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Por LCPAP Christian del Havre*

Mi ideal político es el democrático. Cada uno debe ser respetado como persona y nadie debe ser divinizado”, Albert Einstein.

¿Qué tienen en común personajes como Hitler, Mussolini, Chávez, Fujimori y Erdogan, ciudadanos que llegaron al poder mediante elecciones democráticas y que cambiaron sus países mediante la ley hasta erigirse en personajes casi divinos y con una ciudadanía derrotada, desorganizada, desvinculada y a sus pies? 

Un sistema político que se minó por la corrupción y falta del estado de derecho, partidos políticos que dejaron sus causas y renovación de sus filas, por el voto cooptado mediante estructuras clientelares, fue el caldo de cultivo de una narrativa que describía una elite de gobierno corrupta y la esperanza de construir un país con oportunidades para todos y mediante la riqueza de sus recursos naturales mejorar la vida de los pobres; así fue como Hugo Chávez llegó al poder, con una legitimidad y aceptación nunca antes vistas.

Según los autores Levitsky y Ziblatt en su obra “Cómo mueren las democracias” mencionan que a diferencia de los años 70’s con los golpes de estado latinoamericanos y de los países satélites de la guerra fría, en la actualidad, el retroceso democrático empieza en las urnas. En este sentido mencionan que hay cuatro indicadores clave del comportamiento autoritario de algún político advenedizo o popular.

La primera es “el rechazo de las reglas democráticas del juego”, podemos recordar aquella frase dirigida por el ahora titular del ejecutivo federal López  “al diablo con las instituciones”, después minando la ley bajo pretexto de consultas ciudadanas, que dan al traste a inversiones y comienza a generar incertidumbre económica en nuestro país, que conlleva al inicio de la recesión y al nulo crecimiento económico del 2019.

La segunda es “negación de la legitimidad de los adversarios políticos”, desde la campaña y en cada punto de encuentro mañanero, se ha dicho que la oposición al presidente es corrupta, fifí, conservadora y hasta más de treinta calificativos o yo diría descalificativos, que minimizan y ridiculizan las acciones u opiniones de adversarios políticos o medios de comunicación que señalan sus desaciertos. Los ha vinculado con delincuentes y ha creado casos legales “legítimos” donde pone en el paredón a todos aquellos rivales que le generan ruido a su gobierno.

La tolerancia o fomento de la violencia”, esta regla se aplica perfectamente en la polarización social entre “chairos y fifís”, como discurso narrativo diario desde la presidencia de la república ha generado que familias y comunidades estén en pugna diaria por quien debe ser más valorado; la frase de “abrazos y no balazos” como política de seguridad, ha generado que al día de hoy tengamos más homicidios dolosos con más de 60 mil, eso no es estrategia es tolerancia.

La ultima regla general o indicador de un comportamiento autoritario es “la predisposición a restringir las libertades civiles de la oposición, incluidos los medios de comunicación”, en este punto se pueden ver claroscuros, ya que si bien el titular del gobierno no se ha pronunciado por restringir las libertades políticas, desde su partido han hecho propuestas para restringir las libertades mediante la propuesta de ley mejor conocida como ‘ley anti  memes’, presentada en agosto del año pasado para reformar el artículo 149 Ter del Código Penal Federal, donde se pedía hasta 4 años de cárcel. Cabe destacar la serie de cambios en los medios de comunicación con una persecución a periodistas y comunicadores como Marín, Loret, Beltrán del Río y Gómez Leyva, y treinta periodistas asesinados en el actual sexenio.

Cabe señalar que estas cuatro reglas no son los únicos indicadores, la permanencia del régimen mediante la cooptación de instituciones, recursos y los otros dos poderes; la demolición y reducción de las otras voces ya sea políticas o ciudadanas; la persecución institucional desde el gobierno y la ridiculización de la oposición mediante una estrategia de estado, la concentración del presupuesto y su gesto discrecional a capricho o voluntad del gobernante, la modificación de leyes e instituciones en beneficio del que detenta el poder para llegar a su divinización y demoliendo el régimen democrático.

Mi pregunta a esta primera parte es ¿Dónde están los responsables de cuidar la democracia y la ciudadanía?

Nos leemos en la próxima, que esta historia continuará…

**Christian Adalid del Havre Cordova (Christian del Havre) // Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública// actualmente estudiante de la Maestría en Estudio y Solución y Problemas Públicos de la UAZ// Consejero Estatal del PAN y miembro de la comisión permanente // Capacitador Nacional del PAN // Consultor en Desarrollo Humano // Experiencia en la docencia en la educación media superior // Funcionario público en los tres niveles de gobierno.