La inseguridad, el gran reto de AMLO

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Norma Galarza

Por Norma Galarza

Es posible que Jorge Ramos no sea un ejemplo de imparcialidad como lo ilustra el caso inventado de hambre en Venezuela; pero la respuesta contra el periodismo crítico del Presidente no solo daña la percepción contra la actual administración también evoca fantasmas dañinos de autoritarismo.

Y es que, el origen del exabrupto de AMLO no es un invento. Las cifras no engañan cuando de inseguridad en México, se trata. El Presidente se mostró a la defensiva ante un asunto que todos sabemos llevará años paliarse porque evidentemente se ancló en nuestro país bajo el amparo de cacicazgos políticos corruptos y burócratas abúlicos que prefirieron dejarle el poder a los grupos del crimen organizado ganando algo en lugar de arriesgar hasta la vida.

Los engranes que llevaron al poder de facto a los dueños de las armas, se aceitaron por generaciones de priistas, perredistas y pannistas en el poder, pero vieron su auge en la estrategia torpe de Felipe Calderón de enfrentar con el ejército a un grupo armado para quitarle la competencia a otro con el que tenían impresentables acuerdos. El ataque frontal pavimentó el país con cádaveres de los peones del narco mientras se protegía desde el Estado a sus jefes.

El tiempo demostró que la guerra lanzada por Calderón con la venia de Whashingtón, se trató de una vil simulación. Con la llegada de Enrique Peña Nieto al poder, el regreso del PRI llegó refinando en los modos no solo de saqueo público sino refrendado acuerdos corruptos con células municipales y estatales de los grupos de la delincuencia organizada en varios puntos del país.

Los baños de sangre siguieron mientras las insituciones de impartición de justicia cedían el paso para ser sustituídos y coptados por los delincuentes. Ese escenario fue el que encontró Andrés Manuel López Obrador hace 5 meses. La innegable desolación ante la criminalidad enquistada en los sistemas de procuracion de justicia en todos los niveles de gobierno.

Ante este panorama y la falta de definición sobre las funcones que tendrán la recién aprobada Guardia Nacional es ilógico pensar que las matanzas, los secuestros, acabarían por decreto.

No se puede clausurar a base de frases matonas y verborrea mediática el hecho de que el país sigue en manos de los grupos del crímen organizado, además de que la cacareada Guardia Nacional al menos en Zacatecas sigue brillando por su ausencia.

AMLO no sólo se enfrenta a la penetración del hampa estratégicamente en todos los niveles policiales, se enfrenta a la multiplicación de cárteles. Nuestro estado ilustra a la perfección esta afirmación ya que en 2008 cuando empezó la guerra campal en Zacatecas sólo había dos grupos disputando el territorio, hoy, como lo declaró hace días Francisco Murillo Ruiseco, existen 6. Y pese a que Alejandro Tello urgió hace días a que ya llegue la Guardia Nacional, la integración de dicho cuerpo sigue dejando huecos informativos.

Sin duda, la estrategia contra la inseguridad de López Obrador sigue dispersa. Apoyo hasta cierto punto la visión de que atacando de forma frontal la pobreza se le arrebatarán soldados al narco, sin embargo a esa estrategia le faltan puntos por pulir.

Urge limpieza en las corporaciones policiacas, capacitación y también ataque frontal a la corrupción, para acabar con la impunidad que impera en casos de homicidio y secuestro, ante la evidencia de que para justificar esa impunidad la estrategia del gobierno es la de criminalizar a las víctimas en lugar de encerrar a los asesinos. Pasó hace hoy justamente 8 días, ante los homicidios de dos personas, el clamor de justicia fue aplacado a través de la estrategia de relacionar a las víctimas con sus posibles asesinos. Así no, nos hundimos más.

Sin duda el reto que enfrenta AMLO no será fácil. La estrategia de matar al mensajero no puede prosperar ante una realidad que nos rebasa y no se puede ocultar.
Quizá sea un personaje que llegó al poder contando con el respaldo de multitudes, pero que no se le olvide que no hay lealtades eternas. Los que votamos por él lo hicimos motivados por el hartazgo en el que nos hundieron sus antecesores.

Si su idea para calmar la exigencia de seguridad es la simulación, seguramente la factura se le pasará en el próximo proceso electoral.

Finalmente no queremos que haga milagros, ni tampoco exigimos resultados inmediatos. Queremos que sienten bases, que ponga los cimientos contra la corrupción y la impunidad, más allá del discurso. ¿O no?