La inseguridad desbordada ante un Estado tibio

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Norma Galarza

El día de ayer Andrés Manuel López Obrador visitó Pinos un día después del asesinato de un Servidor de la Nación en aquel municipio, ocurrido al ser víctima de un robo. Hubo mutis en el tema, el Presidente vino a refrendar compromisos de salud, mientras la inseguridad sigue siendo una preocupante  asignatura pendiente.

Los recientes ataques del crimen organizado en Michoacán y el registrado contra elementos del ejército al mediodía de ayer en Guerrero,  ponen en el ojo del huracán la estrategia de AMLO en materia de seguridad. Si bien es cierto que no hay fórmula rápida para paliar el clima de violencia generalizado y enquistado en nuestro país desde hace ya más de una década, urge replantear el ataque contra la notoria impunidad que siguen percibiendo los civiles armados.

No se niega que el escenario encontrado fue desolador, sin embargo la criminalidad sigue sembrando cadáveres ante una perceptible incapacidad del gobierno para responder.

Ante lo poco efectivas que resultaron las estrategias contra la inseguridad de los últimos dos sexenios en los que el crecimiento exponencial de la criminalidad se dio ante la inocultable coerción de autoridades municipales, estatales y federales con los delincuentes, el nuevo gobierno, se replanteó de inicio, la aplicación de un método que tuviera en su vértebra el ataque frontal a las causas del engrosamiento social de los cuerpos delictivos.

Para Andrés Manuel López Obrador las condiciones de vida precarias de más del 50 por ciento de la población del país, es la causa principal por la que al crimen organizado se le facilitó adquirir soldados, jóvenes en su mayoría, dispuestos a realizar todo tipo de tareas ilícitas. De ahí que la columna vertebral de la Estrategia Nacional de Seguridad Pública (ENSP) consista en proyectos encaminados a brindar oportunidades de ingreso a los jóvenes, como subsidios económicos a este sector poblacional, entre otras estrategias de combate a la pobreza.

 En ese sentido, ocho son los vértices que contiene la ENSP: erradicar la corrupción y reactivar la justicia, garantizar empleo, educación, salud y bienestar; pleno respeto a los derechos humanos, reformular el combate a las droga (legalizar estupefacientes como la marihuana), regeneración ética de la sociedad (¿?), emprender construcción de la paz; recuperar y dignificar centros penitenciarios y una última que gira en torno a reorientar el trabajo de las fuerzas castrenses “en la que el objetivo sea la paz,  no la guerra” (López Obrador, La Salida, 2018).

A grandes rasgos el método que planea usar la actual administración para lograr la paz, es no alimentar el fuego con más fuego. ¿Pero por qué no está funcionando si en teoría, es una estrategia pertinente ante la desbordada inseguridad? En lo personal creo, que el objetivo humanista del proyecto de paz  funcionará en el largo plazo, pero ¿cuántas muertes se seguirán sumando mientras llega la solución? al respecto, sin duda urge (y citando a Ikram Antaki) “que el Estado dé prueba de su autoridad”.

En torno a eso, es evidente que el proyecto para lograr la paz que propone el actual gobierno llegó 10 años tarde. La apuesta para lograr que la criminalidad pare a través de sentar las bases para un país más justo y equitativo, debió empezar antes de ser rebasados por la violencia.

 No obstante, no se cuestiona la idea de construirla a partir de una teoría basada en mejorar las condiciones de vida de los pobladores aunado a un trabajo con la conciencia social,  suena utópico, ya que las sociedades no son entes maleables al antojo. Se cuestiona la falta de autoridad que sigue mostrando el Estado, ante los reiterados hechos violentos, se cuestiona que más allá del discurso “feliz, feliz” de las mañaneras, en las calles sigue la percepción de ingobernabilidad.

Los ataques contra las fuerzas castrenses en los últimos días, la imparable violencia en Tamaulipas, recrudecen la percepción de que las fuerzas armadas siguen rebasadas por los criminales.

Ante ese panorama y ante la evidencia de que en tiempos de guerra, a un enemigo que no da tregua se le debe atacar por varios frentes, la única forma posible que el poder en materia de seguridad vuelva a manos del Estado, es que éste no muestre flaqueza ¿no cree?