El aborto no es invento de las feministas

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Pilar Pino Acevedo

 

El pasado lunes 28 de septiembre se conmemoró el Día de Acción Global para el Acceso al Aborto Legal y Seguro. Grupos y colectivas feministas en todo el país y de la región de América Latina que luchan por la despenalización y legalización de la interrupción del embarazo por la vida y dignidad de miles de mujeres, pese a la pandemia salieron a las calles. 

La realidad es que miles de mujeres se someten a abortos clandestinos, solas y en condiciones insalubres. No nos debe importar el porqué de  su decisión ya que son tan distintas como distintas somos las mujeres entre nosotras, desde que los embarazos son producto de violencia sexual hasta porque no se tienen las condiciones económicas y emocionales para criar a un hijo o hija.

Los provida usan el argumento de que para arrebatar una vida solo dios –si así con minúsculas-, que las mujeres que abortan asesinan a sus hijas e hijos. Esto no es más que un valor cultural sin bases históricas, se les olvida que quien gesta la vida no lo hace siempre por voluntad propia. Pero, que es lo que realmente hay detrás de este argumento, antes de la colonización, el capitalismo y la hegemonía occidental las mujeres abortaban y eran dueñas del conocimiento de las hierbas medicinales. Las mujeres realizaban estas prácticas con la ayuda de curanderas, parteras del pueblo, o las llamadas “mujeres sabias”.

Previo a la modernidad, la anticoncepción supo ser un arte femenino que combinaba hierbas, recetas pasadas de generación en generación, prácticas y conocimientos ancestrales. Hoy en día el 40% de la población mundial vive en países en donde el aborto es ilegal o está severamente restringido. La Organización Mundial de la Salud estimó en 2008 que en el mundo ocurren cerca de 21.6 millones de abortos inseguros cada año, causando un aproximado de 47.000 muertes.

Cuando los holandeses empezaron a esclavizar y comerciar con personas de origen africano, las mujeres utilizaban semillas para provocarse abortos, para que sus hijos e hijas no vivieran una vida de esclavitud. Es decir, las feministas no inventaron el aborto, la libertad reproductiva no es un fenómeno moderno.

Lo anterior, es un proceso que se desencadenó al ser vista la libertad reproductiva de las mujeres como una amenaza de los proyectos de expansión capitalista que requerían de una población creciente. Para adueñarse de los medios de reproducción, primero se tuvo que instalar la idea de que el cuerpo femenino era una máquina natural de crianza que funcionaba según ritmos que estaban fuera del control de las mujeres. Esta dominación se centra sobre toda una serie de técnicas que tienen por objeto producir, administrar y dominar la vida.

A los pro vida no les importa la vida de las mujeres ni la de niños y niñas, ellos no son más que una herramienta del capitalismo que busca perpetruar las condiciones de precariedad y desigualdad que vienen con una mano de obra barata y; por tanto, con el proceso de acumulación capitalista. Si las mujeres no tienen la libertad de decidir si quieren o no reproducirse, entonces están sujetas a la deshumanización más brutal ya que se asume que su cuerpo “no les pertenece”. El aborto debe discutirse desde el ámbito de los derechos reproductivos, es decir, de los derechos humanos de las mujeres.