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Norma Galarza

Por Citlaly Aguilar Sánchez[author] [author_image timthumb=’on’]https://lacuevalobo.com/wp-content/uploads/2019/04/52803574_10157074280394855_1685274458903805952_n.jpg[/author_image] [author_info]Maestra en literatura mexicana, ensayista zacatecana.[/author_info] [/author]

La denominada Cuarta Transformación, que inició en México el 1 de diciembre de 2018, con la instauración de Andrés Manuel López Obrador en la presidencia de la República, se hizo visible con algunos símbolos que destacaron: la apertura de Los Pinos al público en general, la venta del avión presidencial, la ausencia de una “primera dama”, así como la supuesta inclusión de los pueblos nativos en una ceremonia de toma de protesta.

A más de cuatro meses de esto, los mexicanos se encuentran divididos entre los queapoyan las acciones y propuestas del ejecutivo y los que no. Aunque según las encuestas que han compartido diversos medios informativos, la popularidad de López Obrador se ha mantenido alta desde su campaña política hasta la actualidad, lo que hace suponer que, en realidad, los que están en su contra son pocos, pero no por ello menos críticos.

Dentro de los programas sociales que el nuevo gobierno ha impulsado se encuentran aquellos en los que se entrega dinero a adultos mayores, personas con discapacidad y estudiantes, ante lo que los detractores se han pronunciado en contra, pues ven en esta acción una manera de desperdiciar dinero, argumentando que la gente no sabe administrarse y que por lo menos deben hacer algo para “merecerse” ese ingreso.

Es cierto que el neoliberalismo, como una agudización del capitalismo, que es un sistema no solo económico sino cultural, se ha fomentado la idea de competencia, en la acepción de “disputa o contienda entre dos o más personas”, por lo que una persona “competente” suele ser aquella que tiene lo necesario para competir en algo contra otros o bien que tiene capacidad y preparación para el desarrollo de una actividad.

En este sentido, ¿los adultos mayores cuentan con esta característica? Si apelamos a la objetividad, hay que aceptar que este sector de la sociedad es el menos protegido, peor aún en un país que, en su afán neoliberalista de considerar solo la producción como una manera de desarrollo económico desprecia a aquellos que ya no pueden producir, por lo que los adultos mayores y las personas con discapacidad quedan desprotegidos. Si bien hay algunos programas que fomentan la integración de estos a la productividad, no son muchos ni abarcan el problema en su totalidad, sino que son un paliativo ante una situación que no se ha logrado sanar.

En el caso de los estudiantes, si bien es cierto que, al menos los que cursan estudios preparatorios y universitarios, se encuentran en edad productiva y tienen grandes capacidades competitivas, también es verdad que no son una población que el comercio o las empresas contemplen, puesto que no tienen disponibilidad de horario, lo cual fomenta que si los contratan, lo hagan en condiciones deplorables: bajos salarios, sin prestaciones y sin generar antigüedad.

Por otra parte, es bien sabido que los estudiantes son una de las comunidades que generan mayor activación de la economía. Tan solo en Zacatecas, podemos comprobar que durante los períodos vacacionales, los comercios de comida y los servicios de transporte padecen una baja considerable.

De esta manera, entregar apoyos monetarios a estos grupos sociales como lo son los adultos mayores, las personas con discapacidad y los estudiantes, significa activar la economía, pues al tener dinero, tendrían que comprar más, que transportarse más.

Por ello, aunque los memes que hemos visto, en los que aparecen jovencitos y jovencitas gastando dinero de manera “suntuaria”, puedan parecer de mal gusto, en realidad es una actividad positiva económicamente.

En este sentido no resultaría conveniente condicionar la entrega de los apoyos a estos grupos sociales, dado que, en primer lugar, constitucionalmente, desde el artículo 1, en el que todos los mexicanos tienen derecho a gozar de los derechos humanos reconocidos, dentro de los cuales se encuentra el de gozar de una vida digna, el Estado está obligado a hacer cumplir esto y hacer lo que convenga para que sea de ese modo, sin distinciones.

Por otra parte, ¿a qué se tendría que condicionar a un adulto mayor, a una persona con discapacidad o a un estudiante? Tendrían que condicionarse a ser competentes en algo, no obstante, eso sería fomentar la misma dinámica neoliberal de antaño, que pocos resultados favorables ha tenido y que, por el contrario, solamente ha agudizado la desigualdad en la repartición de riquezas.

Quizá lo que realmente debería preocupar es que los apoyos se entreguen, que no se atoren entre redes corruptas, que no se desvíen los recursos. Lo que es un hecho es que hay una urgencia en todo el país por ver mayores resultados en cuanto a las acciones sociales, sin embargo, cualquiera que sea la propuesta al estado de pobreza y violencia que impera en la República, se llevará su tiempo, puesto que las soluciones estructurales requieren re-estructuración, es decir, rehacer cimientos.

Ese es el punto en que se podría llegar a un acuerdo, en exigir que realmente se esté recreando la manera de hacer las cosas, para que los simbolismos más que ser meras anécdotas, lleguen a concretarse en beneficio de la población de manera contundente.

Si bien es cierto que hay muchas opiniones contrapuestas respecto de este tema, y se ha polemizado mucho en cada acción que ha ejercido el ejecutivo y su gabinete, también es justo reconocer que esta lucha de opiniones y de perspectivas es el inicio de una sociedad más politizada, lo cual es sumamente importante para construir un pensamiento crítico y con ello un país mucho más preparado tanto para defenderse ante las vicisitudes, como para generar propuestas.