¿Dónde estaremos seguros?

Remodelarán zona arqueológica de la Quemada
02/05/2019
Impartirá Facultad de Arquitectura de la UNAM curso de interpretación de planos para albañiles
03/05/2019

Norma Galarza

Por Citlaly Aguilar Sánchez[author] [author_image timthumb=’on’]https://lacuevalobo.com/wp-content/uploads/2019/04/55532046_10157146333749855_3762082775075651584_n.jpg[/author_image] [author_info]Escritora y ensayista zacatecana. [/author_info] [/author]

Los estudiantes regresaron a clases esta semana, pero un halo de miedo hace que las aulas no sean las mismas. Saber que entre los pasillos de la Universidad yació el cuerpo de una jovencita, que fue asesinada a sangre fría ante los ojos de los demás, que su sangre delimitó su figura en el piso y que nunca más se borrará nos hace preguntarnos si se puede estar a salvo en la escuela, y peor aún: ¿dónde estaremos seguros?

La inseguridad, y aún más, la violencia, es una dinámica que se da de manera sistemática. No se erradica con mayor número de policías, ni con el ejército en las calles. Si bien inicia como el síntoma de una sociedad en la que impera la pobreza y la desigualdad, se convierte lentamente en la enfermedad en sí, y la cura no está en la aplicación de una violencia aún mayor.

México es uno de los países a nivel mundial con mayores índices de muertes violentas, y si antes se le podía adjudicar solamente a sucesos relacionados con las actividades del crimen organizado, actualmente las muertes violentas han incrementado o se han visualizado sobre las mujeres. Las cifras de feminicidios en este país son alarmantes.

Mujeres y hombres mexicanos convivimos día a día en un clima sangriento, y como consecuencia de esto, estamos aprendiendo a vernos entre nosotros como posibles enemigos. Es decir, pareciera que estamos solos, los unos contra los otros, solamente tratando de sobrevivir.

¿En dónde podemos estar a salvo de los crímenes, de las injusticias y de la impunidad? Aunque resulte paradójico, la Universidad sí es o debe ser un refugio. En esta institución están las armas para defendernos de todo lo que día a día vemos en nuestro entorno. En la educación encontraremos un escudo, que si no de Aquiles, sí de sabiduría y valores necesarios para ver en el otro a un ser humano, no un objeto en el que se deposita odio.

Es cierto que las puertas de las escuelas públicas deberían tener mayores filtros de seguridad, porque adentro se encuentran, indefensos, aquellos que están dedicando su tiempo y energía en acercarse el conocimiento y, cuales Prometeos, ofrecerlo a los demás. Se tiene que pensar en que, si bien, han sido casos esporádicos en los que se ha dado este tipo de violencias, se deben evitar a toda costa. Antes que la Universidad debe protegerse la integridad de sus estudiantes y maestros; sin ellos la institución simplemente no puede existir. Se debe atesorar cada alumno. En sus vidas están las nuestras, las de todos.

La Universidad nos tiene que mostrar, ella en primer lugar, que un mundo y un país mejor son posibles. Sus pasillos y salones deben marcar el ejemplo de utopía que todos queremos ver. Es responsabilidad filosófica de sus dirigentes construir un espacio en el que la paz y la seguridad sean vastos.

Si bien es cierto que la violencia que estamos experimentando en toda la República es un problema que se tiene que resolver en sus estructuras más íntimas, desde la repartición justa de las riquezas, la generación de empleos, la garantía de la salud y de la estabilidad económica, también es cierto que una resistencia ante la ineptitud del Estado se tiene que crear en la escuela.

Podemos criticar que la estrategia que hasta ahora se está postulando a nivel nacional como el acabóse de la inseguridad, es decir, la Guardia Nacional, parece no tener ni pies ni cabeza, o lo que es peor, que al parecer nadie tiene idea clara de lo que involucra y que por más que se investigue al respecto, nada queda claro respecto de su ejecución, es una incongruencia que tampoco en las instituciones, como lo son las universidades públicas, se generen oposiciones sólidas.

Estaremos seguros dentro de este amasijo de muerte y sangre en tanto la educación sea nuestra guía, en tanto nos ilumine con la prudencia del pensamiento lógico y nos muestre nuevas alternativas de convivencia. Estaremos seguros dentro de esta sociedad llena de miseria y de injusticia mientras podamos acudir a aprender y compartir conocimientos en un ambiente en el que nuestra vida sea realmente apreciada, en un lugar en el que la muerte de uno de nosotros no sea solamente una estadística o una nota roja en el periódico, sino un espacio en el que la dignidad humana sea la primera nota que apuntemos en la pizarra.