México sin superar problemas que gestaron la Revolución Mexicana

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Citlaly Aguilar Sánchez

Hay quienes afirman que la Revolución Méxicana, aquella lucha social que tuviera inicio el 20 de noviembre de 1910, ni siquiera ha terminado; que se trata de un movimiento que, al no ver realizados sus principales consignas: el sufragio efectivo y la tierra y libertad, entre otras, no ha concluido.

La novela de Mariano Azuela, Los de abajo, ha sido una de las alegorías de la lucha revolucionaria mexicana, puesto que en ella se lee con claridad cómo los ideales de la misma se transformaron de acuerdo con las circunstancias.

De igual manera, en esta obra, se ofrece una perspectiva de decepción ante el movimiento armado o más precisamente sobre sus dirigentes, a los cuales se expone corrompidos una vez que llegan al poder.

Sobre el periodo que se supone es el postrrevolucionario, Martín Luis Guzmán escribió La sombra del caudillo, novela de largo aliento en la que se relatan los enredos de la clase política en el poder al buscar sucesores para la silla presidencial. Está comprobado que muchos pasajes de esta obra literaria tienen reminiscencias históricas, puesto que hay periódicos de la época, por ahí de 1920, que relatan anécdotas parecidas a las que se narran en la ficción.

    Se pueden citar más ejemplos literarios sobre esta etapa histórica, puesto que es una de las más representativas de la literatura mexicana, debido a que, de alguna manera, esta lucha armada ha sido un episodio de los más románticos en nuestra historia, entendiendo “romántico” en el sentido de la tendencia artística alemana en la que se pugnaba por expresar cierta oposición al racionalismo positivista. En México, esta tendencia tuvo sus transformaciones, puesto que, a inicios del siglo XX, con la efervescencia social, su expresión encontró cauce en los discursos periodísticos, políticos y liberales. 

    Por esta razón, los escritores de principios del siglo pasado encontraron en este movimiento un caldo de cultivo propicio para la creación, prueba de ello son los escritos célebres de Juan Rulfo: El llano en llamas y Pedro Páramo, o el Cartucho de Nellie Campobello; en las dos primeras se puede casi palpar la pobreza y zozobra en la que vivían (viven) las personas más olvidadas por el sistema y como su condición social los arroja sobre un destino que emocionalmente también resulta incierto; mientras que el tercer libro mencionado describe la violencia de la Revolución Mexicana desde la perspectiva de una niña, visión que ha sido hace muy poco tiempo rescatada.

    Juan Rulfo en entrevista confesó que su infancia estuvo cargada de muertes, puesto que su niñez la vivió durante este proceso social, por lo que, según confesó, en su familia había funerales muy seguido. Su propio padre murió en los años de la trifulca de manera violenta. La historia de Campobello es muy parecida. En ese sentido, la pasión irracional les era suficiente para explicar un contexto en el que poco comprendían pero mucho sentían: puro y vivo romanticismo.

    Viendo a los jóvenes de diversas escuelas pasar con orgullo desfilando por las principales calles, quizá sin ser muy conscientes de lo que están haciendo, uno puede sentir que la Revolución dejó en nuestra gente valores arraigados y el espíritu de luchar por la justicia, no obstante, también ha dejado un país confundido, en el que, ahora más que nunca, al revisar la literatura y la biografía de sus autores, podemos sentir en carne viva que ese proceso quizá nunca terminará.