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OPINIÓN/ Fernando Castillo Pacheco

Dice José Ignacio Torreblanca que “en el lenguaje de la política que se transmite y escenifica a través de los medios de comunicación, el adjetivo “populista” es utilizado para descalificar a quien apela a los bajos instintos del votante con mentiras, groseras manipulaciones y promesas de imposible cumplimiento”.

En nuestro país vivimos, en una constante campaña política, donde no bien hemos terminado de elegir a alguien, cuando ya se están promocionando quienes quieren sustituirlo. Esto, en el caso de la presidencia de la República ha caído en el extremo, pues Andrés Manuel López Obrador tiene por lo menos dieciséis años en plena campaña electoral y promoción personal con la única intención de llegar a la presidencia de México.

Encuestas publicadas en los últimos días le dan una ventaja al tabasqueño entre los posibles candidatos a la primera magistratura del país, aunque faltan más de dos años para el proceso electoral.

A López Obrador todos identificamos como un “populista” y lejos de que así se le designara para descalificarlo, así se le define porque encuadra en el concepto. En un artículo nombrado “La izquierda y el populismo”, publicado en marzo de 2006 en la revista Nexos, el politólogo Ludolfo Paramio dice que: “El líder populista no se presenta como un político ni siquiera si tiene una larga trayectoria previa en política, sino como alguien del pueblo, como el verdadero representante de sus intereses frente a la oligarquía y todas las organizaciones políticas y sociales que se presenten como un obstáculo a su liderazgo, o que no lo acepten, estarán condenadas a ser englobadas dentro de la oligarquía, debiendo por tanto ser reemplazadas”.

Andrés Manuel pretende polarizar el país; para él son “ellos” y “nosotros”, como si fueran pueblo y antipueblo. Lucha contra sí mismo, porque esa mafia del poder solo existe en su cabeza. Él pretende utilizar la división de la ciudadanía para conseguir su afán, pues la lucha es únicamente “su lucha”. Busca conseguir su objetivo y no encabezar un gobierno para todos. Carece de propuestas serias, evita el posicionarse en temas importantes y, como ejemplo de su interés exclusivo de lograr el poder, sin preocuparse de los ciudadanos y su futuro, tenemos la nefasta alianza que ha buscado con la CNTE, organismo retrograda y excluyente que busca posiciones de poder con el único objetivo de lograr sus intereses de grupo y no en beneficio de los ciudadanos.

La demagogia lopezobradorista se ve extendida por su partido político, “MORENA” que se ha convertido en aquello Antonio Gramsci definió en sus “Cuadernos desde la cárcel” como “un partido de masas que como masas no tienen otra función política que la de una fidelidad genérica a un centro político (…) la masa se utiliza solo para maniobrar y se le entretiene prédicas morales, con estímulos sentimentales y con mitos mesiánicos de espera de edades fabulosas en las que todas las contradicciones y miserias presentes serán automáticamente resueltas y sanadas”.

MORENA se ha convertido en el colectivo de los esperanzados, cegados por un líder que no tiene propuesta, que es creación de ese sistema al que vive criticando y del que ha marcado distancia cada vez que no satisface sus exigencias. Así salió del PRI cuando no consiguió ser candidato a gobernador de Tabasco y del PRD, cuando los perredistas se negaron a obedecer las órdenes del que lleva ya el estigma de perdedor.

López Obrador reúne las características señaladas por Guy Hermet, cuando estableció que “los populistas más agresivos ambicionan minar del todo la democracia representativa con el fin de sustituirla por una plebiscitaria o por una dictadura franca y abierta (…) animados por una ética personal opuesta a la de la responsabilidad, sin dejar de tener un ego desmedido”. Por ello es que busca que todo acto que puede no pasar en las cámaras, se traslade a una consulta ciudadana, pues piensa que, como sucedió en la ciudad de México cuando la gobernaba, tendrá la capacidad de manipular al pueblo para imponer su voluntad.

Pero el riesgo que representa la llegada de Andrés Manuel a la presidencia de la República no se ha acrecentado por los méritos que éste pudiera tener o por haber estructurado una plataforma política y de gobierno que en realidad contemplara soluciones a los grandes problemas nacionales, sino por el triste sentir de la ciudadanía ante la decepción de esta administración que, por la ineptitud de sus integrantes, van generando la idea de que como decía mi abuela, “para un desesperado cualquier agujero es salvavidas.

México es el país descrito por Fernando del Paso, quien al recibir el premio Cervantes, dijo que no cambió  sino para empeorar. Enrique Peña Nieto ha resultado un mal gobernante y su equipo , unos pésimos administradores.

A pesar de que se han aprobado una gran cantidad de iniciativas que modifican o crean leyes, la realidad es que en país el Estado de Derecho es algo inexistente.

Las violaciones a los derechos humanos se han vuelto la constante, por parte de unas policías mal preparadas, mal pagadas e infiltradas por el crimen, lo que ocasiona que el ciudadano tenga miedo de quien debe protegerlo.

Los videos hechos públicos recientemente son la evidencia de una situación prevaleciente en el país por lo menos desde el regreso del PRI a los Pinos, que se ha tratado de ocultar, pero que ha sido la constante y se ha apreciado incluso más allá de las fronteras. La semana anterior el secretario de estado norteamericano hizo una crítica durísima al gobierno mexicano por las violaciones de derechos humanos, lo que no es una novedad para el gobierno de Estados Unidos, que en 2015 retuvo el 15% de los fondos de la iniciativa Mérida precisamente por ese diagnostico.

Nuestro país está lleno de leyes, pero pocos son quienes las respetan, por la sensación de un vacío de autoridad. Roberto Saviano dice en su libro Gomorra , que la ley tiene sus códigos definidos, pero la justicia es harina de otro costal. En efecto, en nuestro país tenemos una autoridad que está cada vez mas empeñada en la creación de un marco legal cada vez más voluminoso y enredado, y ha fallado en la parte más necesaria que es la de que éste sea respetado, comenzando por los que tienen funciones de autoridad.

Es intolerable que delincuentes de muy alta peligrosidad estén siendo liberados por fallas procesales, pero eso no es suficiente para justificar las peticiones de incrementar las penas a los delitos, convertirlos todos en graves y juzgar a los juzgadores que, irónicamente, no hicieron más que proteger los derechos humanos. No podemos correr el riesgo de encarcelar inocentes, pues podemos llegar al caso de que no haya quien cierre la puerta de la prisión.

El problema es que la falta de seguridad y la impunidad han hecho efervecer sentimientos de venganza para sustituir la falta de justicia. El problema es que el delito no se investiga, no se persigue y no se castiga, porque la corrupción está inmersa en el sistema y se conjuga con una policía mal preparada y con ineficaces programas para la prevención del delito. El problema ya no es legislativo, es estructural.

En el caso de la mariguana la visión es muy estrecha. Aumentar la dosis permitida de posesión a 28 gramos no resuelve el problema de violencia. Los cárteles mexicanos no tienen su negocio en la venta de carrujos ni se pelean las plazas para vender una onza. Ellos viven del trasiego de droga, la extorsión y el secuestro; la violencia tiene otros orígenes que la autoridad no atiende y los pasos que ha dado son muestra de su incompetencia y de la fallida nueva estrategia de seguridad, que los resultados efímeros que dió, son fruto de soplones, delatores y la espera de denuncias ciudadanas.

En la economía, México es un país mal administrado. El gobierno destina el 66.4% de los ingresos presupuestarios al gasto corriente. La reforma fiscal frenó el crecimiento del país y le allegó más recursos a un gobierno que lo que hace es despilfarrarlos.

Las empresas e instituciones del Estado, igualmente han sido mal manejadas. PEMEX acumula de 2014 al primer bimestre de 2016, 295,512 millones de pesos en pérdidas y el INFONAVIT invirtió 41 millones de Euros del Fondo de Apoyo a las Necesidades de Vivienda de los Trabajadores en la empresa española Abengoa, que está prácticamente quebrada y no ha pagado a sus bonistas. Consecuencias de haber dado puestos importantes a quien sólo tiene méritos como amigo.

La realidad del país es muy delicada. El cambio de rumbo es urgente, pero pensar que la alternativa populista es la solución es pretender, -parafraseando al profeta Amós- escapar de un león para toparnos con un oso.

 

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