José Manuel Mireles, el mexicano que desafió a Peña Nieto.

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A poco más de un año del apresamiento del Doctor Mireles ¿el gobierno ganó por nuestra desmemoria?

Columna publicada el 2 de junio del 2014

Por Marco Casillas (homenaje póstumo. Primer aniversario de su muerte)

Dedicado a actividades campesinas en la región de Tierra Caliente en el Estado de Michoacán, al doctor José Manuel Mireles le cambió radicalmente la vida, primero al incorporarse como miembro activo del grupo de Autodefensas de esa región, en combate frontal al grupo de delincuentes conocido como los Caballeros Templarios y en defensa de una población asolada por ese cártel, al que le tenían que pagar comisiones, derechos de piso, bolsas por secuestro, extorsión, etcétera.

 

Mireles es un hombre alto, mide poco más de 2 metros de estatura, tiene la voz firme y habla con seguridad. Tal vez eso le valió que lo hayan designado vocero de los Autodefensas. Este empresario limonero es, de los que se quedan callados frente a las injusticias gubernamentales. De hecho, aquel video difundido ampliamente por redes sociales en el que reclama al Presidente Peña su ineficacia, irresponsabilidad y falta de interés para resolver a fondo la terrible situación de violencia e inseguridad, corrupción y tráfico de influencias que agobian al bello Estado purépecha, es tan sólo un ejemplo de la claridad con la que el Doctor se expresa.

 

Pero en México pareciera que decirle sus verdades al gobierno es un delito que el Estado considera gravísimo. Tan grave que al más puro estilo de la mafia (la venganza es un platillo que se come frío) los operadores peñistas aguardaron el momento exacto, para abalanzarse contra quien protestó y actuó motivado por el incumplimiento federal de devolver la paz y la tranquilidad al Estado michoacano.

 

No se alineó Mireles y toda la fuerza del Estado le cayó encima con actitud cobarde y puerca, para someterlo y evitar más desafíos. “Estaba yo armado con una pata de pollo que me estaba comiendo” cuando fui detenido. Como si fuera un vulgar delincuente, no el valiente ciudadano y luchador social que es, elementos del ejército mexicano, de la policía federal y de los cuerpos de seguridad michoacanos, lo apresaron.

 

Por supuesto el cliente se merecía todas las atenciones de rigor. Hostigamiento, tortura física y psicológica, y el insultante trato que acostumbran dar militares y policías, respondiendo a las indicaciones superiores de quienes con rencor no toleran ni la más mínima expresión de crítica.

 

Al Doctor Mireles lo trasladaron desde la sucursal de “El Pollo Feliz” de la comunidad de La Mira en Michoacán, hasta el Centro de Readaptación Social número 11 de Hermosillo Sonora. Ahí fue rapado y rasurado de barba y bigote. En videoconferencia ante el Juez Quinto de Distrito con sede en Uruapan y tras reservarse su derecho a declarar, el acusado sólo pidió al Juez, que le restituyan sus derechos, ya que aseguró que no ha recibido sus medicamentos para la diabetes que padece, ni alimentos ni bebidas, además de que lo han lastimado del cuello y de los pies al momento en que le colocan unos grilletes para caminar y ser trasladado de un lugar a otro, dentro del Penal de Máxima Seguridad.

 

Por lo pronto, y tras la solicitud de duplicidad del término constitucional para la presentación de pruebas, el Juez tendrá como plazo hasta el 5 de Julio a las 23:50 horas para determinar la situación jurídica de José Manuel Mireles Valverde.

 

Mireles, comienza a convertirse en un fenómeno y no son pocos los grupos y organizaciones sociales, así como personas en lo individual que exigen su liberación. La pregunta fundamental es: ¿Cuál es la lógica de acción justiciera del Estado mexicano y en base a qué tipo de acuerdos se presenta una circunstancia, en la que un narcotraficante con las características de crueldad de “La Tuta” se pasea por Michoacán sin que nadie lo moleste y un luchador social como el Doctor Mireles es aplastado por la bota vengativa del gobierno peñanietista?

 

¿A qué acuerdos llegó la administración pública federal con los Caballeros Templarios para ir oxigenando la plaza michoacana? Este es nuestro México, un país sin rumbo, sin identidad y sin justicia. Mireles encara a un Estado que regresó para aplicar las más crueles estrategias contra sus “enemigos” y premiar a sus “amigos” aunque estos sean como muchos en el gobierno: unos delincuentes.