La facilidad con que lavan dinero en México

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Por Norma Galarza

Una entrañable amiga me contaba hace algunos meses que en su municipio -uno de los 58 que componen al Estado-, era común que integrantes de la célula del crimen organizado dominante en ese lugar lavaran dinero a través de “changarros”, como diría el ex Presidente Vicente Fox. El mecanismo era simple, el delincuente le ofrecía al particular “ayudarle” a poner un puesto de tacos, por ejemplo, para el que desembolsaba unos  150 mil pesos. En contraparte, el nuevo emprendedor se comprometía a regresarle íntegros 100 mil pesos y el resto era su ganancia por participar.

Pecaría de mentirosa si dijera que no es muy tentadora la oferta, y que en una región donde es imperante la falta de oportunidades esa opción no le facilitó a mucha gente el sueño de poner un negocio. Aunque se requiere mucho miedo y principios para no ceder ante algo que a la larga implicará siempre problemas, con el auge del narcotráfico como poder de facto esta actividad es cada vez más descarada. Además hay personas que piensan que lavar dinero no es en un delito tan grave como asesinar o secuestrar, por lo que le entran al negocio sin protestar.

 Si así funciona a nivel micro ahora imaginemos cómo funciona el negocio a nivel macro. ¿Cuántos acuerdos de ese tipo se harán todos los días a lo largo del país, pero hablando de millones de pesos y con peces más gordos e incluso con personajes ligados a la vida política del país? cientos. Y las cifras así lo señalan,ya que de acuerdo a datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública se estima que cada año se lavan en México 50 mil millones de dólares de origen turbio. Y nadie supo ni vio nada.

Sin lugar a dudas el lavado de dinero es un negocio de beneficios bilaterales, no es casualidad que el Gobierno Federal omita cortar las raíces de un problema incrustado en la médula de las instituciones. De ahí viene el fracaso de esta masacre que han querido disfrazar con el mote de “guerra contra el narco”, pero que tiene pinta más bien de genocidio, ¿Es casualidad que los muertos los pongan los estratos sociales más bajos? yo no me la creo.

Han pasado 11 años de que se implementó esta estrategia que solo ha permitido que corran los ríos de sangre que por cierto, siendo autocrítica, como sociedad adoptamos ya sin protestar como parte de la escenografía diaria. Lo que tenemos es una vergonzante  simulación que se reproduce en todas las entidades federativas sin el más mínimo pudor y lo más grave, ante los ojos apacibles de la sociedad.

Además, es evidente que en ese negocio hay intereses de gente importante, esa que en México no se toca ni con el pétalo de la ley de lavado de dinero que resulta ser letra muerta. El hecho de que el departamento del Tesoro de Estados Unidos exhibiera a dos conocidos personajes nacionales -quienes por cierto tienen vínculos muy cercanos con el Presidente-, es sólo la punta de iceberg. Hace días, uno de mis contactos de Facebook  señalaba que tenía la sospecha de que el narco es más oficial de lo que nos quieren hacer creer, y coincido.

Los acuerdos que se dan entre las cúpulas del poder con los empresarios de la muerte, no son escasos, de ahí surgió la idea de optar por la estrategia fácil de echar a las calles a las fuerzas armadas para simular que existe un “ataque frontal” contra este mal, en lugar de atacar la médula de un problema que ha convertido a nuestro país en un infierno al que al parecer no se ha adaptado la puerta de salida.