El factor social que impide el triunfo de los agoreros

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Norma Galarza

Por Norma Galarza

Los seres humanos solemos responder a impulsos que palpamos, no a las que nos describen los demás. ¿A  dónde quiero ir con esa premisa? a un intento de exponer por qué AMLO conserva casi intacta la popularidad, a 9 meses de su ascensión al poder.

Y es que, en principio no había mejor escenario antes del 1 de diciembre del 2018. Si movemos las manecillas de nuestro reloj hasta   en los últimos años de la gestión de Enrique Peña Nieto, la incertidumbre imperaba.

Mientras el salario mínimo parecía inamovible, las gasolinas presentaban incrementos paulatinos contra los que nunca se anunció un freno.

 En materia de inseguridad el ejército tenía meses de haberse replegado dejando a las entidades a cargo de policías federales cuya reputación de corruptos, no era cuestionable.

Pero el golpe mortal que el anterior gobierno asentó a sus aspiraciones de que su partido repitiera gestión, fueron a través un alarde indignante de corrupción.

Ese factor fue el tiro de gracia con el que decidió (sin planearlo y en una muestra excesiva de confianza) abrirle las puertas de la Presidencia a lo que publicitaron como el “peligroso populismo”.

  El enojo social era evidente, el PRI se coronó en la percepción popular como un partido corrompido hasta su médula.

 Las noticias de desfalcos públicos, impunidad, y peor aun,  redes de complicidad que involucraban a personajes de todos los niveles de gobierno, provocaron un hartazgo tal, que no hubo dádiva que valiera a cambio de preservar a los emisarios de ese instituto político en poder. Por su parte el PAN y el PRD también habían perdido credibilidad.

 Así llegó este país cuya necesidad de creer le ha significado su peor karma, a la Cuarta Transformación; movido por el factor incertidumbre y la idea de que más abajo ya no se podía caer.

Y no ha sido fácil, el personaje al que hoy le pertenecen las llaves de Palacio Nacional, tiende al idealismo, al pragmatismo, y a la necedad irritante como vértices de acción, sin embargo, no se puede negar que se empeña al pie de la letra en cumplir muchas de las promesas que hizo como candidato, pese a que encuentre resistencia en muchos de sus colaboradores

Quizá le fallen los métodos, pero la estrategia toral de su gestión de redistribuir la riqueza de forma más equitativa, le genera una percepción social que provoca que conserve, de acuerdo a estadísticas, a más del 60 por ciento de mexicanos como adeptos.

Si bien es cierto que a todos los programas que se aplican desde el Gobierno Federal, les urgen ajustes para evitar que se repitan taras como la coacción electoral y la corrupción, la opinión pública refiere que es preferible que se reparta el dinero de nuestros impuestos entre la gente, en lugar de que se concentre en manos de políticos empoderados.

En el tema de la inseguridad la seguimos tolerando por el simple hecho de que luego de más de 10 años de sangre cada día nos impresiona menos la criminalidad, de ahí que continuemos esperando que el nuevo gobierno se adapte para dar resultados.

El hecho de que las gasolinas encontraran freno a la escalada de precios que se registraron el sexenio pasado es otra causa por la que la aprobación de López Obrador sigue casi intacta. Pese a que el precio de combustibles sigue siendo elevado y los legisladores de Morena incumplió con la promesa de quitar IEPS, al menos ha cumplido con frenar sus incrementos cotidianos.

Es decir, pese a los cataclismos, los malos augurios por decisiones tajantes como la cancelación de obras como el que sería el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, la gente necesita sentir en su economía personal el apocalipsis para empezar a mostrar disgusto.

De nada sirve que los medios de comunicación hablen de un crecimiento del 0.0, que predigan quiebre económico cuando al menos el 53.4 millones de los mexicanos toda su vida han sobrevivido con  un salario mínimo al día, que los números en términos macroeconómicos se estanquen, a la mayoría de la población parece importarle un sorbete.

Para una población acostumbrada a la marginalidad los indicadores económicos, la baja inversión no le mueven.  Empero, ahora se siente mejor representada y siente que se le toma en cuenta.  Contra eso, nada pueden hacer los agoreros.