¿Las mujeres no son prioridad en la 4T?

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Citlaly Aguilar Sánchez

Por Citlaly Aguilar Sánchez

Después de que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, rindiera su informe, muchas mujeres comenzaron a cuestionar por qué no hubo una sola mención al aumento de feminicidios este año, a propuestas de políticas públicas para las mujeres o, tan siquiera, que nombrara a alguna funcionara cuando enlistó a empresarios y políticos mexicanos para felicitarlos por sus gestiones o acuerdos.

Ciertamente, en la agenda del mandatario no se ha visto con claridad lo relacionado a muchos asuntos, y particularmente lo relacionado con las violencia sistemática en la que las mujeres se encuentran. Se le criticó fuertemente cuando muchos centros de asistencia a mujeres fueron cerrados, o como él diría días después, “revisados” en cuanto a gastos y demás peculiaridades.

Si sumamos a esto que las imágenes institucionales del gobierno federal son hombres, y al parecer se agregaron mujeres posteriormente en algunos logos debido a la polémica que diversos movimientos feministas hicieron, además de que, en estos días sor Juana Inés de la Cruz, quien según Ana Macías, es una de las primeras manifestaciones feministas en este país, fue retirada del billete de doscientos pesos y sustituida con Miguel Hidalgo y José María Morelos, la Cuatroté pareciera tener una visión falocéntrica del poder.

Las mujeres figuraron en la agenda pública, según Miriam Lang, sobre todo en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, quien las incluyó más que por un verdadero interés, por buscar la manera de ganar públicos luego de que se cuestionara fuertemente su triunfo en las elecciones de 1988. La aportación de este presidente consistió en aumentar las penas a los delitos sexuales contra las mujeres, además de que varias mujeres que habían sido activistas pudieron ingresar en el escenario del poder. Sin embargo, muchas de las mujeres que estuvieron presentes en el gabinete salinista, replicaron los fundamentos patriarcales de desigualdad en la repartición del poder. Lo que destaca de este período es que la violencia fue uno de los primeros temas que el feminismo trabajó desde el Estado.

Siguiendo a Lang, los grandes cambios y aportaciones que ha tenido un gobierno a las causas de las mujeres se han dado por medio de las mujeres que, ya sea siendo activistas o políticas con ideologías de izquierda, han pugnado por mejores condiciones y el respeto a sus derechos humanos y políticos.

En ese sentido, si bien es cierto que, dada su ideología de supuesta izquiera, se espera de López Obrador mucha mayor conciencia y preocupación por la situación de las mujeres en México, también es cierto que nos falta cuestionar a las mujeres que están a su lado, y si es que ellas están pugnando por las demás, o solamente están ahí para cubrir una cuota obligatoria de género y aparentar que este gobierno sí las incluye.

Ciertamente, el presidente actual tendría que mostrar un enfoque mucho más plural en cualesquiera de sus expresiones, por muy mínimas que parezcan, y tiene la responsabilidad ética, moral y social de hacerlo, de eso no hay menor duda. Pero hay que no caer tampoco en el “mujerismo” y creer que por ser mujeres no se tiene también responsabilidad de velar por intereses si es que no se están haciendo valer.

¿Dónde están las mujeres de la Cuarta Transformación? ¿Qué están haciendo por contrarrestar la terrible condición de violencia en la que todas estamos inmersas? ¿Qué están haciendo para        que el mandatario federal no olvide que tiene la obligación de procurar justicia y seguridad para todas?

Si bien es cierto que las mujeres no tendrían ser las únicas que deban ver por las mujeres, que debiéramos ser una prioridad nacional como lo son otros temas, la realidad es que, hasta ahora, la lucha sigue dependiendo de nosotras, porque el patriarcado no quiere aprender a vernos ni a nombrarnos. En ese sentido, habría que valorar si aquellas que se dicen nuestras representantes realmente lo son o solamente son unas aliadas de las conveniencias patriarcales.