¿Esto es palabra del Señor? La pederastia en la Iglesia Católica

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Norma Galarza

Por Norma Galarza

Bajo el falso manto de la castidad, la Iglesia Católica esconde al amparo de dogmas que prometen vida después de la vida, crueles abusadores de niñas y niños, que raras veces son llevados ante los tribunales de la justicia.

Demonios en sotana que se proclaman emisarios de la palabra de Dios y justifican sus maldades sin sonrojarse cuando lanzan perlas discursivas en intentos vanos por la autoabsolución.

Comentarios escalofriantes como el de Bernardo Álvarez, Obispo de Tenerife, quien soltó sin pudor entrevistado para un medio español en 2007, que había menores que deseaban el abuso y que incluso “te provocan”, es una de las frases que evidencian que para muchos próceres de esa institución religiosa el abuso sexual infantil esta permitido.

¿O qué tal el cardenal Giovanni Battista Reprefecto de la Congregación para los Obispos en el Vaticano, quien el 2015, justificó la excomunión de una niña de 9 años quien a quien su madre llevó a abortar en Brasil luego de ser violada por su padrastro porque para su “Excelencia”  “la violación es menos grave que el aborto?”.

Con pensamientos como ese escudan su maldad, mientras seguro, en el cielo sus horrorosas personalidades, le provocan nauseas a su Dios.

Para muestra un botón.  Marcial Maciel abusó sexualmente de decenas de niños en México y otros países durante más de 50 años.

En nuestro país, el sacerdote que tenía el sueño de ser ungido santo, tuvo la venia durante su vida pecaminosa de una red de protección tejida con el hierro de encumbrados políticos mexicanos bendecidos a su vez por altos mandos clericales en Roma.

Para las niñas y niños violados nunca hubo justicia, Maciel fue arropado durante su larga vida con un vergonzoso manto de impunidad.

De los pecados de Maciel se hablaba desde hacía tiempo entre los pasillos perfumados con el santo olor a incensum en la Basílica de San Pedro, en Roma, pero el ahora Beato Juan Pablo II, los desestimó.

¿El argumento? Al cándido polaco Karol Józef Wojtyła​, le era difícil creer que los sacerdotes pudiesen abusar sexualmente de niños “debido a la pureza de su pensamiento”  como lo señaló  Joaquín Navarro-Valls, su ex vocero en 2014.

Marcial Maciel -por quien oramos fervientemente para que en estos momentos siga ardiendo en el infierno- murió en enero de 2008 a la edad de 87 años de edad, “castigado” por parte del entonces Papa Benedicto XVI, con la prohibición del sacerdocio y recluido a una vida de “oración y penitencia”.

 ¿Y sus víctimas? Perseguidas, satanizadas, descreditadas y revictimizadas por las autoridades y la sociedad “temerosa de Dios”, nunca encontraron justicia.

El de Maciel, es solo uno de los cientos de casos entre conocidos y encubiertos que carga en sus espaldas la Iglesia que fundó Simón Pedro.

En 10 años (de 2004 a 2014) el vaticano destituyó a más de 800 sacerdotes del ministerio sacerdotal, por “acusaciones creíbles” de pederastia, como lo reveló en 2014 el Arzobispo Silvano Tomassi quien hasta 2016 fue Observador Permanente de la Santa Sede ante la Oficina de las Naciones Unidas y Agencias Especializadas en Ginebra.

 En nuestro país Joaquín Aguilar, director de la Red de Sobrevivientes de Abusos Sexuales de Sacerdotes (SNAP por sus siglas en inglés) entrevistado para Proceso, señaló que se tienen documentados 533 casos de abuso sexual a menores por parte de sacerdotes mexicanos de 1970 a la fecha, sin que hasta el momento haya un solo “Padrecito” sentenciado.

Si bien es cierto que se han tenido avances trascendentales en la cultura de la denuncia, la impunidad sigue imperando. Un sector importante de la sociedad sigue manteniendo en el pedestal de la pureza a personajes impresentables, mientras desestima la versión de las víctimas. Las autoridades clericales en los estados “castigan”  a esos delincuentes con cambios de Iglesia para que sigan con sus fechorías en otros lugares.

 De nada les sirve a las y los niños víctimas de abuso que autoridades de la Iglesia Católica rasguen sus vestiduras y reconozcan que hay pederastas entre los sacerdotes, si a la hora de que éstos enfrenten demandas penales, es la primera en salir en su defensa.

 De nada les sirve a las víctimas el silencio de Sigifredo Noriega aunado a que la institución a la que pertenece es la primera en poner trabas para que los familiares  de menores abusados acudan ante las autoridades a poner una denuncia.

Finalmente ¿Una institución inmoral puede promover moralidad? Es cuestión de fe y yo, no lo creo. Ojalá la sociedad empiece a quitarse el velo de los ojos y apoye a las víctimas en lugar de a los victimarios. Es justo y necesario (como reza la oración)¿O usted que opina? Feliz inicio de semana.