Feminicidio e impunidad: Cuando la indiferencia mata

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A Salomé, a Ana, a Cristina, a todas las que no lograron escapar de la violencia feminicida.

Por Norma Galarza Flores

Cuando Salomé tenía 15 años, su asesino aún no había nacido. El pasado 30 de mayo,  Salomé, no acudió a trabajar, la madrugada de ese día su novio, un muchacho de 21 años, cuyo rostro infantil ocultaba a un monstruo, la apuñaló hasta arrancarle la vida para convertirla en una estadística más de la violencia, en un número más, en la cuarta mujer asesinada en Zacatecas solo en el mes de mayo.

Y es que en nuestro país la violencia contra las mujeres forma parte de uno de los problemas sociales más alarmantes y paradójicamente, uno de los que se amparan a la sombra de la más vergonzosa impunidad. Agredir física, emocional, verbal, económica o psicológicamente a una mujer,  forma parte de la normalidad en nuestra cultura.

No es para menos la afirmación anteriormente vertida, porque de acuerdo al Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES, 2015) cada día nuestro país, son asesinadas 7 mujeres a causa de la violencia extrema. Y es que, pese a la retórica de las autoridades, es evidente que como escribía Oscar Wilde en su emblemático Retrato de Dorian Grey,  “Los buenos propósitos son cheques que el hombre gira contra un banco donde no tiene cuenta” ya que  las acciones de los gobiernos tanto Federal como estatales en el tema de erradicar la violencia y evitar o en su caso, castigar los feminicidios son sólo eso: buenos propósitos.

VIOLENCIA DOMÉSTICA, LA ANTESALA AL FEMINICIDIO

Como en el caso de Salomé, en la mayoría de las historias donde cientos de mujeres no han vivido para contarla, les antecede la violencia domestica, un cáncer social, que hemos aprendido a normalizar y que continúa sin ser tratada por las autoridades como un problema de salud pública. La violencia al interior de los hogares, lastima no sólo  a las mujeres,  también arrastra entre sus garras  la estabilidad emocional sus familias y  es el origen de un gran número de los males que padecemos como sociedad, donde el alcoholismo y la drogadicción, son imágenes  comunes en nuestro transitar diario, incrementando la inseguridad en las calles, por lo que esta tara ya no debe tratarse como asunto menor.

Es alarmante saber que en nuestro Estado, los datos sobre violencia intrafamiliar, arrojan cifras escabrosas, y que el 60 por ciento de las zacatecanas hayan sufrido algún tipo de violencia (12 por ciento más, que la media nacional) en alguna etapa de sus vidas (ENDIREH, 2011).

MÉXICO EL “REINO DE LA IMPUNIDAD”

Para una mujer denunciar violencia doméstica significa enfrentarse a un aparato burocrático que parece estar aceitado para entorpecer los trámites. Flor, una joven madre de 2 niñas quien tiene 9 años tramitando su divorcio y los mismos esperando una sentencia favorable de pensión alimenticia, me cuenta a todo lo que se ha tenido que enfrentar esta mujer dedicada al servicio doméstico: -la primera vez que vine al CAVIZ, me dijeron que en el DIF (institución de la que depende este centro) estaban para unir familias no para separarlas-, esa fue la indignante respuesta que recibió pese  a haber denunciado a su esposo por violencia. -Además -continúa la mujer- a uno no le hacen caso porque uno es pobre- afirma esto, mientras baja la mirada y la clava en frío firme de esa institución, donde casualmente nos encontramos. Sin duda, la ofensiva apatía gubernamental es una de las principales trabas a las  que enfrentan muchas mujeres que optan por arrancar a sus familias de ese círculo de enfermedad.

Pero no exagero cuando describo a nuestro país como el reino de la impunidad ya que, de acuerdo al Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) ser mujer, es especialmente peligroso y no hay justicia especialmente en 10 entidades de la República: Chiapas, Chihuahua, CDMX, Guerrero, Jalisco Estado de México, Nuevo León, Oaxaca, Puebla y Sinaloa.  Lamentablemente nuestra tierra barroca, no se queda atrás ya que según cifras de la Procuraduría de Justicia del Estado (PGJE) la tendencia impune de dos feminicidios por mes, se duplicó en mayo, siendo el caso de Salomé con el que las zacatecanas despedimos ese mes. En lo que se refiere a desapariciones no estamos mejor;  ya que en nuestra tierra, madre del ilustre poeta Ramón López Velarde, tan solo del 2014 a lo que va del 2016, desaparecieron 56 mujeres sin que  hasta el momento se conozca su paradero.

ESPERANZAS: SOLUCIONES DESDE LA SOCIEDAD

Pero no todo está perdido, las soluciones, como en la mayoría de los casos vienen desde abajo, desde la sociedad. Por eso ante el marasmo crónico de nuestras autoridades, la semana pasada colectivos locales se unieron en torno a la iniciativa de la artista plástica Sonia Félix Chérit, para emprender acciones pacíficas dónde la cultura es la bandera principal que servirá como paliativo contra la violencia feminicida. Así, el miércoles pasado ataviadas con mantos morados y cargando cruces rosas, decenas de mujeres y algunos hombres marcharon de la Plazuela Zamora, la Genaro Codina, la Caja,  hasta llegar a Plaza de Armas, volviéndose la voz de las mujeres silenciadas por la violencia, a través del canto, la danza, la poesía y otras disciplinas, exigiendo un alto a este alarmante problema.

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 ENDURECIMIENTO DE LA LEGISLACIÓN

Si bien es cierto que en el tema institucional, hace pocos meses se inauguró el Centro de Justicia para las Mujeres que depende de la PGJEZ, y que  el pasado 5 de mayo de este año,  fueron aprobadas por la Legislatura las Reformas  al Código Penal de Zacatecas, dónde entre otras cosas se promueve la penalización a funcionarios públicos que entorpezcan o actúen con negligencia en casos de violencia y feminicidio, a pesar de eso, sigue reinando la impunidad ya que  hacen falta los mecanismos que garanticen la aplicación de estas leyes.

Hoy en nuestro país,  el antecedente de que, de cada 100 delitos que se denuncian se castiga 1, sumado a una sociedad apática y hasta cómplice de la violencia feminicida, un sistema de justicia torpemente diseñado, más un aparato burocrático incapaz y robotizado, ha dado como resultado que muchas mujeres opten por encerrarse en la “zona de confort” de su propio silencio, silencio que a muchas de ellas, como a Salomé, ha callado para siempre.