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Norma Galarza

Cuanta una leyenda  que Herodes El Grande -rey de Judea, Galilea, Samaria e Idumea (colonias en tiempos de Cristo del imperio romano)-, al no ser querido por sus gobernados y para que no se notara tanto el repudio popular en sus giras, mandaba a sus falanges a repartir denarios  para que faltaran hurras y vivas.

Parecidos al culpable de que Juan Bautista perdiera la cabeza son algunos políticos zacatecanos contemporáneos quienes ante la pandemia que nos aqueja actualmente sacan al Herodes que llevan dentro y como gallinas con huevo cacarean las “ayudas” que desde sus bolsillos prodigan entre el pueblo.

No importa que estemos en medio de una contingencia sanitaria sin precedente reciente. La necedad casi patológica de aplausos por parte de la clase política se hace presente ante la desesperanza ciudadana que empieza a hacer mella ante la parálisis de la actividad económica obligada.

Actitudes de generosidad han sido desveladas en aras de ganar aplausos y  ¿por qué no? adeptos de cara a las elecciones del 2021.

 La esplendidez en tiempos adversos por parte de personajes cuyos salarios emanados de nuestros impuestos son una mentada de madre frente al ingreso paupérrimo de las mayorías, es chocante sobre todo porque lleva implícita la vergonzante práctica de medrar con la miseria ajena.

Ante las acciones solidarias –retributivas, diría yo- con el pueblo, mandan boletines, suben sus fotos orondos y  sonrientes, mientras la o el favorecido emula las forzosas muecas indefinibles de un pueblo que se ha hecho bajo la digna premisa de que el trabajo todo lo vence, no la dádiva.

Máxime cuando sabe que los apoyos desde el poder no se realizan  por nobleza o generosidad sino para que los benefactores sean vistos, aplaudidos y si no es mucho pedir, su acción se refleje en las boletas  cuando haya oportunidad.

Se sabe que los magnánimos que hoy se presumen solidarios, que fingen preocupación por la suerte de sus gobernados ante los efectos económicos que se acentúan día con día conforme pasa la contingencia sanitaria, dan ahora a manera de inversión en el banco de votos.

Algunos han cedido algunos meses de su jugoso salario posando para la foto con una casi visible aureola de bondad con la que, sin embargo no esconden sus verdaderas intenciones. Otros los más tacaños, le quitan un pelo al gato de sus obesos ingresos personales y  optan por donar en especie.

Hay mezquinos que,  del mismo dinero que extraen mañosamente del erario, arman despensas y al entregarlas -siempre bajo los clics de las cámaras- hacen caras de mártires del Gólgota en su burdo  intento de promocionarse anticipadamente sin ver que naufragamos entre la tormenta.

Algunos, como Soledad Luévano, se cansaron con algunos sacos de frijol, que dijeron donarían al banco de alimentos, nada claro y palpable para las personas de a pie, que nunca recibirán las prebendas.

 Otros con hartos huevos como el Diputado Federal Alfredo Femat, los reparten siempre y cuando sea en su distrito, no vaya a ser que se necesite el próximo proceso electoral a la hora del enfrentamiento con la gente. Eso sin mostrar empacho ante el desempeño mediocre realiza  en sus curules.

Los personajes que ahora se presumen dadivosos, no tienen nada que ver con aquella cristiana premisa que reza aquello de “que tu mano izquierda no se entere que hizo tu derecha”, cuando de dar se trata.

El asunto es que, los recursos que dispersan ya sea en especie o los supuestos depósitos bancarios para alguna institución pública de salud, en realidad son tomadas por el pueblo como una retribución de quienes le han quitado tanto. Que regresen un poco de lo mucho que han robado, suelen decir, quienes habitan los estratos sociales más empobrecidos.

Pero al final, la población toda, les hemos hecho mal al aplaudirles cuando reparten apoyos  motivados por el egoísmo porque lo hacen por la perpetuidad de sus cotos de poder.

Medran con la miseria que se acentúa entre la población, obligada a encerrarse en sus casas aguantando el látigo de la incertidumbre de si su familia comerá mañana.

 Ante este panorama, sin duda Herodes es un imberbe frente a personajes que afianzados en el poder,  no se ruborizan cuando se hacen pasar por bondadosos sabiendo que de espaldas a la sociedad siguen promoviendo el beneficio de unos cuantos y la defensa de un estilo de vida opulenta. Sabrán que no les creemos nada?