La compleja asignatura de la inseguridad

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Por Pilar Pino

 

Este martes a todas y todos nos sorprendió la noticia de la masacre de la familia del activista Jaime LeBarón, ocurrida  entre los  límites de los estados de Sonora y Chihuahua. El saldo de la masacre, son las muertes a manos del crimen organizado de  tres mujeres adultas y seis niños y niñas (incluidos dos bebés). Este hecho no sólo nos indigna como sociedad, nos hace pensar en la actual estrategia de seguridad. No puedo decir que sea experta en esta materia, porque no lo soy y no pretendo serlo. Me limitaré a hacer un análisis desde mi punto de vista.

Durante los 12 años que, Andrés Manuel López Obrador, estuvo en campaña, tuvo tiempo de analizar y construir un discurso de diversas problemáticas sociales; sin embargo, el tema de seguridad no fue objeto de su estudio hasta que le fue atractivo electoralmente. Fue notorio al cambiar el discurso de un desmilitarización de las calles a la creación de la Guardia Nacional.

Si bien, tiene bien identificadas las causas de fondo que se atienden en largo plazo, como es la pobreza y la desigualdad. Lo que se está atendiendo en las políticas y programas del bienestar –espero que no se detenga, ya que es parte importante para la reconstrucción del tejido social-, el fortalecimiento de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), cuya función es identificar delitos como el lavado de dinero, enriquecimiento ilícito y peculado. Lo anterior, en congruencia con su discurso anticorrupción. Espero que este proyecto continúe y se pueda construir un estado de bienestar, que garantice empleo, educación y salud universal para toda la población.

Pese a ello, no hay una clara estrategia en el corto plazo para garantizar la seguridad de las y los ciudadanos. Bien lo dijo Keynes “en el largo plazo todos estaremos muertos”, por ello la urgencia de implementar una estrategia de resultados inmediatos. En la que deben entrarle al tema de la legalización de estupefacientes y no permitir que los Estados Unidos sigan presionando en  cortar cabezas de capos que, como ya hemos visto sólo genera más violencia y que se formen pequeñas células de crimen organizado cuyos delitos laceran directamente a la ciudadanía, con delitos como extorsión, abuso sexual, secuestro y robo entre otros.

Nuestros vecinos deben asumir su responsabilidad en este problema y debe ser ellos quienes regulen la entrada de estos mediante el control de la demanda (con políticas públicas de prevención y por muy doble moral que sean con la legalización), sobre todo con el tráfico de armas. Lo que es algo difícil debido a los altos márgenes de utilidad que genera la industria armamentística para la economía estadounidense.

Retomemos lo ocurrido en Culiacán, Sinaloa con el operativo fallido para aprehender a Ovidio Guzmán. En lo que voy a refrendar mi postura a favor del presidente al soltarlo, para evitar una masacre mayor. Sin embargo, sí crítico el operativo. La mitad de los activos de seguridad se encuentra deteniendo a migrantes centroamericanos, por tanto, no tiene la total capacidad para atacar al cartel más grande y mejor organizado que opera en nuestro país. Lo preocupante y quiero recalcarlo, es que durante más de 24 horas, la ciudad estuvo bajo sitio con la desaparición total del Estado en sus tres órdenes de gobierno, generando una especie de estado de excepción, sin que fuera prioridad la soberanía nacional; sino, por el famoso Estado Fallido al perder el monopolio legítimo de la violencia.

El presidente Trump ofreció que el ejército estadounidense entre a nuestro país para empezar una guerra contra el crimen organizado, lo que supondrá una verdadera masacre y sobretodo la pérdida de la soberanía nacional, afortunadamente AMLO lo rechazó de manera inmediata y diplomática –oliendo las oscuras intenciones que como siempre que hay guerra, reactivaría aún más la economía estadounidense con beneficios electorales para Trump-.

La inseguridad es un problema que nos afecta a toda la población. Es un problema que se arrastra desde hace décadas y no podrá solucionarse de fondo totalmente en el corto plazo. Por ello la 4T debe poner especial atención, porque al ser AMLO la representación de la esperanza por un nuevo país. La gente puede caer en la decepción y terminar en un gobierno con un discurso opuesto tal como ocurrió en Brasil, al elegir a un personaje de ultra derecha, Jair Bolsonaro.

A nivel estatal un primer paso sería refrendar las acciones de seguridad, fortalecer y mejorar las instituciones de procuración de justicia. Asimismo, que la Legislatura local homologue leyes tan importantes y necesarias como la Ley General en Materia de Desaparición Forzada de Víctimas y no dejen que dicha iniciativa se entibie por cuestiones político-electorales.