La belleza está en los filtros

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Citlaly Aguilar Sánchez

Por Citlaly Aguilar Sánchez

Desde hace unos años se ha desvelado que el racismo prevalece en México en las prácticas sociales y que marca pautas de convivencia. Datos del Inegi y de diversos organismos han mostrado que el color de la piel de los mexicanos predispone incluso al momento de solicitar un empleo o de mantenerlo.

A manera de un cuadro de casta novohispano, en este país aún se ve a los de piel blanca por encima de aquellos que tienden a colores oscuro, es decir, con mayores privilegios, y con una percepción de mayor confiabilidad.

En ese sentido, en nuestra era ocurre también un hecho curioso, y es que, debido a que convivimos con la tecnología como si se tratara de una prótesis, nuestros celulares nos acompañan día a día llevando registro fiel de todo lo que hacemos; tendemos a fotografiar cada momento y es por esta razón que las aplicaciones fotográficas cada vez tienen funciones más avanzadas. Lo que llama la atención, entre otras cosas es que, cuando se trata de retratos, las opciones para “embellecer el rostro”, además de agrandar los ojos, adelgazar las mejillas o desvanecer manchas y puntos negros, ofrecen un efecto blanqueador.

Aún más curioso, cuando uno ve la configuración de algunos dispositivos, se puede acceder a la opción de embellecer el rostro, y en una escala de 1 a 10, 1 es la piel morena, mientras que 10 es mucho más blanca. Es decir, entre más blancos, más bellos.

Esto pareciera no ser grave, pero si consideramos que siempre ha existido un fuerte rechazo a las pieles morenas, el que haya este tipo de “opciones” con las que convivir en el día a día, simbólicamente se enraiza dicha concepción.

A la par, plataformas digitales como Netflix, ha censurado en los subtítulos la palabra “negro” o “negra” para referir a los afrodescendientes, y lo ha traducido como “moreno” o “morena”, como una forma de fomentar la tolerancia y de no perpetuar el racismo. No obstante, más allá de las palabras, el racismo tiene profundas raíces en lo visual, en el bombardeo diario del canon occidental por antonomasia, en el que la piel blanca, el cabello rubio y los ojos de color han sido la medida para reconocer lo que es bonito de lo que no.

En México, al ser descendientes de indígenas y españoles, encontramos una gran variedad de tonos de pieles, y mientras más tienden a lo ibérico más atractivos a la vista nos suelen resultar, mientras que si es de la otra manera se nota cierto rechazo.

Sin embargo, para los mexicanos estas prácticas están muy interiorizadas, por lo que no es fácil reconocerlas siempre. En mi caso, que tengo una piel paliducha, no había padecido algún tipo de rechazo por estas cuestiones, y después de un viaje a la playa, más de tres me han dicho que estoy muy morena, sin dejar de poner en la cara una expresión como de disgusto, lo cual ha llamado mi atención.

Desde luego que tengo consciencia de lo mal que suenan las líneas anteriores, que se lee como la típica opinión de una “whitexican”, no obstante, también es cierto que mientras uno vive bajo ciertos preceptos “privilegiados” es más difícil concebir los otros. Y si en un nivel sumamente pueril ahora me he sentido rechazada, qué terrible resulta pensar en todos quienes por cuestiones de raza han sido reprimidos, perseguidos o matados.

¿Existe una forma de combatir el racismo? Me atrevería a decir que no, que en el mejor de los casos se pueden criticar, y ya se hace, los cánones de belleza; que se debe seguir visibilizando el odio que genera esta manera de ser; pero la herencia de más quinientos años que tenemos los mexicanos de esto tiene unos hilos muy largos y profundos, los cuales incluso se podrían acentuar con la obsesión por los filtros blanquizadores.