Ley Bitcoin de El Salvador ¿una innovación disruptiva?

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Pilar Pino Acevedo

La semana pasada el Salvador sorprendió al mundo con la noticia de que aceptaban el Bitcoin como moneda de uso legal. Es decir, que todo agente económico debe aceptar la criptomoneda como pago de un bien o servicio, estos intercambios no estarán sujetos a impuestos.

El pueblo de El Zonte se convirtió por efecto de la pandemia en epicentro del bitcoin, antes de reglamentarse el uso de esa criptomoneda.

El dólar estadounidense seguirá siendo la moneda de curso legal en el país y se utilizará como moneda de referencia para efectos contables. Cabe señalar que desde hace 20 años el Salvador dolarizó su economía para conseguir estabilidad de precios. Además, el país busca financiamiento para reimpulsar su economía que se contrajo un 7.9%  durante el 2020 a causa de la pandemia.

Esta Ley contempla a quienes no tienen acceso a las tecnologías para realizar transacciones con criptomonedas, porque lo que se promoverán capacitaciones y mecanismos para que la población puede acceder a intercambios con Bitcoin. 

Asimismo, el gobierno salvadoreño establecerá un fideicomiso de 150 millones de dólares En el Banco de Desarrollo de El Salvador, para que los agentes financieros puedan intercambiar, de ida y vuelta, dólares por Bitcoin a precios de mercado. De esta manera, se busca que la adopción de la criptomoneda crezca de manera orgánica, tomando en cuenta a quienes no deseen tener esta moneda por la volatilidad a la que está sujeta.

Se busca crear un santuario para las monedas digitales, un entorno seguro y predecible para los empresarios. Además de crear un corredor industrial aprovechando el potencial de energía geotérmica que tiene el país.

¿Inicio de una Innovación disruptiva?

El término de innovación disruptiva se refiere a las innovaciones que se originan en nicho de mercado que puede parecer poco atractivo o intrascendente, pero que termina redefiniendo toda una industria. Algunos ejemplos son las impresiones 3D, el internet y la inteligencia artificial. Producir rápidos cambios en los hábitos de consumo y modelos de negocio solo es posible mediante la innovación disruptiva.

Lo que está sucediendo en El Salvador con el Bitcoin sigue este patrón. Sin embargo autoridades monetarias de Estados Unidos, Europa y el Fondo Monetario Internacional (FMI), critican su volatilidad y sus costos de transacción. Especialistas señalan que la medida tendrá varias implicaciones económicas en la nación centroamericana, pues equivale a cambiar de régimen cambiario.

Gerry Rice, porta voz del FMI advirtió que la adopción del Bitcoin puede implicar una serie de riesgos y desafíos regulatorios. Además de que podría acarrear problemas macroeconómicos (inflación, porque no tiene control del nivel de precios ya que la economía salvadoreña está dolarizada), legales y de gobernanza económica.

El presidente salvadoreño, Nayid Bukele, afirmó que la criptomoneda ayudará a contrarrestar la baja penetración bancaria de El Salvador y reducirá el costo del envío de remesas. Según un índice de Bloomberg Barclays los bonos esta nación son los de peor desempeño de los mercados emergentes de los últimos días.

En El Salvador ven las cosas diferentes, el uso del Bitcoin con respaldo de Lightning Network, permitirá envío de remesas de EUA con tarifas bajas para los usuarios y permitirá la entrada de 1 mil millones de dólares adicionales a la economía. Según datos de Capitalista Visual las remesas en 2019 representaron el 20.8% del PIB de la nación.

Las interfaces de teléfonos inteligentes como Strike permiten hacer fáciles transacciones tanto en dólares como en Bitcoins, para las compras diarias. Los salvadoreños probaron este sistema por primera vez en el proyecto “Bitcoin Beah” de El Zonte con éxito, con un diseño para usuarios de bajos ingresos.

Si El Salvador tiene éxito, el país habrá demostrado por primera vez que Bitcoin puede ser desplegado por un Estado nacional soberano como un depósito de valor y un medio de cambio para las transacciones cotidianas, considerando que el 70% de población vive debajo de la línea de pobreza.