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Norma Galarza

Por Norma Galarza Flores 

Pese a que es muy prematuro para hacer diagnósticos, ya se empiezan a configurar los primeros síntomas de que la luna de miel de los mexicanos con los promotores de la 4T, empieza a desvanecerse. Y es que en estos  casi cinco meses en los que AMLO se inauguró como Presidente, no se ha sembrar la confianza de que el barco nacional navegará hacia mejores lares.

 Por desgracia para los que ciframos nuestra esperanza en el cambio que ofrecía Andrés Manuel, la marca típica de los primeros meses de Morena y satélites en el poder,  han sido la improvisación y la prisa por simularse diferentes, cimentado incertidumbre entre más de un mexicano.

Si bien es cierto que ha habido intentos de hacer las cosas bien, como la lucha contra el huachicoleo mediatizada como la panacea, los resultados como en todas las improvisaciones no han sido los óptimos.

Evidentemente mal haríamos con exigir resultados inmediatos a un problema como ese enquistado y permitido durante sexenios, pero tampoco se puede aspirar a que las estrategias surgidas por generación espontánea hagan milagros.

Sin embargo no podemos darnos por timados ante lo que ya se veía venir. Recordemos que la motivación principal para que Morena llegara al poder no fue el exceso de confianza que se tenía en ese partido sino en el hartazgo provocado tanto como por el PRI, el PAN y en lo que le toque al PRD.

 La ahora oposición no ofreció –y sigue sin hacerlo- nada que no nos hayan recetado tanto el PRI en los 70 años que tuvo en el poder y  ni la alternancia panista en 12 años, de ahí que las opciones se redujeran al ofrecimiento de AMLO.

Ante lo limitado de las opciones, un hartazgo marcado y un personaje persistente el giro político nacional, era inminente.

No está demás aclarar que para muchos el voto masivo a favor del proyecto de La Esperanza de México, no fue motivado por la esperanza sino por el enojo y por supuesto que no caben arrepentimientos, porque aspirar a repetir recetas probadamente fallidas en 2018 ya no formaba parte de nuestras alternativas.

 Sin embargo, evidentemente no hay buen puerto para quien no sabe a dónde va.

Y aunque me acusen de “Fifí”, basar la política de Estado en la dádiva no es la estrategia que impulsará al país. Tampoco lo es el ataque mediático a la corrupción sin que desde las instituciones sea un tema que se tome en serio. Las prácticas siguen siendo las mismas.

El conflicto de interés –recordemos como muestra la “propuesta” de la esposa del empresario Rioboó como ministra de la SCJN-, la corrupción, el compadrazgo sigue sin ser atacado con seriedad.

Hay solo mediatización, ataques retóricos contra personajes como el ex Presidente Peña Nieto, que siguen intocables, disfrutando del dinero público, pese a que se les haya condenado reiteradamente en el tribunal informativo.

 Para la Cuarta Trasformación los cambios se han convertido en actos simbólicos, sin intenciones reales de aterrizaje en la realidad. Siguen sin afianzarse las bases para que México experimente un cambio real porque las propuestas de política económica y social, son simples repeticiones de lo que se decía atacar.

Esa es una de las principales debilidades del grupo que ahora ostenta el poder, que los teatros, no se pueden mantener eternamente.

 No se ve un futuro prometedor, no obstante que ya es tiempo de que entendamos que los cambios positivos suelen ser fruto de una sociedad dispuesta a entender que los cambios son conjuntos, el poder político tiene la capacidad de modificar ciertas reglas que pueden impulsarlos pero solo se percibe una tóxica tendencia al camaleonismo y eso no es para nada positivo.