Eliminar el fuero ¿Estrategia populista?

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Por Norma Galarza

Pese a que en la congeladora de la LXII Legislatura existen dos iniciativas en el mismo sentido, hace días el bloque PRI-Verde-PANAL, presentó ante el pleno la propia para eliminar la figura del fuero.  ¿Pero es la panacea o es sólo una estrategia para que el partido en poder se reivindique ante la opinión pública?

El antecedente en México del fuero se contempló por primera vez la constitución de Cádiz en 1821. Fue siempre una figura gris en la constitución de México ya que el propósito original del fuero para proteger los intereses de los nobles y el clero.

Luego, en el terreno político se institucionalizó en aras de garantizar la libertad de senadores y diputados federales de expresar sus ideas y críticas sin ser reprimidos por otro poder; para dar el paso ser denominado constitucionalmente como inmunidad procesal, cediendo el concepto al terreno de competencia judicial.

De ahí que al fuero (no es casualidad) se le conceda el defecto de que lo único que ha solapado es la monstruosa impunidad que gobierna entre la clase dominante, desde Chiapas a Sonora.

Su eliminación ha surgido en varios periodos históricos. El más reciente y cuya iniciativa permanece estancada actualmente en el Senado de la República, el PRI pretendía exentar del desafuero al Presidente, por lo que los partidos políticos PAN y PRD, aplicaron la máxima del chiste de la viejita esa de “dijo que a todas”, es decir, quitar el fuero a todos los servidores públicos.

En el país, hay ya siete Estados que eliminaron esta figura de sus legislaciones locales. Jalisco fue, hace unos meses, la  séptima entidad en eliminarlo, además, en países del primer mundo como Italia ese privilegio de la clase política se considera anticonstitucional.

El centro del debate radica en que si la eliminación del fuero realmente servirá para quitar los candados que protegen a los funcionarios que incurren en algún delito, o si sólo es una iniciativa a modo para aplacar el clamor social de que se castigue a los que delinquen desde el poder.

 Ante la evidencia de que en nuestro país, lo que sobran son leyes, y que paradójicamente quien hace la ley hace la trampa, eliminarlo puede llevar a la ambigüedad.

Aunque el fuero es el último pretexto para evitar fincar responsabilidades a políticos que comenten algún delito, la realidad es que, de entrada, las clases dominantes se protegen entre sí.

 Lo que nos falta es voluntad. Dada la corrupción que impera, quitar el fuero puede servir para cargar el peso de la ley a voces políticas opositoras al sistema, más bien urge delimitar y señalar al pie de la letra la función de esta figura legal, no dejar rendijas donde se puedan colar personajes que bajo el amparo de la impunidad cometan ilícitos.

Sin duda,  la iniciativa de eliminación del fuero es una simple estrategia mediática, ya que mientras se anuncia con bombo y platillo, de nada sirve si en la legislación vigente en materia de aplicar sanciones a funcionarios como la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos del Estado y Municipios de Zacatecas, en su texto vigente desde el 2013, muestra debilidad en puntos fundamentales para castigar a funcionarios que delincan.

Además, no es un secreto que la corrupción con la que operan las instancias encargadas de responder en ese aspecto ante la sociedad, dan muestra de que eliminar el fuero es una estrategia populista.

Finalmente, el problema no es en sí la existencia del fuero, el meollo del asunto radica en que en este país las leyes no se aplican porque al parecer el enquistamiento de la corrupción  incumbe a todo el sistema.