Lección del PRI a Morena: Unidad.

CON UNA INVERSIÓN SUPERIOR A LOS 8 MDP, INAUGURA GOBERNADOR PRESA  EN NOCHISTLÁN
03/04/2017
INAUGURAN CENTRO DE DESARROLLO INFANTIL Y ESTIMULACIÓN TEMPRANA
03/04/2017

Por Norma Galarza[author] [author_image timthumb=’on’]https://lacuevalobo.com/wp-content/uploads/2016/09/10551098_10205904391762577_7530896506276784084_n.jpg[/author_image] [author_info]Economista, librepensadora, villanovense y twittera. Sígueme como @normagala[/author_info] [/author]

Hay una diferencia sustancial entre el PRI y el resto de los partidos. El tricolor es, a pesar de que surjan pugnas internas, un ejemplo de unidad. Y es que, es esa, una de las características que ha mantenido al priismo en pie, pese a duras lecciones como la pérdida de la Presidencia en dos ocasiones (2000 y 2006). De dicho golpe, aunque  muchos “mal auguraron” no se lograría levantar; el PRI se puso de pie y como ave fénix resurgió de sus cenizas, gracias a la unidad. Esa unidad le rindió frutos en 2012, ya que arrasó recuperando la Presidencia, varios estados y la mayoría de las  curules. Hoy a pocos meses de que inicie el proceso electoral del 2018, que sin duda se ve complicado para el tricolor, la unidad puede dar sorpresas al menos en Zacatecas. Y es que frente a la unidad del tricolor, Morena el segundo lugar de las preferencias electorales se sigue desdibujando.

Al partido de AMLO, sin duda le caería bien una lección en ese aspecto de cara al proceso electoral que se avecina y que puede marcar un parteaguas en la izquierda mexicana. Y es que el terreno para ganarle al PRI, las alcaldías, los escaños en el Senado y en la cámara de diputados, es fértil, pero será decisión de  los morenistas demostrar madurez política o desgastarse en peleas internas como pasó en el proceso electoral pasado. ¿Podrá con el reto? Quien sabe

Por lo pronto hay personajes que siguen desgastando y lacerando desde dentro al partido del Movimiento de Regeneración Nacional al faltarle al respeto a la militancia en aras de demostrar que ahí “nomás sus chicharrones truenan”. Sí, adivinaron, me refiero a la “famiglia”  que no es siciliana pero cuyas costumbres políticas se asemejan a las de la mafia.

Y es que, el sistema caciquil que se quiere emular en el partido a través de las imposiciones de cuadros monrealistas y que no son bien vistos por el resto de militantes que han trabajado para forjar al instituto en estas tierras, es una de las taras que desunen al partido. Ahí tiene el caso de Priscila Benítez, quien emanó del priismo y por obra y gracia del espíritu del Duce, David Monreal, (por fascista) ascendió sin previa aceptación de las mayorías morenistas a la Coordinación Distrital.

 Priscila a quien por cierto desde adentro del partido se le acusa de no haber abandonado nunca sus nexos con priistas, no ha sabido ganarse la confianza de la militancia que siente pasos en la azotea y sospecha que Benitez en cualquier momento los va a traicionar. Además le atribuyen -como si estuviéramos en una película del popular 007- dotes de “espía”, y varios asumen casi con certeza que la ex priista  se infiltró con el firme propósito  de perjudicar a los morenos de hueso colorado (más bien un rojo oscuro como el color del partido). ¿Será? ¿O es mera paranoia preelectoral? Usted juzgue.

 Sin duda ese tipo de prácticas y fricciones internas exhiben una debilidad inocultable de Morena. Es preocupante que los clanes que se apoderaron del partido sigan en la cerrazón y no tengan capacidad de aprender las lecciones que les dejó el pasado proceso electoral.  Atropellar por decisión unilateral a personajes y militantes que sí han trabajado a favor del partido, puede demostrar en lo interno poder tribal, pero al exterior solo provoca que los votantes no veamos la diferencia entre “La esperanza de México y el resto de los partidos.

Esos errores tienen altos costos políticos y se pagan caros. Además no lo dude que, para variar el priismo sea quien capitalice los errores de los Monreal en Morena y sea el encargado de restregarle en la cara quien si sabe unirse el torno a un  fin; refrendar el poder político.  Al tiempo.