañero Lobo.
El hombre es el lobo del hombre.
Thomas Hobbes afirma: el “estado de naturaleza” el hombre vive una guerra de todos contra todos. «El hombre es un lobo para el hombre.» Pero, al mismo tiempo, este mismo hombre, incluso en el estado de naturaleza, sigue siendo un ser racional y tiende a superar el desorden y la inseguridad. Con el fin de lograr su seguridad y superar el peligro que el estado de naturaleza implica, los individuos ceden sus derechos en favor de un tercero, surgido de este contrato: el Estado o la República (también llamado “Leviatán”).
Los hombres están en continua pugna de honores y dignidad y a ello se debe que entre éstos surjan la envidia y el odio, y finalmente la guerra.
El hombre, lobo del hombre, frase fatal que señala tal cual la naturaleza humana dominada por sus pasiones. Hobbes plantea la necesidad de dos contratos, el contrato social por el que cada individuo promete a los demás someterse al mismo jefe, y aquel otro por el cada miembro cede al jefe el derecho, que en estado de naturaleza posee, de regirse a sí mismo.
El hombre es sólo cuerpo. Y este cuerpo, como todos los demás, está sujeto al movimiento, que en su caso es generado por las pasiones, las acciones, los pensamientos. El movimiento tiene lugar de acuerdo a leyes causales y, por lo tanto, no cabe hablar de libertad. Aprobamos lo que vemos como agradable y desaprobamos lo desagradable. El valorar y el obrar humanos están regidos por el utilitarismo y el egoísmo.