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Norma Galarza

Por Leobardo Bautista*

En México tenemos una profunda descomposición social que ha empujado a las generaciones más jóvenes y a los campesinos más pobres de todos los rincones de este país, a sumarse de manera voluntaria o forzada a las filas del narcotráfico.

La regulación de la marihuana y la amapola es la herramienta de una nueva política de seguridad pública, principalmente de Guerrero que es el productor que encabeza este cultivo y que posee una mano de obra abundante, vulnerable, pero
sobretodo rentable.

La Iniciativa para regular la marihuana indudablemente ayudará a disminuir la violencia, pero especialmente será la amnistía para campesinos y jóvenes acusados de venderla, así lo ha venido diciendo Olga Sánchez Cordero, Secretaria de Gobernación (SEGOB).

Detrás de estas declaraciones existe el problema de campesinos reclutados, de mujeres utilizadas para transportar droga, mejor conocidas como “mulas”, de jóvenes sin oportunidades y que son engañados para mejorar sus condiciones sociales.

Para todas estas personas, el despenalizar la marihuana significaría la liberación, pero además reducir las enormes filas de
reclutamiento al crimen organizado.

Los programas sociales no serán suficientes durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, pero enfocar las políticas públicas en la legalización de la Cannabis, podrá mejorar las condiciones económicas, y hasta sacar de la pobreza extrema a los miles de campesinos olvidados en administraciones anteriores.

La Comisión Federal para la Protección contra Riesgo Sanitarios (COFEPRIS), ha reportado un incremento en el porcentaje de químicos en los plantíos de marihuana, por lo que repercute de manera directa en la salud de los consumidores.

Por eso la importancia de que ambas cámaras, aprueben de manera urgente la Iniciativa de regulación y legalización de la sustancia.

Con la regulación también se benefician personas con enfermedades como es el cáncer, enfermos terminales de VIH/SIDA, personas con crisis epilépticas, y una lista larga de padecimientos que reducirían los síntomas debido a la utilidad terapéutica de la planta

La “Cuarta Transformación” tiene que trabajar sin miedo y sin prejuicios, a descriminalizar a las personas que poseen la planta para fines recreativos y  ponerle fin al desplazamiento de pueblos enteros, provocado por las organizaciones delictivas, que hunden y lucran con la pobreza de las sociedades.

*Egresado por la Universidad Autónoma Metropolitana.
Comentarios: bautista.leobardo@gmail.com