La Miss Universo mexicana; cosificación en un país letal para las mujeres

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Pilar Pino Acevedo

 Andrea Meza fue coronada este domingo como Miss Universo en la edición 69 del que es considerado el máximo certamen de belleza a nivel mundial. Las redes sociales se inundaron de mensajes de orgullo por nuestro país.

¿De verdad el logro de una mujer cosificada es lo que nos da falsa sensación de identidad nacional? Vivimos en un país donde asesinan a 11 mujeres y niñas cada día, y cada 4 minutos ocurre una violación. ¿Festejamos que una mexicana cabe en los estándares de belleza que son imposibles para la mayoría de las mujeres? Algo está mal en nuestra sociedad.

El concurso de Miss Universo nació en 1920 en los Estados Unidos, el mismo año donde la lucha sufragista de mujeres logró el derecho al voto. Un grupo de empresarios buscaba expandir la temporada de compras más allá del día del trabajo y decidió que un concurso de mujeres lo lograría. Por supuesto que los jueces fueron hombres. Una vez más el capitalismo echa mano del patriarcado, para someternos. Porque el capitalismo deshumaniza a las personas y el patriarcado cosifica a las mujeres. 

El concurso fue una manera simbólica de recordarnos a las mujeres que no importa cuánto avancemos en la sociedad, al final del día la sociedad nos aplaude con más ahínco cuando nos ponemos un traje de baño y buscamos aprobación externa. 

“Las mujeres no están siendo cosificas, se están empoderando”

Este concurso de jacta de empoderar e inspirar a las mujeres para lograr sus metas y sueños, para que sean agentes de cambio de nuestras sociedades, ya de por sí, el término empoderamiento no nace de las corrientes feministas, sino que nos fue impuesto por el Banco Mundial. Se apropian de un discurso que no entienden. A las feministas nos importa lograr la igualdad entre hombres y mujeres, erradicar la violencia de género, que sean garantizados nuestros derechos sexuales y reproductivos. No nos interesa caber en estándares de belleza opresivos que cambian cada año con la moda.

Los requisitos para concursar son similares a los que piden los grandes corporativos para trabajar: ser jóvenes, no tener hijxs, no estar casadas, estatura mínima y peso máximo (estos dos últimos es utilizado bajo el eufemismo de “excelente presentación”). Las mujeres deben asimilar los preceptos patriarcales para recibir un premio. Son juzgadas y criticadas, pero todo en medio de una pomposa celebración de seudoempoderamiento. 

Mientras las demás observamos el certamen y las fotos de las candidatas para que nos quede claro que no somos lo suficientemente hermosas para competir por la gran presea, por la corona que indica que somos “más” y “mejores” que las demás, al menos por un año. 

Los verdaderos problemas de las mujeres en todo el mundo son postergables, porque lo que IMPORTA, es quién es mejor que todas, quien se ve mejor en traje de noche. Mo importan la violencia de género, la feminización de la pobreza, la desigualdad salarial y la falta de representación política de las mujeres.

“Queremos que las mujeres aprendan a amarse a sí mismas”

Este eslogan es el más contradictorio de todos, porque sabemos que quienes no entramos en los requisitos y en los estándares de belleza actuales, jamás tendríamos una oportunidad. Mujeres de baja estatura, con sobrepeso y capacidades diferentes no podrán siquiera entrar en el concurso. Es decir, se les enseña a tener hambre por aprobación masculina y patriarcal para ser validadas como mujeres.

En las sociedades patriarcales y machistas a las niñas se les educa para que verse bien, pues es lo más importante, no importa si eres inteligente mientras tu aspecto sea adecuado. Para ser amada debes ser bonita, alta y delgada. Si logran la corona serán las más bellas por un año entero; sin embargo, pasado el tiempo son desechadas, deben buscar nuevo modelo porque la belleza no es eterna es caduca.

Quienes festejan el triunfo de Andrea Meza se interesan más por la belleza de las mujeres que por sus derechos fundamentales. Por mi parte, ¡yo odio este y todos los concursos de belleza! Los odio tanto como me odiaba a mí por no entrar en esos parámetros, por no ser delgada y alta. Los odio porque a muchas mujeres nos hicieron odiar nuestros cuerpos y nos frustraron por no lograr lo imposible.

Los odio porque nos califican en función de nuestra apariencia; porque fomentan la competencia, la envidia y el odio entre nosotras. Los odio porque quiero que las niñas crezcan libres, que se unan con otras para hacer sinergias y se amen a sí mismas por los que son, porque merecen crecer sin sentir que deben ser bonitas para ser amadas, merecen recibir amor de otras mujeres y no competencia.