Derecho a adoptar para parejas del mismo sexo, la Suprema Corte abre el debate

¿A Rubén una foto y a Nadia sus declaraciones les costaron la vida?
05/08/2015
“Recuperemos Zacatecas¨, iniciativa a favor de unir esfuerzos sociedad y gobierno
18/08/2015

 

 

Por Norma Galarza

En días pasados se han suscitado varias protestas en nuestro país de grupos ultraconservadores después que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, reavivó  la controversia luego de declarar inconstitucional el artículo 19 de una ley vigente en el Estado de Campeche, que impedía a las parejas homosexuales la posibilidad de adoptar a un menor.

Dicha ley fue considerada por los ministros de la Suprema Corte, como discriminatoria por cuestiones de orientación sexual y echada abajo dando  pauta para que este criterio sea seguido en todos los juzgados del país. A esta nueva resolución le antecede la del pasado mes de junio  donde se expresó la inconstitucionalidad de  los códigos civiles en los estados que prohíben las uniones legales entre personas del mismo sexo.

Estas nuevas leyes que integran a todos los individuos de este país bajo un mismo código en derechos civiles,  anulan leyes que, de entrada contradecían al primer artículo de la constitución mexicana el cual señala  la igualdad de derechos entre todas las personas.

La controversia era de esperarse y es válida. Los tabúes y clichés de que son víctima este grupo social en nuestro país y que han sido arrastrados por generaciones y potenciados por los medios de comunicación, han satanizado el hecho de que un niño crezca en una familia no ortodoxa. Tabúes surgidos principalmente en el desconocimiento ha motivado a cientos de personas pro católicos a volcarse a las calles en defensa de “la familia natural” o tradicional.

Sin embargo, sobre este controversial tema,  la ciencia sigue dispersa. Los psicólogos no consiguen ponerse de acuerdo sobre el beneficio o perjuicio contra los menores adoptados por personas del mismo sexo.  Un estudio realizado por  el psicólogo argentino Jorge Horacio Raíces Montero y publicado en el libro “Adopción , la caída del prejuicio” concluyó que las dificultades de conducta presentadas por jóvenes adoptados por parejas homosexuales, no son ni más ni menos de las que presentan los jóvenes que crecen en un matrimonio tradicional. Este informe resultó del seguimiento de 3000 parejas, entre heteros y homosexuales a lo largo de 5 años.

Por otro lado existen estudios que señalan que los hijos adoptivos de homosexuales son más tendientes a la depresión y al suicidio. Sobresale además, que los problemas que padecen estos muchachos son provocados en gran medida por la poca aceptación social y el maltrato psicológico del que son víctimas en sus centros escolares por el hecho de ser hijos adoptivos de una relación no convencional.

Sin duda, éste sigue siendo un tema escabroso y en grado mayor en la cultura occidental, que carga un amplio contenido de tabúes. La diversidad de opiniones es muy respetable, pero,  aún falta mucho por comprender. De entrada, no podemos basar nuestros juicios en clichés absurdos que satanizan y catalogar a las personas por sus preferencias sexuales.

Uno de los principales  “temores” sociales a propósito del derecho a la adopción de parejas del mismo sexo es que éstas abusen del niño o niña, situación que por cierto, no tiene nada que ver con las preferencias sexuales, porque de acuerdo a las estadísticas ese problema ocurre igual en familias de personas homosexuales como heterosexuales.

Sin embargo ante un panorama desolador para los cientos de niños que carecen de una familia, en lo que se debe coincidir es en garantizar el derecho a una vida digna para las niñas y los niños, ese es el deber del estado y de la sociedad. ¿No cree?  Por lo pronto, el debate sigue y seguirá…