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Norma Galarza

 

“Derribar y destruir es muy fácil. Los héroes son aquellos que construyen y que trabajan por la paz”.

Nelson Mandela 

Cuando Nelson Mandela fue electo presidente de Sudáfrica, implementó una serie de estrategias políticas que causaron desconcierto y rechazo incluso entre personas de su misma raza.

Activista contra el Apartheid impuesto por el colonialismo británico, gran parte de su vida, los nativos sudafricanos esperaban  que encabezara una cruzada que  apagara la sed de venganza  y cebara el odio madurado por generaciones contra los blancos.

Décadas de esclavización, de vejaciones, de atropellos, los sometidos por años, exigían al menos la satisfacción de un trato del mismo calado contra los ocupantes de su país que dominaban desde el siglo XIX.

Las mayorías de un pueblo que le dio un triunfo histórico en 1994 esperaban seguir con una guerra interna que ya había cobrado muchas vidas, pero con la variante ahora, de permutar a las víctimas.

Eso no pasó. Simplemente porque la idea de Madiba (apodo con el que también llamaban al líder y que hacía referencia a su tribu de origen), era la de la unir a Sudáfrica, no acentuar los problemas interraciales. ¿Por qué tecleo sobre la vida de éste notable personaje del siglo pasado?

Para sentar el precedente de que la polarización que promueve el Presidente Andrés Manuel, no es el camino correcto. El discurso con el que ensalza al pobre a quien le pone todas las virtudes y criminaliza a los estratos sociales con mayor poder adquisitivo, acentúa más el odio histórico de clases que es común entre los mexicanos.

La segregación y la cerrazón  en lugar del diálogo, son totalmente dañinos para nuestra nación, máxime cuando un mandatario que llegó con la bandera de defensor de las clases desprotegidas, atiza un discurso que contribuye a enrarecer la vida social del país.

Tal parece que olvidó  el discurso con el que tomó posesión del Ejecutivo de la República, en el que prometía promover la pacificación. Al contrario, aunque a veces de manera velada, el mandatario promueve un discurso de odio, de buenos contra malos asumiendo que quienes integran su grupo político   instalan por decreto solo intenciones níveas en su corazón.

No obstante a nuestro país, le urge un líder que promueva que entre las clases también puede haber un diálogo de comprensión, por el simple hecho de que  es el camino hacía una mentalidad nacional en la que se erradiquen prácticas como la discriminación.

En ese sentido, aleccionador resultó el ejercicio  que personajes como la actriz Maya Zapata, el youtuber, Chumel Torres, el también actor Tenoch Huerta, entre otros, realizaron ayer al hablar de racismo y clasismo.

Luego de que Beatriz Gutiérrez Müller se incomodara por la invitación a un foro que organizaría el El Consejo Nacional para Prevenir La Discriminación (Conapred), originando la cancelación de éste, se realizó un foro virtual alterno muy interesante.

De ahí se habló por ejemplo de la cultura pigmentocrática que pone barreras a personas en nuestro país solo por el color de su piel y por su estrato social.

También se habló de la interiorizada cultura racista, clasista, misógina y homofóbica, que normaliza conductas nocivas contra personas en asumida desventaja ante la sociedad. ¿Para qué se invitó a Chumel Torres? porque el problema no se resuelve de manera unilateral.

Hay una percepción de que toda conducta practicada de manera reiterada debe ser normalizada a pesar que cause daño a terceros. Se debe romper con eso.

Las instituciones, que como la Reina Roja, López Obrador solo atina a cortarles la cabeza, deben tomar acciones activas en el asunto.

Por ejemplo, llamó mi atención la afirmación de Maya Zapata sobre el hecho de que en los contenidos de las televisoras más poderosas se promoviera un fenotipo del éxito en el que los blancos suelen ser los ricos y los morenos la servidumbre.

Además, en la promoción que resulta formadora que prodigan los medios de comunicación, se debe erradicar, el machismo, la caricaturización de la homosexualidad, el clasismo y la discriminación.

Estoy consciente que lo que se transmite en las pantallas tiene que ver con un deseo de reflejar de manera nítida las formas de convivencia de una sociedad, sin embargo, se terminan promoviendo formas de convivencia como si fueran correctas.

En fin, creo que el gobierno de la República tiene en sus manos las herramientas para hacer un México más justo para todos, sin promover la segregación.

Es una lástima que se resista a suscitar el diálogo entre clases y en su lugar, azuce la pugna entre los culturalmente desiguales. Es una lástima que no quiera pasar a la historia como el mandatario que unificó al país.