La violencia como parte del paisaje mexicano

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Pilar Pino Acevedo

México se ha convertido en el país más violento para vivir, en los últimos años, pero el recrudecimiento de la violencia del que hemos sido testigos nos intimida, nos asusta y nos hace sentir vulnerables, porque conocemos los niveles de impunidad y corrupción que imperan en las instituciones de justicia.

La violencia es intrínseca a la naturaleza humana, pero los hechos de terror son múltiples y ocurren todos los días, están lejos de los parámetros.

El asesinato de 2 sacerdotes jesuitas en la sierra Tarahumara de Chihuahua, derivó en el pronunciamiento del Conferencia Episcopal Mexicana: “El crimen se ha extendido por todas partes… Se han adueñado de las calles, de las colonias y de pueblos enteros, además de caminos, carreteras y autopistas… con niveles de crueldad inhumana, en ejecuciones y masacres que han hecho de nuestro país uno de los lugares más inseguros y violentos del mundo”. La Iglesia católica tuvo que poner el tema que nos afecta a todxs en la agenda, porque desde el ejecutivo este tema es soslayado.

En este país llegamos a la cifra de 100 mil personas desaparecidas, diario,11 mujeres y niñas son asesinadas, 7 adolescentes desaparecen cada día, adolescentes son reclutados de manera forzada, secuestros, extorsiones, incendian las casas de quienes no pueden pagar el derecho de piso, niños y niñas son baleados juntos a sus familias y asesinados dentro de templos, sin que haya consecuencias para los perpetradores. Lo que muestra el fracaso de la política de seguridad, que en nuestro estado parece ser inexistente.

“Abrazos no balazos” es la frase con la que el presidente renunció a combatir el crimen organizado de manera frontal -en el discurso, porque en los hechos militarizó el país- para dedicarse a combatir las causantes sociales de las violencias: la pobreza y la falta de oportunidades. Sin embargo, sus programas de transferencias económicas no han reducido los índices de violencia, por el contrario, siguen ascendiendo. 

Las razones: porque no son programas integrales de protección y atención al sano desarrollo de las infancias, somos el país número uno en abuso sexual infantil y embarazo adolescente, el sistema de procuración de justicia está colapsado. Además de la corrupción que existen en las delegaciones del Bienestar que utilizan los programas como incentivos electorales, condicionan su entrega y se convirtieron formas de desviar recursos públicos, como ha sido señalada la Secretaría del Bienestar de Zacatecas, en varias ocasiones 

Aún no existe un análisis de diagnóstico oficial para comprender el origen de las violencias y las responsabilidades institucionales que las perpetran. Se insiste en visiones simplistas, como que la violencia es producto del enfrentamiento entro grupos criminales. Esta visión dificulta la compresión y búsqueda de alternativas. Los objetivos de la política de seguridad han sido el descabezamiento de las organizaciones criminales mediante el abatimiento o detención de sus lideres; lo que ha derivado en que los grupos criminales se multipliquen, incrementando y diversificando las violencias.

El discurso desde el Estado ha fluctuado entre el “andaban en malos pasos”, “daños colaterales”, “el cobro de piso está controlado”, “se acabaron las masacres”, “ya ​​no hay impunidad” o simplemente omitir el tema. La explicación de la violencia no es unidimensional. Las violencias se gestionan desde lo local entre diversos actores, públicos y privados, por el control de territorios, recursos y mercados lícitos e ilícitos. No se trata de actores aislados sino de redes interconectadas que demandan impunidad.

El Estado y sus instituciones se encuentran capturadas por intereses ilegales y sus redes. Las instituciones ordinarias que procuran justicia se encuentran colapsadas. El uso de la violencia policiaca directa, que en este sexenio ha recaído en la Guardia Nacional haciendo funciones de policía, contra los criminales. Esta forma de proceder ya ha dejado ejemplos palpables de que los criminales se han envalentonado al grado de dejar a manera de regalo de reyes a nuestro Gobernador una camioneta llena de cuerpos. Mientras eso sucede, también se ha evidenciado que los programas sociales no han servido para brindar oportunidades a los mexicanos que permitan bajar los índices de desigualdad, lo que posiblemente traería consigo la pacificación del país.

Estoy de acuerdo en que se ataquen las causas sociales del problema de la inseguridad en México, pero también es imperioso manifestar al gobierno la necesidad de profesionalizar las labores de seguridad del país y que el funcionariado público se comprometa a dar resultados en su trabajo. Así como una masa crítica social sin la que difícilmente se podrán iniciar los cambios necesarios para consolidar un sistema democrático que no tenga los aberrantes índices de violencia e impunidad actuales.

López Obrador es el tercer presidente que falla en la estrategia de seguridad, el problema es que esta falla significa pérdida de vidas humanas. Las cifras en efecto, dicen que los homicidios dolosos cambiaron a una tendencia decreciente; sin embargo, las desapariciones no parar de crecer. Cabe preguntarse que relación tiene una tendencia con la otra. Además, que los desplazamientos forzados aumentaron, y el nuevo fenómeno de la gobernanza del narco en varios territorios del país.