Las llamas

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Daniel Medina Flores

Aquí en mi pueblo el sol quema. Arde en la piel con tan sólo estar expuesto un pequeño rato. Quema como las llamas del infierno y por eso dicen que estamos sobre él, que vivimos justo arriba del infierno; otros dicen que no y otros que sí. Mi abuelo hace muchos años decía que no estábamos arriba del infierno sino dentro de él, “vivimos en el infierno”, decía cuando yo iba a visitarlo. Él ya murió y su recuerdo viene a mi mente cuando hace mucho calor porque… ¡Ay! Este dolor de cabeza.

¿El calor? Aquí es común. Todo el año se siente, ni siquiera en otoño o invierno se calma. Dicen que estamos sobre las llamas del averno. Mi hermana… Yo quiero a mi hermana y ella es la que habla de estar en ese feo lugar, creo que sólo lo dice por asustarme, porque en las noches yo escucho gritos. Una vez quise investigar quién gritaba, me levanté de la cama, fui caminando despacito, muy despacito para que nadie sospechara y entonces vi a mi hermana gritando, alguien estaba encima de ella mientras gritaba. “¿Quién es?” pregunté, ¡pero ella se enojó! “es mi novio”, dijo.  Entonces me dio un golpe en la espalda que ¡Ay como me dolió!

Creo que su novio era muy malo con ella porque ya no lo volví a ver en mi casa, pero mi hermana es muy bonita y a la noche siguiente estaba con un nuevo hombre. También fue muy malo, así que lo cambió apenas un día después por otro. A mi hermana la quieren mucho y por eso tiene un novio distinto cada día. Todos la hacen que grite. Yo quiero a mi hermana y ojalá pudiera gritar conmigo. Aquí el calor es insoportable, me hace sudar como cerdo y en las noches doy vuelta tras vuelta en mi cama hasta que las sábanas, mojadas por tanto sudor, se me pegan al cuerpo y provocan que el maldito calor sea insoportable. Ojalá hiciera frío, aire fresco… Yo quiero mucho a mi hermana. Una vez ella llegó a mi cuarto, ese día se quedó sin novio, yo estaba muy contento por verla así que le di un beso, la abracé y pedí que gritara pero eso la molestó, dijo que nunca más le comentara algo parecido, pero ¡Ay! yo quiero que grite conmigo.

El calor aquí ni Dios lo soporta, aunque según todos en el pueblo Dios ya no ha pasado por aquí desde hace mucho tiempo. A mí se me hace que está ocupado en otros lados, no puede fijarse en todo el mundo al mismo tiempo… Me duele la cabeza. Recuerdo que mi papá tuvo el mismo dolor dos veces: La primera se levantó como si nada, en la segunda me tocó el rostro, soltó una pequeña carcajada y se puso a dormir bien tranquilito. Yo no he vuelto a platicar con él, además, creo que nunca lo haré, a veces me pongo a pensar qué estará haciendo, unos dicen que me cuida, otros que no y que debo rezar por él, eso le ayudará en su nueva casa… Yo quiero mucho a mi hermana, quiero que grite conmigo.

¡Me duele la cabeza! el calor es insoportable, pudiera cubrirme con el brazo para que no golpeara directo en mi frente pero no puedo moverme. Ya se oculta el sol pero el calor va a continuar, creo que ahora es más intenso, como las llamas de un anafre… Yo quiero que mi hermana grite conmigo, recuerdo que muchas veces gritó con mi papá pero conmigo no. Ahora está todo oscuro. Dicen que estamos sobre el infierno, pero mi abuelo decía que no estábamos sobre él. No, él decía que estábamos dentro del infierno.