¿Hillary o Trump?

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Por Norma Galarza

A menos de 24 horas de que la nación más poderosa del mundo defina, no sólo los destinos de los norteamericanos, sino de millones de habitantes de todo el orbe, la moneda está en el aire, la Casa Blanca será habitada o por Hillary Clinton o por Donald Trump.

Los estadunidenses tienen sólo de dos sopas, y deberán elegir la menos amarga.  Y es que, tanto Clinton como Trump, son una muestra fehaciente de la involución política a nivel mundial.  Mientras a ella se le relaciona con la corrupción, la guerra y la ambivalencia discursiva, a él, se le asocia con la intolerancia y una novatez política que de llegar a la Casa Blanca (la de Washington), seguramente le cobrará pronta factura.

Con propuestas que no prenden, Hillary hizo campaña con la bandera política de retomar algunas fórmulas que no le funcionaron a su antecesor. Pero Trump rebasa el absurdo ya que plantea acabar con todos los problemas que enfrenta la poderosa nación y que se acentuaron desde el 2008, con varitas mágicas.

La política económica de ficción que propone Trump, de hacer crecer muros y convertir al país más poderoso del mundo en una isla,  viene a dar al traste con el sistema económico actual, del cual Iu Es Ei (USA) ha sido el principal impulsor, no hay manera de que esa decisión lleve a los ilusos gringos que lo apoyan a buen puerto.

La idea, que al principio resultaba descabellada, de que el magnate ignorante y xenófobo llegue a la Presidencia, es palpable, dado que, como decía César León, personaje imaginario (¿?) de Carlos Fuentes en La silla del águila; la gente vota por emoción, no por reflexión.  Y Donald Trump supo agitar la emoción en los estadounidenses con las técnicas de neuromarketing propias del buen vendedor y despertar un  ejército partidario del Belcebú hitleriano.

 El sector de la población que, afín a sus pasiones primitivas,  tiende endilgarle culpas propias del capitalismo, a factores externos, amenaza al mundo al darle rasgos mexicanos, árabes, chinos, a sus problemas.  La política del apartheid, como forma de exorcizar el desempleo y la estancación económica, es absurda, pero logró que el empresario sea una preocupación latente y real el día de mañana.

Pero al no haber más, y dominados por el desencanto por la ex primera dama, a quien ven como la mayor tramposa y cuyo ascenso tiene que ver con una carrera política cimentada en mentiras y corrupción, los votantes no le ven diferencia con el magnate, aunque sí reconocen en Hillary a una política experimentada.  

Sin duda la elección de Estados Unidos del 2016, dejará en el  mundo el mal sabor de boca de que la política contemporánea de nuestro vecino del norte encumbró a los peores candidatos de su historia, Después del martes, gane quien gane, el país estará dividido.

Mañana, como dijo Julian Assage, el creador de Wikileaks, hace unas semanas; los estadounidenses tendrán que elegir “entre el cólera y la gonorrea”, elección nada sencilla porque tendrán en sus manos el poder en sus dedos de elegirle al mundo,  entre los males,  el “menos pior”