¿Economía, el talón de Aquiles del gobierno de AMLO?

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Por Pilar Pino Acevedo

Dicen los gringos que the best policity is the best public policity.  Esto es, que si un gobierno implementa políticas públicas exitosas, la probabilidad de conservar el poder, es mayor, pues los beneficiarios optarán por votar por este partido en los próximos comicios. Es decir, la mejor propaganda de un partido en el poder, es la efectividad de sus políticas públicas.

Este gobierno a diferencia de los anteriores ha mostrado en su primer informe de gobierno (tercero, no importa) un cambio en la comunicación. El lenguaje de AMLO es más cercano al pueblo, a diferencia del de Enrique Peña Nieto, por ello, sus niveles de aceptación.  Además, ha sido innovador al implementar un nuevo instrumento de  comuniciación política con las mañaneras.

Sin embargo, en apariencia la falta de planeación e improvisación de las políticas públicas y sociales de la actual administración que pareciera  buscan implementar un proyecto económico a largo plazo que garantice la movilidad social de miles de mexicanos que viene en pobreza y pobreza extrema, sin medir los costos económicos en el corto plazo, le causan embates.

El tema de debate, en los últimas semanas ha sido el bajísimo crecimiento económico, con una tasa de 0.1%. No obstante, AMLO estaba dispuesto a asumir los costos económicos en pro del bienestar de la población. Según, las directrices del Plan Nacional de Desarrollo se buscará consolidar primero las bases de un Estado de Bienestar, sustentado en educación, empleo y seguridad social universal.

Cabe señalar que para ésta última se busca transitar de una política social -dependiendo de la voluntad política y el contexto político- a una política pública obligada a cumplirse por el Estado ya que tiene sustento jurídico en la constitución y leyes generales, para asegurar el acceso a la salud de toda la población mexicana.

La verdadera efectividad de las políticas públicas se miden en el largo plazo, porque deben generar mecanismos y herramientas para la movilidad social, hacia mejores estándares de vida. Lo anterior, para el desarrollo que viene aparejado con bienestar social. Puede existir desarrollo sin crecimiento y crecimiento sin desarrollo, ejemplos hay muchos.

 La mayoría de los economistas, nos venden la idea de que sin crecimiento no hay desarrollo; sin embargo, existen sus excepciones y una de ellas es Japón. Dirán, los críticos que tienen un sector industrial muy desarrollado. Sí, es verdad. Pero, sus tasas de crecimiento historicamente han sido bajas.

López Obrador llegó con una aceptación y legitimización no vistas desde la época dorada del PRI, pero esto no alcanza para mejorar los indicadores económicos que a la larga mejorarán la calidad de vida de los ciudadanos –sí, de nuevo el crecimiento-.

Los dos grandes riesgos que enfrenta la actual administración es el bajo crecimiento económico o peor aún una recesión económica y el problema heredado de las administraciones pasadas de inseguridad que nos afecta en los ámbitos económicos, sociales y a la democracia.

Tradicionalmente se ha utilizado el crecimiento económico como instrumento para medir el éxito de un gobierno, el momento de vanagloriarse o sentirse derrotados es en los informes de gobierno. Sin embargo, no hay que medir sólo el crecimiento, porque tasas altas de crecimiento pueden venir aparejadas con tasas altas de desigualdad y pobreza.

El tema de la felicidad, que AMLO mencionó, o en términos técnicos el biener subjetivo, aunque se quiera ver como un discurso populista es una herramienta de muchos países neoliberales, como una alternativa de medir el PIB y justificar la desigual distribución del ingreso. Es un arma de doble filo.

¿Por qué crecemos tan poco?

Mexico tiene el sector de economía informal más grande de toda Latinoamérica. La informalidad frena el arro, acceso al crédito, la seguridad social y la adquisición de bienes inmobiliarios. Los problemas de productividad no serán solucionados por los programas de transferencias económicas, porque no tienen impacto en el sector industrial, sólo en el mercado.

Si bien un cambio que aplaudo es la reingeniería del gasto de gobierno, no soluciona el gran problema de desigualdad porque no hay una reforma en la política fiscal que redistribuya el ingreso, e incentive la inversión privada.

Los grandes proyectos del gobierno de la 4T, no generan infraestructura para la industrialización del país, ni para la modernización del campo. Si bien, los programas sociales buscan dignificar la vida de jóvenes y adultos mayores, no tienen efecto multiplicador a largo plazo en la economía, como lo tendría la generación de infraestructura.