Los eslabones de culpabilidades que fortalecen la corrupción.

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Norma Galarza

 

A través de las décadas, la corrupción en nuestro país ha logrado legitimarse por medio de la formación de eslabones de culpabilidades.  Tal parece que para que prospere una acusación, la fuente de donde emana, tiene que ser de aguas níveas y transparentes, si no corre el riesgo de que sus dichos se reviertan.

 Esa estructura, en la que todos tienen cola que les pisen ha permitido que prosperen frente a nuestras narices los malos manejos, los enriquecimientos ilícitos, demás lacras de la administración pública.

Ante la solicitud de amparo ante el Poder Judicial por parte de organismos de combate a la corrupción contra la Legislatura a raíz de la elección, a todas luces amañada de Raúl Brito frente a la Auditoría Superior del Estado, no tardaron las acusaciones contra dicho organismo.

 Y no fueron los diputados quienes  fraguaron la defensa a favor de la reelección de Brito Berúmen, cuyo puesto fue avalado casi por unanimidad -28 votos a favor, 2 en contra-, se trató de los comisionados del Instituto Zacatecano de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales, (IZAI) organismo en el cual, los legisladores también eligieron a Gilda Fabiola Torres (ex funcionaria de Alejandro Tello),  bajo cimbradas suspicacias.

Los comisionados del IZAI, con una manera poco sutil de mandar callar las bocas de los miembros de los comités,  estatal y nacional anticorrupción que formularon la querella contra la 63 Legislatura, les regresaron el golpe al  exhortarlos a transparentar sus acciones y programas.

Así, a través de la maniobra de señalar que el que pretenda rasurar  a su vecino, antes debe poner su barba a remojar, el IZAI pretende desestimar las acciones opacas en las que incurrieron los legisladores zacatecanos, con los nombramientos fast track en entes que deberían vigilar la función pública.

¿Y que logran con eso? Fortalecer los lazos de la corrupción al blindar cualquier intento de controversia.  Pero también se dispararon en el pie al exhibirse como defensores de la ilegalidad  que impera en los organismos que se crearon con el fin retórico de paliarla.

Ante ese panorama  ¿cuál es el sentido de que existan organismos vigía, si los conflictos de interés frenan toda tentativa de cuestionamiento?

 Todo indica que tanto el IZAI, la ASE, la 63 legislatura y para colmo los ciudadanos que integran los comités anticorrupción, se mueven en el mismo fango donde prolifera el lastre de la corrupción.

El entramado institucional de complicidad y culpabilización entre organismos, que en teoría  nacieron en un intento de parar la tara causal de todos los males de la nación, de acuerdo al Presidente Andrés Manuel, es asquerosamente grave.

El problema radica en que de acuerdo a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) ser una nación con ese nivel de corrupción  nos cuesta casi el 10 por ciento del PIB nacional.

Una manera de enfrentarla es la de no desestimar las denuncias pese a que los organismos que las presenten carguen con sus propias culpas, sin importar que al parecer, las manos atadas para tirar la primera piedra de todas las instituciones, solo hunden más al país ¿ no cree?

Feliz viernes.