México sin capacidad para entrar en la Cuarta Revolución Industrial

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Pilar Pino Acevedo

Esta semana el gobierno Federal, dio a conocer la compra de la refinería Deer Park a Shell,  en una operación financiera  de alrededor de 600 millones de dólares. Justo cuando la empresa angloholandesa busca reducir la refinación, México busca expandirla. “Ya contamos con una nueva refinería, de esta manera vamos a dejar de comprar los combustibles, las gasolinas en el extranjero”, anunció el presidente Andrés Manuel López Obrador.

México tiene una conexión histórica con el petróleo desde los años 30 con el fenómeno de la expropiación petrolera. El oro negro financió las políticas fiscales, por eso el lema de que le pertenece a toda la ciudadanía, es parte de la cultura mexicana.

El objetivo del Presidente es fortalecer la industria petrolera nacional para impulsar la economía y reducir la dependencia energética. En parte, tiene razón. Sin embargo, la apuesta para la soberanía energética no debe ser por la energía fósil, antes, debe aprovechar el potencial del país para producción de energías limpias y nuevas tencologías, no sólo por el cuidado del ambiente, sino porque México está rezagado frente a la cuarta revolución industrial.

¿Qué es la cuarta revolución industrial?

Se trata de la convergencia entre la robótica, la biología y los espacios ciberfísicos, capaces de comunicarse entre sí y con los humanos. Suena a una novela de ciencia ficción escrita por Philip K. Dick, pero tal vez sea la transformación del mundo tal como lo conocemos. Está ocurriendo y a una velocidad asombrosa.

Lo importante, no se trata de los nuevos desarrollos, sino del encuentro entre estos desarrollos. En ese sentido, representa un cambio de paradigma, en lugar de un paso más en la carrera tecnológica, en la cual México se encuentra muy rezagado y no preparado para este cambio.

Los expertos vaticinan que dicha  revolución tecnológica, modificará nuestro estilo de vida, la forma en trabajamos y cómo nos relacionamos. La ingeniería genética y las neurociencias serán fundamentales, aunque hoy son  dos cosas alejadas de las personas comunes y corrientes.

 La manufactura cambiará de manera radical y con ello, el mundo del empleo, el mercado, la seguridad geopolítica y los marcos éticos. Además permitirá agregar 14, 2 billones de dólares a la economía mundial en los próximos 15 años.

Los sistemas ciberfísicos, que combinan maquinaria física y tangible con procesos digitales, son capaces de tomar decisiones descentralizadas y de cooperar -entre ellos y con los humanos- mediante el internet de las cosas.

¿Y qué pasará con el empleo?

Para países en vías de desarrollo como México esto implicaría la pérdida masiva de empleos formales, en un contexto de informalidad e inseguridad, será fatal sino estamos preparados para ello. Se prevé que en los países industrializados la pérdida será de 5 millones -estamos hablando de las 15 naciones más industrializadas del mundo.

Son precisamente los países más avanzados los que encarnarán los cambios con mayor rapidez, pero a la vez los expertos destacan que son las economías emergentes las que podrán sacarle mayor beneficio. Hasta el momento los punteros son China y Alemania, este último le ha apostado a ser una política de prioridad nacional.

La cuarta revolución tiene el potencial de elevar los niveles de ingreso globales y mejorar la calidad de vida de poblaciones enteras, las mismas que se han beneficiado con la llegada del mundo digital (y la posibilidad, por caso, de hacer pagos, escuchar música o pedir un taxi desde un celular ubicuo y barato). Sin embargo, el proceso de transformación sólo beneficiará a quienes sean capaces de innovar y adaptarse.

Desgraciadamente México se encuentra muy lejos, la política presidencial está apostando por las teorías del desarrollo de la década de 1970, olvidando el potencial que tenemos para generar energías limpias, sostenibles y baratas. La inversión en tecnología y ciencia va a la baja, con todo y que el capital humano existente es de primera calidad. 

La 4T está apostando que los desarrollos los hagan las y los ciudadanos por amor al país, sin pagarles, tal como el logo del aeropuerto. No existen propuestas concretas y viables de parte de los candidatos para evitar el rezago tecnológico, se dedican a campañas sucias.

A menos que se inicien inversiones de envergadura importante en tecnología, biotecnología y neurociencia, la llegada inminente de la Cuarta Transformación Industrial profundizará la brechas de desigualdad, que ya de por sí, tiene al 60% de la población atrapada en la pobreza.